“El cine es un arte definitivo; al teatro me acerco de puntillas”
Siempre con su cámara colgada al cuello, el realizador español dirigió un ensayo de la obra en Guadalajara. FOTOS: CORTESÍA UDG

“El cine es un arte definitivo; al teatro me acerco de puntillas”

18/02/2020
00:20
Alida Piñón
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El fotógrafo y director español Carlos Saura montará la obra El gran teatro del mundo en Guadalajara y en la CDMX

Guadalajara. —Carlos Saura es una leyenda viva del cine español. Está en México para hacer teatro, un género que, dice, es mucho más sencillo que el cine. El creador, que se asume como fotógrafo, pero ha hecho ópera, musicales y películas reconocidas con los Goya y nominadas a los Globos de Oro y a los Oscar, está sentado en un sillón y dice sin reparo: “El teatro me parece muy bien, de verdad, pero el cine es un arte definitivo”.

Está en México para presentar la obra "El gran teatro del mundo", de Pedro Calderón de la Barca, adaptada libremente por el propio Saura, estrenada en 2011 en España, montaje con el que debutó como director de teatro. Ahora será estrenada en el Conjunto Santander de Arte Escénicas el 22 de febrero, y del 9 al 24 de marzo tendrá temporada el Teatro Helénico de la Ciudad de México.

“El teatro es mucho más confortable, el cine es muy tremendo, exige una gran capacidad física, exige que estés en gran forma, de repente hay que ir a un sitio donde hay un frío espantoso, luego tienes que ir a un sitio donde hace mucho calor y después te vas a un lugar en donde llueve de verdad. El cine es una maravilla, siempre he dicho que todo lo que hago, en el fondo, redunda para ser una película; el teatro me parece muy bien, de verdad, pero el cine es un arte definitivo”, dice en entrevista con diversos medios.

Y agrega: “En el teatro los ensayos son muy largos, incluso a veces me parecen pesados porque está uno muy acostumbrado a inventar cosas sobre las marcha, a mí me gusta cambiar un poco las cosas, no hacer siempre lo que está escrito, y en el teatro no puedes cambiar, el texto está ahí y se repite una y otra vez, en el cine no repetimos tanto; a los actores les encanta eso de hacer siempre la misma cosa, yo no podría hacerlo, una vez que dirijo una obra trato de huir corriendo, marcharme, luego me llaman y no tengo más remedio que estar; pero una obra montada tiene su propia vida y yo ya no tengo nada qué hacer”.

Saura tiene la voz firme, con frecuencia le suelen decir que no aparenta su edad, 88 años, pero la memoria a veces lo traiciona, por eso necesita que de vez en vez su hija, la actriz Anna Saura, quien funge como asistente y manager, le recuerde datos precisos de su carrera. Lo que no olvida son sus motivaciones para dedicar su vida a la cultura y al arte:

“La cultura es la base de todos los pueblos, de todas las naciones, deberíamos fomentarla mucho más, cuidarla. Yo soy español y viajo a Estados Unidos, Japón, Latinoamérica, pero ¿qué es lo que queda de España? Bueno, habría que decir que el Real Madrid y el Barcelona, pero después de eso queda Velázquez, Goya, Calderón, Lope de Vega y así hasta el infinito. ¿Qué queda de México después de todo? Queda Carlos Fuentes, Octavio Paz. Lo que queda es la cultura, todo lo demás desaparece, si yo fuera político, que no lo seré nunca, me preocuparía mucho dejar para el pasado mi firma de cuando apoyé la cultura”.

La obra original, escrita a modo de Auto sacramental, fue representada por primera vez en Valencia, en 1641, aunque se cree que el texto existía desde una década antes. Describe la vida como una escenificación, imagina al mundo como si fuese un gran teatro y transmite la idea de que sólo a través de la muerte se llega a la verdadera vida. Cada personaje escenificará su papel y cuando termine recibirá un premio o un castigo, según haya obrado bien o mal.

