¿Por qué fracasan las instituciones?

Alberto Aziz Nassif

Desde hace años hay un desprestigio creciente de la clase política y ésta ha optado por las grandes simulaciones, como estrategia

El sistema político atraviesa por una crisis de confianza y la clase gobernante sólo patea el bote hacia delante para mantener las inercias. Hoy vemos que la confianza en las autoridades se desploma, que existe un desprecio ciudadano por los partidos políticos, que instituciones antes prestigiadas, se desploman. ¿El problema son las instituciones que no están bien diseñadas o es el desempeño de las personas que es muy deficiente? ¿Lo que falla es el débil contexto de vigilancia y exigencia? ¿Hay una mezcla de los tres?

El mundo político está plagado de casos que nos muestran cómo en México pocas veces se ha logrado tener reglas y personas en una sincronía que haga funcionar el sistema de forma satisfactoria y legítima. Quizá una de esas excepciones fue el IFE en el año 2000. Desde hace años hay un desprestigio creciente de la clase política y ésta ha optado por las grandes simulaciones, como estrategia. Quieren hacernos creer que las cosas se mueven, que estamos en una constante transformación para que haya una mejoría. Sin embargo, cotidianamente comprobamos que estamos frente a una simulación, se inventa lo que sea para legitimarse. Peña Nieto habla de bienestar y transparencia y opera en sentido contrario, su proyecto es privatizar hasta lo último y beneficiar a sus cuates, como quiere hacer hoy con el PensionISSSTE.

Podemos ver otros casos. Con la aprobación del presupuesto para 2016 se pudo observar que nos contaron el cuento del Presupuesto Base Cero, pero al final todo quedó más o menos como siempre. El presupuesto, base fundamental para las políticas públicas, se convierte en el reparto de dinero para reproducir intereses parciales y clientelas. Las fracciones mayoritarias reciben de Hacienda los documentos y hacen las “negociaciones” para aprobar y reasignar recursos. Todo se cocina en pequeñas mesas y espacios oscuros. De un total de 4.7 billones de pesos se incrementaron 17 mil millones de pesos. Algunas dependencias tuvieron recortes, otras quedaron igual y también hubo los que aumentaron sus recursos. Se reciclaron las partidas de los famosos moches y cada diputado podrá decidir sobre un monto de 20 millones pesos. Nada les importó a los legisladores la demanda de más de cien mil ciudadanos para reducir el 50% de los recursos a la clase política. Habrá mucho dinero para el gasto social, para lubricar las redes clientelares y el voto duro de los partidos, pues viene un año electoral. Lo que sí quedó asegurado en el presupuesto fueron los privilegios de la clase política y sus abundantes aguinaldos de fin de año.

¿Por qué razón las reformas no generan un poco de legitimidad a este desprestigiado gobierno? Quizá porque del IFE al INE, del Ifai al Inai, de la Cofetel al IFT y hasta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se ve la mano de las cuotas (PRI-PAN) y los cuates (Medina Mora). Los desempeños capturados tuercen las reglas, mientras el poder de la partidocracia y la mediocracia crecen.

Hace tiempo que en México los cambios de personas en los cargos públicos han dejado de despertar esperanzas de cambio. En muy pocos años la clase política se ha encargado de convertir la carroza en calabaza y de tanto hacerlo, ha logrado dos resultados: desconfianza y desencanto. Para enfrentar esos problemas se hacen dos tipos de cambios, mover la pieza o la maquinaria. Desde el poder se cambia la pieza para que todo siga igual, como se hizo con Elba Esther Gordillo. Desde la oposición se apuesta a que nuevas piezas cambien la maquinaria, se trata de apuestas inciertas. En 2016 habrá 12 gubernaturas en juego más una extraordinaria. Pero, de qué sirven las alternancias cuando los gobernadores que se van lo hacen en completa impunidad, como César Duarte, de Chihuahua, que acumula 17 denuncias por desvíos de recursos (Reforma, 23/XI/2015).

¿Por qué fracasan las instituciones en este país? Quizá tengan razón Acemoglu y Robinson, autores del libro Por qué fracasan los países, y lo que tenemos en México son instituciones políticas y económicas de tipo extractivo, es decir, llenas de corrupción, impunidad, captura, conflicto de interés y no inclusivas, por eso el balance es tan malo…

Investigador del CIESAS

@AzizNassif

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