Escondidos en el extranjero

Editorial EL UNIVERSAL

Quien tiene el dinero suficiente para poseer cuentas bancarias en el extranjero, necesariamente es una persona con la capacidad para aportar al fisco una mayor parte de ingresos que la exigida al resto de los mexicanos. Por desgracia, esa élite de connacionales es al mismo tiempo la que posee más herramientas legales para ocultar la dimensión real de sus recursos. Debido a ello resulta alentador que rindan frutos los nuevos controles del gobierno para perseguir a dichos potenciales evasores.

El gobierno de Estados Unidos entregó a las autoridades de México información de más de 174 mil mexicanos con cuentas de inversiones financieras en instituciones de esa nación, las cuales —probablemente— no pagaron los impuestos correspondientes y que por lo tanto son recursos susceptibles de ser repatriados. El anuncio se dio ayer.

De acuerdo con cifras de 2014, el monto que los mexicanos trasladan al exterior asciende a más de 20 mil millones de dólares, aunque una cantidad mayor pudiera estar en paraísos fiscales. Pese a estas cifras, fue hasta octubre del año pasado cuando el gobierno federal propuso en el paquete fiscal 2016 establecer un mecanismo que hiciera posible la noticia que ayer se dio a conocer.

Más noticias de este calibre deberían difundirse en próximos meses si el compromiso de combatir la evasión fiscal va en serio. La Ley de Cumplimiento Fiscal de Cuentas en el Extranjero (FATCA, por sus siglas en inglés) que permitió la entrega de información estadounidense, es también el marco de un acuerdo con otros 49 países.

¿El siguiente paso? Se dará seis meses a los mexicanos con cuentas en el extranjero para regularizar su situación, sin pagar multas o recargos. Para muchos la medida sonará muy suave, pero hay una lógica detrás de ella: generar confianza en el inversionista para mantener su dinero en el país.

De cualquier forma, requerirá de más que un perdón fiscal mantener los recursos de los mexicanos dentro de las fronteras. La inflación está bajo control y ya no se presentan las traumáticas crisis por devaluaciones del peso; sin embargo, la depreciación de la moneda en meses recientes muestra que sigue siendo una apuesta más segura guardar dinero en bonos de Estados Unidos, por citar un ejemplo.

En medio de un panorama austero en el que los ingresos públicos siguen a la baja, principalmente por la disminución del precio del petróleo, el país hace lo correcto al sellar los huecos por donde algunos buscan evadir su obligación de aportar al bien común. Falta ahora por parte del gobierno demostrar que la medida no terminará sólo en llamadas de atención.

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