Hay dichos, pero no hechos

Editorial EL UNIVERSAL

¿De qué sirvieron los desencuentros, los acuerdos, las reuniones y la nueva política para atender la crisis en materia ambiental que se vivió en la Ciudad de México en 2016? Al parecer de muy poco. Un año después la situación que se está registrando es similar a la de marzo y mayo del año pasado.

Las contingencias ambientales que se han presentado en los últimos 10 días ocurren a pesar de que hace un año hubo acuerdos de los gobiernos federal, capitalino y mexiquense, principalmente, para adoptar medidas que coadyuvarían a disminuir los problemas de contaminación en la llamada megalópolis.

De las 14 medidas emitidas entonces por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales para mejorar las condiciones de la calidad del aire en el Valle de México, sólo se ha dado cumplimiento a seis de ellas, ni la mitad.

La que registra mayor avance, de acuerdo con un registro que publica EL UNIVERSAL, es la Norma Emergente de Verificación Vehicular, que se adoptó con el argumento de que antes de esa medida 1.7 millones de automóviles habían obtenido, de manera “indebida”, el holograma 0 —que les permitía circular todos los días— y dejaron de portar los restrictivos hologramas 1 o 2.

El endurecimiento de la medición de emisión de contaminantes –que arrancó con retraso y confusión– ocasionó que en el primer mes más de 50% de los autos con holograma 0 regresaran a la calcomanía 1. Se decía que el programa estaba dando resultados.

En estos días han dejado de circular autos con hologramas 1 y 2, y la contaminación no cede. ¿Se puede decir todavía que el programa dio resultados? No hay funcionarios que expliquen porqué disminuyó el número de autos que pueden circular todos los días sin que eso se refleje en los elevados índices de contaminantes.

El problema recurrente de la contaminación caracteriza un proceder que parece hacerse usual en la autoridad. Anuncia programas, acuerdos, nuevas políticas para cambiar una situación, pero al cabo de cierto tiempo se vuelve al mismo punto. El problema resurge, entonces hay acusaciones cruzadas por ello, se dan a conocer acciones de reforzamiento… y es cuestión de esperar que pasen meses, quizá años, y se comienza una vez más a lidiar con la misma situación inicial.

Pruebas de lo anterior son los operativos para controlar la inseguridad en una entidad o región, el problema de la ordeña clandestina de ductos, que lleva presente más de 10 años, o los asaltos en el transporte, por mencionar algunos.

En materia ambiental, falta el compromiso parejo de todos los gobiernos de la Megalópolis, informes periódicos de avances e incluso el acompañamiento de organizaciones sociales, si no se quiere estar hablando del mismo tema dentro de un año.

 

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