Urge un nuevo régimen

Agustín Basave

Si bien no sustituirán a los partidos, hace falta legislar a los independientes para no desvirtuar su propósito

El domingo 7 hizo honor a su alegoría. Las elecciones mexicanas trajeron dos repercusiones que obligan a una revisión de fondo de nuestro sistema político. La primera fue cortesía de los candidatos independientes, que por cierto hicieron evidente la desconexión de los partidócratas con la realidad social: fallaron los cálculos para trabar esas candidaturas por una lectura incorrecta del ánimo ciudadano (no se captó la magnitud de la irritación de la gente contra la partidocracia, que es más grande que los requisitos impuestos a los aspirantes e incluso que los aparatos gubernamentales y las estructuras electorales de los partidos). Aunque pocos compitieron por esa vía, su impacto fue como una patada al tablero de ajedrez donde se juega el 2018. La presencia de candidatos apartidistas como opciones reales de poder presupone reiniciar el juego, reemplazar a los jugadores y repensar las reglas.

No se ha dimensionado cabalmente el game changer que representan los independientes. La partidoclasia no va a menguar en el futuro previsible y, de cara a la próxima elección presidencial, es muy probable que esas candidaturas vayan a ser bastante competitivas. Como dije en mi artículo del lunes pasado, los partidos políticos que no replanteen sus apuestas por personajes de su nomenklatura mostrarán una carencia de sentido estratégico. Los precandidatos internos se han depreciado y los externos se han apreciado. Eso sí, cuidado con el tema de financiamiento. La solución al problema de la inequidad no es abrir la puerta al dinero privado sino hacer más breves y baratas las campañas y mantener la primacía del dinero público. Es cierto que gran parte de la sociedad civil repudia el subsidio a nuestras elecciones, y también es verdad que los poderes fácticos legales e ilegales ya han puesto gobernantes, pero dejar que los contendientes a la Presidencia se financien preponderantemente con fondos de particulares es alistar la silla presidencial al alfil de alguna empresa o hasta de un cártel. Una cosa es que los empresarios apoyen a quien consideren más presto a defender sus intereses o que los delincuentes amedrenten electores, y otra es que unos u otros pongan presidente y exacerben la crisis de la democracia representativa. Instaurar las candidaturas independientes fue un acierto (dicho sea de paso, la medalla no es de Enrique Peña Nieto sino de Jorge Castañeda y quienes se sumaron a la causa): oxigenan nuestra democracia, obligan a la partidocracia a renovarse y a acercarse a la sociedad, dan movilidad a nuestra anquilosada clase política. Y si bien no han de sustituir a los partidos, sí deben quedarse como un correctivo democrático permanente. Lo que hace falta es legislar para que no se desvirtúe su propósito.

La segunda repercusión provino de la dispersión del voto partidista. Si antes el Congreso se dividía a tercios, hoy se fragmenta en trozos más pequeños y complica la gobernabilidad. Pero la reacción ante el fenómeno ha sido equivocada: en vez de entender de una vez por todas que necesitamos un régimen parlamentario, se parte de la premisa absurda de que somos congénitamente presidencialistas. Es tan abrumadora la necesidad de que México adopte el parlamentarismo que las piruetas para evadirlo se han vuelto francamente penosas. Antes, frente a otros dilemas, se hablaba de revocación del mandato o de un método de elección de gobierno que desechara la lucha de suma cero; ahora se habla de la segunda vuelta para el Ejecutivo (aunque nada se dice de lo más importante, que son las mayorías legislativas). Y se sigue descartando por su “complejidad” el sistema que contiene los mecanismos más simples y eficaces para procesar todo eso, el idóneo para un país que ya no puede gobernarse sin coaliciones. ¿Es más peligroso parlamentarizar que reducir la pluralidad? Por favor. La partidocracia y el presidencialismo están agotados; urge un nuevo régimen.

 

Candidato externo a diputado federal por el PRD.
@abasave

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