La versión de Saura propone a un Calderón vivo, que es al mismo tiempo actor, autor y director, arrogándose su personalidad; y sin temor al “qué dirán” comienza los ensayos de su versión de "El Gran Teatro del Mundo". Es, ha dicho, el teatro dentro del teatro, pero también una forma de interpretar la obra más allá de su contenido religioso; para algunos es una reflexión sobre pobreza, riqueza, pecados capitales y la humanidad.

Además, el cineasta ofrece un acercamiento contemporáneo al lenguaje del siglo XVII. “He dicho a los actores que cuando el lenguaje es coloquial, lo adapten un poco a México, pero en el resto de la obra se mantiene el espíritu de la poesía, hice una limpia muy grande, pero mantuve el espíritu de Calderón”.

Antes de debutar en el teatro pensó en dirigir "El rey Lear" o "Hamlet", de Shakespeare, pero aún no se atreve a acercarse al dramaturgo inglés; después de "El gran teatro del mundo" ha hecho las versiones teatrales de "El coronel no tiene quién le escriba", de Gabriel García Márquez y "La fiesta del chivo", de Mario Vargas Llosa.

“He hecho más de 50 películas, he dirigido como siete veces la ópera "Carmen", he hecho muchas cosas y a mi edad me he dado cuenta de que hacer teatro es lo más cómodo del mundo. Yo me siento y ellos han hecho todo lo demás. Al teatro me he acercado un poco de puntillas. Algún día me gustaría hacer "El rey Lear". No soy un experto en teatro, la verdad, pero tampoco soy experto en flamenco aunque mucha gente piensa que sí, en lo único en lo que soy experto es en foto y en cine, pero un poquito, además he escrito un par de novelas, no han sido más que efectos secundarios”, dice.

Hace meses vino a Guadalajara para filmar la película El rey de todo el mundo, con el bailarín jalisciense Isaac Hernández, la actriz Ana de la Reguera y la bailarina Greta Elizondo. “La cinta ya está lista, sólo falta volver a España a terminarla”.

“Trabajar en "El rey de todo el mundo" ha sido una maravilla, he estado con todos los bailarines y actores mexicanos, fue un placer. Hacer cine es unas de las cosas que más me gusta en la vida y si encima lo que dirijo es un musical, pues es más divertido y más bonito todavía por una razón muy sencilla: si están bien elegidos, los actores, los bailarines, para mí es un gran placer verlos delante de la cámara al punto de que muchas veces he repetido una toma por el placer de verlos”, dice.

El cineasta añade que hay muchos bailarines que ya son actores. “Ahora casi todos los bailarines tienen algo de interpretación, no es difícil pasar de ser bailarín a actor; hay quien no puede, por eso hicimos un estudio”, dice.

Y antes de marcharse, con su cámara colgada al cuello, reflexiona sobre el cine y la tecnología: “El cine tiene ahora posibilidades maravillosas, con una cámara digital y dos o tres actores te puede salir una película maravillosa, no digo que sea fácil, digo que ahora se puede; la tecnología facilita la oportunidad de entrar al cine. El gran problema ahora es quién ve ese cine, estoy seguro de que en estos momentos hay miles de personas haciendo una película y alguna será maravillosa, pero no la conoceremos. Hay tanta cantidad de todo, con la fotografía ocurre lo mismo, todos toman tantas fotos y el día que su móvil o computadora ya no sirvan, su historia desaparecerá; por eso yo imprimo, no quiero perder lo que selecciono”.

El obra será llevado a escena por Cultura UDG e Imagina Producciones; en el elenco están Carlos Aragón, Jesús Hernández, Alejandro Calva, Emma Dib, Denisse Corona, Eduardo Villalpando, Said Sandoval, María Balam, Marco Antonio Orozco, Agni González, Carolina Ramos y Erandi Rojas.

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