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“En México falta una gran figura de la canción de autor”: entrevista con Alfredo Sánchez Guitiérrez

A propósito de la publicación del libro Música de fondo, el músico y locutor habla de periodismo cultural, de la influencia de la tradición oral y de algunos exponentes actuales de la canción

Alfredo Sánchez Gutiérrez ha desarrollado una trayectoria que cruza el periodismo cultural, la composición y la divulgación musical; durante años ha publicado ensayos y artículos sobre canción popular, rock y música latinoamericana en distintos medios culturales mexicanos.
24/05/2026 |01:05Obed Noriega |
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Música todo mundo escucha, unas veces voluntaria y otras involuntariamente. Siempre hay algo sonando en nuestro mundo altamente tecnificado —algo con la potencialidad de hacernos remover tanto externa como internamente—. Por lo mismo, la gente difícilmente puede renunciar al placer (al disgusto, dirán los haters) de escuchar música y de bailar, del mismo modo en que, muchas veces, sí opta por renunciar, por ejemplo, a ver obras de arte en museos o a leer literatura.





Ahora bien, existe un tipo de música mundialmente reconocida que, por el modo en que fue construida y por el perfil de los artistas y del público que reúne en torno a ella (consumidor de arte y de obras literarias), no solo desencadena las inevitables reacciones de movimiento corporal surgidas de manera tan espontanea al estar en presencia de una canción o de una pieza musical sino que, además, recibe una atención minuciosa desde un ámbito libresco estrechamente vinculado a lo literario desde donde melómanos que, al mismo tiempo, se identifican como conocedores de literatura, escriben reseñas, crónicas, textos biográficos y ensayos, tomando como asunto la vida y obra de cantantes, instrumentistas y compositores.}

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Crédito: Cortesía del autor

Es el caso de Alfredo Sánchez Gutiérrez, actual subdirector de la Red Radio de la Universidad de Guadalajara y poseedor de una amplia trayectoria como guionista, locutor, compositor y músico. Originario de la Ciudad de México pero afincando en Guadalajara hace décadas, Alfredo ha sido colaborador de medios como Confabulario, El informador, Okupo, Máspormás, Público, Revista Luvina, Revista Folios, entre otros —siempre temas relacionados con la música—. Además, publicó en 2018 el libro de entrevistas La música de acá. Crónicas de la Guadalajara que suena (Editorial Universidad de Guadalajara).

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Recientemente, también salió a la luz su Música de fondo, ensayos sin género ni geografía (Editorial Universidad de Guadalajara, 2025), libro de vistosa edición, con ilustraciones de Jorge Javier Salazar Zapeda, que compila los textos sobre música publicados a largo de varios años. Dicho volumen sostiene la idea de que, si bien lo fundamental de la experiencia musical es la escucha en sí misma, la escritura y la lectura sobre música, por su parte, permiten enriquecer dicha experiencia al incentivar en los autores y en los lectores el descubrimiento de discursos inherentes a la propia música revelados a la hora de asomarse hacia su profundidad. En este sentido, al detenernos a pensar en las ideas que ella plantea (a veces sin palabras) y al echar un vistazo en los contextos específicos en los que surgió, nuestra acercamiento transmuta en el mejor de los sentidos: salen a flote nuevas sensaciones y nacen perspectivas complementarias, mismas que conviven con las prexistentes, aquellas “inocentes”, surgidas de nuestras interpretaciones de carácter más personal.

O, bien, en el caso de que se desconozcan las canciones, piezas musicales y autores sobre los que se lee, la “lectura musical” funciona como una extraordinaria puerta de entrada, un incentivo casi siempre efectivo para ir detrás de, por ejemplo, una canción en relación a la cual se leyó una historia emocionante.

A propósito de la publicación de este volumen, presentamos una entrevista con su autor.

A quién va dirigido un libro sobre canciones como el tuyo. ¿a melómanos, músicos, académicos? ¿o buscas salir de esa clasificación?

A mí me gustaría pensar fuera de esa casilla. Reconozco que, como he sido músico toda mi vida, hay muchos ingredientes musicales que me interesa difundir y que, de pronto, pueden irse un poco hacia lo técnico, pero mi aspiración es que esto pueda ser leído por un público amplio.

En realidad, este libro reúne textos que en su mayoría ya habían sido publicados en distintos medios: periódicos y revistas donde la intención era llegar a lectores amplios. Durante muchos años mantuve columnas periodísticas y eso alimentó estos textos. Yo escribía sobre lo que tenía ganas de escribir y muchos de esos materiales se fueron quedando ahí hasta que decidí reunirlos en un libro.

