El Ejército en su justa dimensión

Editorial EL UNIVERSAL

Cuando menos desde hace una década los soldados patrullan las calles del país para hacer lo que los policías han sido incapaces.

Pocos países pueden presumir de tener un Ejército institucional, es decir, fiel a la autoridad civil; dispuesto además a hacer labores policiacas que no le corresponden y, lo más importante, que no intenta imponer su fuerza cuando una decisión en el Congreso o el gobierno no le favorece. México tiene esa ventaja desde hace casi un siglo y es en gran parte gracias a ello que ha gozado de una estabilidad inexistente en otras regiones.

Todo lo anterior, sin embargo, no debiera hacer a los mexicanos creer que se puede maltratar al Ejército y al mismo tiempo exigirle una actuación sin fallas en todo lo encomendado.

Cuando menos desde hace una década los soldados patrullan las calles del país para hacer lo que los policías han sido incapaces. En ese tiempo se les han otorgado algunas mejoras salariales, lo cual no compensa, desde luego, el riesgo al que son expuestos todos los días en el combate al crimen organizado. De hecho, no sólo el balance costo-beneficio les es desfavorable, sino que la legislación -y en algunos casos la falta de ella- les ha dejado en mayor vulnerabilidad que antes de que salieran a enfrentar al hampa.

En entrevista con EL UNIVERSAL, el secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, habla sobre esa deuda y también acerca del daño que ha hecho a la institución cuando se le juzga por presuntos errores en su actuación siendo que ni siquiera ha existido un juicio que respalde la temeraria acusación de que hechos como el de Tlatlaya son generalizados.

Dice el general: "La sociedad a veces no está enterada de todas las limitaciones que tenemos. Por ejemplo, a mí me piden que explique lo que pasó en Tlatlaya; pues yo lo podría explicar, el asunto es que, desde hace un año, el 13 de junio del año pasado, el Congreso acotó el fuero militar y ahora nosotros estamos impedidos para investigar los hechos en que resulten afectados civiles".

En el Congreso de la Unión sigue congelada una norma que daría certeza jurídica a la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública, en tanto que sí fue aprobada la remoción del fuero militar. Se les exige, mas no se les dan herramientas para tener certeza de que su actividad es la adecuada. Y pese a ello, el Ejército mexicano ha avanzado por su propio pie.

Entre el 1 de enero y el 15 de mayo de 2012 las quejas contra militares fueron 588. Una proporción baja en relación con el total de operaciones. Con todo, la cifra bajó a 223 en el mismo periodo de este año. Actualmente 99% de sus elementos reciben capacitación en la materia, de acuerdo con la Sedena.

Por supuesto, lo ideal sería que los militares estuvieran en los cuarteles, atendiendo sólo asuntos emergentes. Son la última instancia, para qué desgastar el último cartucho. Desafortunadamente ellos hacen lo que nadie más en México es capaz de realizar todavía. No exigen recompensa por ello, sino un trato justo, basado en pruebas y no en prejuicios. Les debemos al menos eso.

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