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Refugios para la transa

Editorial EL UNIVERSAL

La todavía diputada local Polimnia Romana Sierra Bárcena revela en entrevista para EL UNIVERSAL: durante sus tres años en la Asamblea Legislativa del DF, obtuvo 11 millones de pesos, de los cuales sólo estuvo obligada a comprobar un millón. “No se nos pide nada, somos intocables financieramente”, dice.

Ya se sabía que los diputados locales y federales tenían partidas secretas y millones de pesos asignados a supuestas labores legislativas que en realidad no hacían, pero escucharlo de una de las beneficiarias —revelando además la dimensión del abuso— hace que el tema adquiera nuevos bríos.

En estos días el Presidente, los gobernadores y los secretarios de Estado están exigiendo austeridad y la necesidad de todos de apretarse el cinturón, mientras los legisladores se otorgan a escondidas bonos por término de actividades y asignaciones directas a sus bolsillos disfrazadas de rubros como “apoyo a tareas legislativas” o “actividades complementarias”. Pura simulación.

Lo más alarmante del caso que se presenta hoy en estas páginas es que no se trata de una revelación a partir de una solicitud de transparencia, o como resultado de una auditoría practicada por una instancia autónoma. Es la infidencia de una legisladora que se animó a balconear a sus colegas, probablemente inspirada en su alejamiento de las estructuras partidarias de PT, PRD y  PVEM que antes le dieron cobijo.

Son raros los casos como el de la diputada Sierra Bárcena. Quizá el único otro legislador que alguna vez se animó a exponer las triquiñuelas al interior de las legislaturas fue el ex diputado del PAN Gerardo Priego Tapia, quien en 2009 regresó el dinero que le sobró —1 millón 100 mil pesos— por concepto de boletos de avión durante los tres años que fue legislador. Se conoció en ese momento una nueva argucia de los legisladores para embolsarse dinero público. ¿Cuántos más no se han descubierto? Sin auditores externos con pleno acceso a los documentos de las Cámaras es imposible saberlo.

El hecho de que sólo con infidencias se pueda conocer el dispendio en las Legislaturas revela que hay valores de corrupción entendidos entre los cientos de diputados federales y locales que existen en el país. Sin importar el partido del cual provengan, si son jóvenes o viejos, mujeres u hombres, de origen humilde o acaudalado... la enorme mayoría elige seguir el juego del sistema con tal de formar parte del festín.

“No me des, ponme donde hay”, dice una máxima aprendida durante el viejo régimen del PRI hegemónico. El país se abrió a la transparencia, pero las mañas mantuvieron sus refugios. Los Congresos son uno de esos oasis. Santuarios de la transa.

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