Sé que, por el tipo de temas y de música que me interesa, el público termina siendo un poco especializado, pero aun así intento escribir de manera no demasiado técnica, desde la divulgación cultural.

Esa aspiración divulgativa se nota en el formato periodístico de los textos: son ensayos breves y muy accesibles. Me preguntaba si también has abordado la música desde otros géneros, como la novela o la ficción.

Sí. En los últimos años me he dedicado mucho a escribir ficción. Tengo un par de novelas inéditas y también un libro de relatos que acaba de publicarse en una editorial del Ayuntamiento de Guadalajara. Se llama Caras conocidas.

Aunque la música aparece en algunos de esos textos, no tienen la intención de ser propiamente textos musicales. Últimamente mis intereses se han ido acentuando más hacia lo literario. Leo mucha novela, mucho cuento, mucho ensayo, y supongo que todo eso termina alimentando también mi escritura periodística.

¿De dónde viene tu relación con la música?

Es curioso porque no vengo de una familia particularmente musical. Tengo un hermano menor compositor dedicado a la música de concierto, pero no hay antecedentes musicales en mi familia.

No sé muy bien de dónde viene ese gusto. Quizá porque mi papá escuchaba conciertos de Beethoven los domingos en la casa o porque enfrente de donde vivía de niño había unos muchachos que ponían rock and roll a todo volumen. También debe de haber influido que desde muy chico me aficioné a la radio musical y que, a los doce años, siguiendo los pasos a mis primos, empecé a tomar clases de guitarra. Todo eso fue alimentando más mi interés por la música.

Ya en la adolescencia (a finales de los sesenta y principios de los setenta) me contagié del virus del rock and roll y ya no pude escapar de él. Con el tiempo mi gusto musical se fue ampliando: el rock sigue presente, pero también el jazz, la música brasileña, la música española, africana y caribeña. Siempre he tenido mucha curiosidad por distintas manifestaciones musicales.

Ahora que mencionas la música brasileña: ¿viviste en México discusiones similares a las que hubo en Brasil en los 60, cuando los seguidores de la música nacional peleaban contra los que respaldaban la música "imperialista" importada de EUA, teniendo lugar, inclusive, una marcha contra las guitarras eléctricas?

Sí, de alguna manera. A principios de los ochenta yo tocaba en un grupo de Guadalajara relacionado con la nueva canción latinoamericana y el canto nuevo. Era un formato muy acústico, muy folclórico, pero nosotros empezamos a incorporar piano eléctrico y guitarra eléctrica.

Claro que había quienes nos miraban raro dentro de ciertos circuitos folclóricos, como si estuviéramos traicionando el espíritu de esa música. Pero eso estaba ocurriendo en muchas partes del mundo. Los músicos brasileños o la nueva trova cubana ya estaban integrando elementos del rock, del jazz y de la tecnología a expresiones musicales que venían del folklore.

Al final creo que la integración de elementos termina enriquenciendo a la cultura.

En Brasil, músicos como Chico Buarque, Caetano Veloso o Gilberto Gil son verdaderos astros, con millones de fans ¿Crees que en México exista una generación equivalente de cantautores con ese nivel de impacto?

Esa es una pregunta que yo mismo me hago con frecuencia. Creo que en México no ha existido una figura de esas dimensiones en términos de popularidad e impacto cultural. Hay muchos factores: durante mucho tiempo los medios de comunicación estuvieron más interesados en el pop, la balada o después en lo grupero.

Sin embargo, sí ha habido autores muy importantes cuya obra está a la altura de los que hacen canción de autor. Yo menciono mucho a Jaime López porque tiene una obra enorme y muchísimos años de trayectoria, aunque siempre dentro de un circuito más minoritario. También está Guillermo Briseño, otro rockero. O David Haro e, incluso, Rockdrigo

En Guadalajara destacaría a Gerardo Enciso, y en Ciudad de México a José Manuel Aguilera de la Barranca.

De una generación más reciente, podría mencionar a Mauricio Díaz “El Hueso” y David Aguilar, quien se ha estado abriendo campo de una manera más decidida a través de colaboraciones con grandes nombres como Jorge Drexler, Natalia Lafourcade y Julieta Venegas.

Son artistas muy sólidos que siguen moviéndose en circuitos alternativos. Seguramente, habrá otros casos en el resto del país, que es muy grande. Poco a poco van surgiendo nuevas voces.

