Porqué México no gana medallas

Editorial EL UNIVERSAL

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 han sido hasta ahora un trago amargo para México, debido al bajo desempeño de nuestros atletas.

A la mitad de la justa olímpica, la esperanza de conseguir aunque sea una medalla prácticamente se ha esfumado, y como consecuencia comienzan a escucharse voces, desde el Congreso de la Unión y la sociedad civil, que exigen a los responsables del deporte nacional explicar los pobres resultados de los mexicanos en Brasil.

No obstante, ya no es posible argüir ante esta situación la falta de recursos. Como publicó en estas mismas páginas Nelson Vargas, el presupuesto destinado al deporte en México se ha incrementado considerablemente desde el sexenio de Vicente Fox, en el que se otorgaron cuatro mil 500 millones de pesos (mmp), mientras que con Felipe Calderón la cifra aumentó a 23 mmp, y en lo que va de la administración de Enrique Peña Nieto se han gastado 25 mmp.

Con estas cantidades, sin precedente histórico, se esperaría una mejora igualmente considerable en el desempeños de los atletas, pero los hechos muestran una realidad distinta. ¿Dónde terminan estos cuantiosos recursos que el Estado dice invertir en el desarrollo del deporte, y cuáles son entonces las causas del bajísimo perfil de nuestros competidores?

Las razones de que de nuestros deportistas no sean competitivos en Juegos Olímpicos y otras competencias internacionales —ya que no es exclusivo de esta justa— pueden ser muchas, pero principalmente se debe a la ausencia —prácticamente total— de una política estructurada e integral de fomento y apoyo al deporte en nuestro país. Y, al no existir planeación y estrategia, el mal uso de los millonarios recursos es evidente; éstos no están llegando realmente a los atletas.

No es una historia nueva. Cuando Alfredo Castillo llegó a la titularidad de la Conade, en abril de 2015, garantizó que pondría orden en las federaciones nacionales. Esto implicó auditorías y una revisión de documentos y de diversas irregularidades, por las que se revocó el registro a varias federaciones. Luego de esto, al menos 24 federaciones se vieron afectadas por la falta de recursos, lo que derivó en un conflicto entre la Conade y el Comité Olmpico Mexicano (COM) que escaló a nivel internacional y casi cuesta la participación de México en Brasil.

Pero ni se acabó con la opacidad, ni se dio la debida rendición de cuentas, ni se puso orden en las federaciones, ni se diseñó una política integral en pro del deporte, y con estos conflictos de índole exclusivamente político —y de dinero— únicamente acabaron poniendo piedras en el camino a nuestros representantes olímpicos, que hoy tristemente son quienes salen a dar la cara y sufren el escarnio público en el lugar de los verdaderos responsables.

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