Nuestra encrucijada

Agustín Basave - Blog

Hoy lo que le atrae son las propuestas rupturistas, aunque la gente no sabe bien qué tipo de ruptura y de sistema político desea

Hay encrucijadas en la historia en que la humanidad puede hundirse o sublimarse. Son tiempos en los cuales se dan condiciones que fertilizan la tierra social, paradójicamente, en aras de transformaciones extremas de signos opuestos. El inicio del siglo XXI está cerca de una de ellas. El avance vertiginoso de las tecnologías de la comunicación y la democratización del conocimiento han construido sociedades más ricas, más desiguales y más exigentes. La convergencia de tres factores ha detonado una creciente inconformidad: el acceso generalizado a una gran cantidad de información, la desigualdad y el alejamiento de las élites políticas de la ciudadanía. La gente está más informada y politizada, ve a sus representantes corruptos y subordinados a los intereses del gran capital, y su enojo le lleva a desear un cambio profundo en el orden de cosas.

En ese contexto, una minoría bastante grande en numerosos países ha desarrollado una aversión al esquema democrático actual. Es iconoclasta y está ávida de heterodoxia, y el discurso “institucional” —cualquier propuesta que no involucre un cambio radical de régimen— le desagrada. Lo que le atrae son las propuestas rupturistas, aunque no sabe bien qué tipo de ruptura y de sistema político desea. Lo único que tiene claro es que no quiere que permanezca el statu quo. Es un caldo de cultivo para el populismo, de izquierda o de derecha. Pero también es una gran oportunidad para empezar a cambiar la economía neoliberal y para construir una mejor democracia participativa.

Como señalé en este espacio en mi anterior artículo, los síntomas antitéticos de esta coyuntura son Trump y Sanders o Corbyn. Uno usa el lenguaje violento y una peculiar forma de mensaje anti-establishment y los otros piden mutaciones sustanciales al modelo globalmente correcto. Con todo, ambas expresiones de enojo se manifiestan dentro de los cauces partidarios, y en consecuencia no son cabalmente antisistema. Porque hay otras manifestaciones de protesta que encarnan un rechazo democrático y preconizan implícita o explícitamente el anarquismo o alguna especie de comunitarismo. Ninguna de estas ha explicado con claridad sus propuestas y menos la manera en que operarían. Se trata, creo, de utopías en formación.

El problema es que para llegar al punto de ebullición utópica hay quienes creen en la vía de la violencia. En otras palabras, el peligro no reside únicamente en la probable inviabilidad o disfuncionalidad de los nebulosos paraísos terrenales perseguidos sino también en la destrucción que presupondría el arribo a ellos. Por eso no deja de sorprenderme la conformidad de muchas cúpulas empresariales con la situación actual y, sobre todo, la actitud de no pocas corporaciones mediáticas, que siguen atizando la hoguera de la indignación social contra los partidos, contra los Congresos, contra todo lo que huela a cosa pública. La política se ha ganado a pulso su desprestigio, sin duda, pero el catalizador del periodismo que no distingue entre malos dirigentes o malos legisladores y lanza ataques a las instituciones mismas está generando un repudio a la existencia de asociaciones partidarias y de poderes legislativos. Me parece evidente que la mayoría de los empresarios no se ha dado cuenta de que el surgimiento de autocracias o de oclocracias le perjudicaría mucho más que la democracia depurada aunque imperfecta que podría gestarse con una ruptura pactada.

El futuro nos juzgará con dureza si no somos capaces de aprovechar la crisis que vivimos para crear una nueva civilización y permitimos que las pasiones destructivas prevalezcan. La disyuntiva está trazada: o la partidocracia sigue alejándose de la sociedad y los medios continúan azuzando la indignación social hacia alguna suerte de nihilismo, o todos canalizamos la energía ciudadana rumbo a un mundo más libre y justo, menos desigual. Nuestra encrucijada está cerca, casi encima de nosotros, y no se irá hasta que la enfrentemos. La historia está esperando que tomemos una decisión.

Presidente nacional del PRD
@abasave

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