En el libro aparece también la irresoluble discusión sobre separar o no la obra del artista y, obviamente, causa incómodidad ver a tus artistas más admirados en una funa ¿Cómo lidias tú con eso?

Es un tema muy complicado. Los artistas son seres humanos llenos de claroscuros. Personalmente quisiera creer que sí se puede separar la obra de la vida personal, pero también reconozco que nunca hay una separación total.

Sigo admirando a muchos artistas, aunque sé que tienen aspectos muy cuestionables. Pienso en casos como John Lennon, cuya relación con las mujeres hoy sería vista de otra manera.

Hace poco ocurrió la polémica con Rosalía hablando sobre Pablo Picasso y la posibilidad de separar al artista de la persona. Creo que son discusiones que van a seguir durante mucho tiempo.

No tengo una postura completamente cerrada al respecto.

¿La música pertenece a alguien en particular?

Bueno, el caso de Paul Simon, es ejemplar para mostrar que lo que pensamos como canciones de autoría individual son, en realidad, formas que brevan de otras canciones o tradiciones. Él contrajo durante varios momentos de su vida préstamos. Su famosa "Scarborough Fair" tiene un origen medieval pero, también, en otras ocasiones usó elementos de la música del Caribe, del reggae jamaiquino y de la música brasileña.

Los creadores no son autores totalmente individuales, sino que también responden a un a un contexto social, a un contexto histórico y a una cultura musical que puedan haber o no tenido.

Hace algunos años toqué en un grupo de música medieval y renacentista y ahí descubrí algunas cosas, por ejemplo, que la famosísima canción "John Barleycorn" de Traffic (la banda de Stevie Winwood) provenía de una canción medieval inglesa que retomaron y la hicieron totalmente distinta. Se convirtió en un éxito.

Entre en los grupos ingleses, sobre todo, se dio mucho eso del rescate de la música antigua, de la medieval, de la isabelina, etc.

Creo que eso se vale, recurrir a músicas del pasado para alimentarse, para nutrirse porque la música es parte de la cultura y, por tanto, viene de muchos lugares; del pasado, del entorno, sitios donde es posible volver a entrar.

Entonces, cual sería tu postura en relación al copyright, ¿es legítimo robar como lo hacía Bob Dylan quien también agarró para sus primeros discos melodías antiguas y les puso otra letra, sin remitir en ninguna parte que se trataba de adaptaciones de la cultura oral?

En la historia de la música ha habido muchos casos polémicos sobre el asunto. Recuerdo, además del de Bob Dylan, el caso del grupo Led Zeppelin que en sus primeros tres discos, pero sobre todo en los primeros dos, utilizaron muchas piezas de blues sin dar crédito. Piezas de Willie Dixon, por ejemplo.

En ese momento no consideraron necesario dar el crédito pues eran referencias de conocimiento general, pero con el tiempo empezaron a ver las denuncias respectivas y ahora ya se tiene que poner a los originales como coautores de las de las canciones.

Ha cambiado cómo nos enfrentamos a este concepto de la autoría musical.

Hoy en día sí considero que lo más honesto y justo es mencionar siempre de dónde se están tomando las cosas, incluso con la música muy antigua que no está sujeta a copyright. Digo en estos días, pues ya cada vez hay más cuidado con el tema de los derechos de autor, es una cuestión obligatoria por ley por lo que ya no es tan fácil salir librado de un asunto de plagio.

En el pasado yo digo que se hacía de una manera un poco inocente. Se tomaban cosas y no se consideraba que se debía dar el crédito porque así es como funcionaba el mundo, ahora funciona de otra manera y ahora pues ni modo. Hay que dar el crédito, porque las cosas vienen de algún lado y lo justo es que los autores sean reconocidos.

Finalmente te quería preguntar sobre tu faceta como compositor. Aparte de escribir sobre canciones ¿también compones?

Sí, lo he hecho a lo largo de la vida.

Tengo un par de discos míos con canciones propias. He participado en muchos grupos donde a veces tocaba música mía.

Aunque actualmente es una faceta de la que estoy un poco apartado porque me he dedicado más a escribir en los últimos años, eso es lo que más me ha interesado, me he dedicado a escuchar música, a escribir sobre música.

El libro se puede adquirir enviando un mensaje a las redes sociales de la Editorial de la Universidad de Guadalajara:

O solicitarlo mediante correo electrónico:

O también a través de la Librería Carlos Fuentes de Guadalajara:

Hay versión impresa ($350.00) o ebook ($260.00)

Y el enlace para mi libro de relatos que acaba de aparecer es este: