Gasolina: lo que viene

Editorial EL UNIVERSAL

Descontaminar los ingresos fiscales del factor gasolina no será fácil. El precio quedará liberado en 2018 y desde ahora los actores económicos deben habituarse al vaivén de costos.

El mayor aumento a las gasolinas se dará el próximo lunes 1 de agosto, cuando la Magna, el combustible más utilizado por los vehículos que circulan en el país, se incremente 56 centavos para quedar en 13.96 pesos el litro. El drástico ajuste hace añorar ahora los deslizamientos de ocho, nueve u 11 centavos que se dieron a lo largo de varios años, hasta que a finales de 2014 se puso fin a la política de alzas mensuales en los precios de los combustibles, que había prevalecido desde 2008.

Con el nuevo costo, la gasolina Magna quedará en el umbral del precio máximo previsto para este año, de 13.98 pesos. El rango en el que puede oscilar el combustible se estableció desde el año pasado, pero eso seguramente no lo recordarán quienes el 1 de agosto tengan que pagar alrededor de 22 pesos más por llenar un tanque de 40 litros. Ni tampoco se acordarán de que la Magna disminuyó de 13.57 pesos el litro en diciembre de 2015 a 13.16 pesos al iniciar este 2016.

Seguramente tampoco lo tendrán en mente autotransportistas y productores, quienes como ha ocurrido en ocasiones anteriores no esperarán e incrementarán de inmediato sus precios en perjuicio del consumidor. El ajuste en algunos costos de artículos y de servicios será inevitable, pues de un mes a otro el incremento supera 4%; algunos analistas estiman que será un factor para que se registre un impacto al alza en la inflación de la primera quincena de agosto. Es en este punto en el que la autoridad deberá ser un severo vigilante para evitar abusos e incrementos desmedidos.

Para este año el Congreso autorizó a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público a calcular el precio dentro de una banda de flotación de 3% hacia arriba o abajo de 13.57 pesos, con el fin de proteger a los consumidores de un aumento abrupto en los mercados internacionales y de asegurar los ingresos públicos si se da una caída importante.

A pesar de que a principios de este año hubo una disminución en el precio, éste no ha llegado al nivel de socios comerciales como Estados Unidos, donde la gasolina es más barata y donde un día puede aumentar y después disminuir, como parte de las reglas del libre mercado. A partir de este año se busca que los precios internacionales sean una referencia en el costo final de las gasolinas en México, pero no hay que olvidar que en el país los combustibles son una de las principales fuentes de ingresos tributarios del gobierno federal y son sujetos del Impuesto Especial a Productos y Servicios.

Descontaminar los ingresos fiscales del factor gasolina no será fácil. El precio quedará liberado en 2018 y desde ahora los actores económicos deben habituarse al vaivén de costos, sin tener que incurrir forzosamente en automáticos y desproporcionados incrementos en cascada, cuando ocurran alzas en los precios de combustibles, pues poco después podrían bajar.

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