15 | SEP | 2019
“El 2 de octubre del 68 yo estaba en la cantina”
Arturo Rivera expone hasta el 7 de diciembre la muestra Autofagia en la Celda Contemporánea de la Universidad del Claustro de Sor Juana. (ALEJANDRA LEYVA. EL UNIVERSAL)

“El 2 de octubre del 68 yo estaba en la cantina": Arturo Rivera

12/10/2018
00:20
Sonia Sierra
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En el marco de su exposición en la Universidad del Claustro de Sor Juana, el artista habla de la crisis de lenguaje que vive con su pintura, de AMLO, del dolor físico y de la muerte

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 En el estudio de Arturo Rivera hay esculturas y pinturas inconclusas; y placas que esperan por el artista. Delante de una pintura a la que le faltan detalles de color y rasgos, Rivera, fumador de puro, con lentes verdes que ocultan su mirada, reflexiona sobre la crisis del lenguaje, el miedo al fracaso, las puertas que se abren a pesar de las crisis, el dolor, la muerte, la política, el 2 de octubre de 1968 y hasta de Andrés Manuel López Obrador.

Arturo Rivera es autor de una obra realista, de gran fuerza, que destacó entre la segunda mitad del siglo XX. Ahora expone 80 pinturas en Autofagia en la Universidad del Claustro de Sor Juana, que se podrá ver hasta el 7 de diciembre. Son pocas obras recientes; reconoce que además de una crisis de lenguaje, el dolor físico le ha impedido pintar tanto como antes.

—¿Qué pasa con tu pintura hoy?

—Yo diría que está en crisis, en crisis de lenguaje. Lo llamo así cuando algo deja de tener sentido y ha habido varias de éstas (crisis). Siempre pongo el ejemplo de cuando entras a un cuarto oscuro y tus pupilas están cerradísimas, no ves nada, pero si tienes la paciencia se van abriendo y vas viendo. Siempre hay salidas. Pero siempre piensas, al entrar a una puerta de esas, que ya no vas a ver.

Son casi 50 años de pintar (Rivera nació en la Ciudad de México en 1945 y entró a San Carlos a los 18 años). Puede que haya crisis de lenguaje, lo admite, pero defiende que nunca quiso quedarse en un lugar de confort: “Te puedes quedar vendiendo un estilo o abrir otra vez la puerta. Mientras viva quiero seguir creando, porque si no ¿qué sentido tiene pintar?”

—¿Qué puerta abres ahora?

—Empecé con una cosa que se llamaba Mise en Scène, puesta en escena. Quiero hacer puestas ahorita que todavía puedo, aunque cada vez con más dificultad. He hecho una; tengo otra en mente. En la puesta en escena que hice nadie está viendo al espectador, más que uno de los guaruras. Generalmente, mi obra ve al espectador. Siempre. En la puesta en escena las cosas suceden adentro. Nació como un homenaje a Balthus.

—¿Apareces mucho en las obras?

—Autorretratos he hecho como tres. Estoy, a veces, pero como alguien ajeno, soy otro.

—¿Por qué ven al espectador?

—Mirar al espectador es meterlo un poco. Hice una pintura que se llama Herodes y sus verdugos, y ellos miran al espectador mientras que los niños están destrozados. Siempre me baso en mitología griega o cristiana. Yo soy ateo, por la gracia de Dios, dicen.

—¿Qué tanto pintas hoy?