Se encuentra usted aquí

Hasta pronto, Oliver

06/09/2015
01:58
-A +A

Este año, los lectores tuvimos la fortuna de encontrar un nuevo libro de Oliver Sacks, On the Move. A Life (Alfred A. Knopf, 2015). El libro es el recuento íntimo de una persona enamorada de la vida cuyo tesón engendró amores, pasiones y entregas con una mirada única. Mirada que se forjó desde la infancia y que se construyó año tras año.

En el primer capítulo revela la fuerza del destino. Cuando Sacks tenía catorce años sabía que sería médico: sus padres y sus dos hermanos mayores lo eran. Desvela su homosexualidad y los avatares que tuvo que sortear con su madre, quien lo maldijo por sus preferencias sexuales. Ignoro, y poco importa no saberlo, si antes de su autobiografía Sacks publicitó su homosexualidad. Lo que sí importa son los conflictos que vivió en su juventud y en sus primeros años al descubrirse como tal, episodios que sin duda marcaron su vida y sus quehaceres profesionales.

Como lo demuestran sus libros y ensayos, Sacks era empático y comprensivo. El obituario publicado por el New York Times, una de sus casas, demuestra su grandeza: “Sacks”, cito, “recibía unas 10 mil cartas al año, siempre respondía a los menores de 10 años, a los mayores de 90 y a quienes estaban en la cárcel”.

En una entrevista publicada en 1966, siempre preocupado por lo que le sucede al ser humano y por las mellas en la salud cuando la enfermedad irrumpe, asegura, “No quiero parecer sentimental ante la enfermedad. No estoy diciendo que haya que ser ciego, autista o padecer el síndrome de Tourette, en absoluto, pero en cada caso una identidad positiva ha surgido tras algo calamitoso. A veces, la enfermedad nos puede enseñar lo que tiene la vida de valioso y permitirnos vivirla más intensamente”.

Sacks fundió neurología y escritura; logró, como pocos, pienso en Francisco González Crussi, conjuntar sabiduría médica y capacidad narrativa. Pertenecía, por conocimiento y ahínco, más que por edad, a la vieja guardia médica, donde la historia clínica era el alma de la relación entre médico y enfermo, y no es la biotecnología, como ahora sucede, la encargada de decidir el destino del paciente. Sacks pasaba largas horas atendiendo a sus pacientes psiquiátricos. Sus narraciones así lo demuestran. Sus escritos corren del cuerpo al alma y del alma al cuerpo. En Un antropólogo en Marte, adereza la clínica con literatura y la literatura con clínica.

Un antropólogo en Marte contiene siete relatos, todos magistrales, todos provenientes del ejercicio clínico. Desfila un pintor que tras un accidente no puede percibir el color, una profesora autista capaz de comprender a los animales, y un ciego de nacimiento, próximo a contraer nupcias, quien acude al doctor para enterarse que sólo tiene cataratas. Tras la operación recupera la vista, pero su vida se convierte en un infierno. Tiene temor de cruzar la calle, se siente amenazado por objetos no conocidos y amedrentado por vivencias extrañas. Ya que la vista ha arruinado su vida, el ex ciego no descansa hasta lograr, de nuevo, quedar ciego.

En sus libros, muchos memorables —El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Alucinaciones, El tío tungsteno—, Sacks, quien aseguraba con ironía que entendía bien a sus pacientes porque estaba igual de loco que ellos, se despoja de su cientificismo y demuestra su humanismo. Su humanismo partía del oftalmoscopio, de los alfileres y de sus manos: al mirar la retina miraba la mirada del enfermo, al picar la piel escrutaba la sensibilidad, y al tocar, hablaba con el enfermo y lo interrogaba. Basta leer sus relatos. Sacks sabía qué le dolía al enfermo y comprendía también lo que sucedía en su vida, en sus vidas, y en la de los seres y acontecimientos que conforman la salud de la persona un día, la enfermedad al día siguiente y la muerte, nunca esperada, pero siempre presente.

Sacks penetraba el cuerpo y el alma como neurólogo y le daba voz al enfermo como ser humano. Sacks era inmenso. Regresaré a él la próxima semana.

Notas insomnes. Copio de On the Move, su autobiografía. “Cuando tenía doce años, un profesor escribió: ‘Sacks irá lejos, si es que no va demasiado lejos”.

 

Médico

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética. Colabora mensualmente en la revista Nexos. En 2013 publicó "Decir adiós, decirse adiós" (Mondadori).

TEMAS