El arquitecto que apostó por la basura

El taiwanés, cofundador de la empresa Miniwiz, convierte los residuos en productos finos y hasta en edificaciones
El arquitecto que apostó por la basura
“El deseo de consumir viene de países desarrollados, por eso queremos influir a las naciones desarrolladas, para que el resto sigan su ejemplo”: Cofundador de Miniwiz.
10/07/2018
00:23
Lucía Astorga/ La Nación / GDA
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¿Por qué no estamos convirtiendo la basura en nuevos productos? Esa simple pregunta abrió todo un mundo de posibilidades para el arquitecto taiwanés Arthur Huang.

Pero sería la respuesta a esa interrogante la que finalmente lo colocaría en la ruta correcta para convertirse en un pionero mundial en el desarrollo de nuevas aplicaciones para el uso de los residuos postconsumo: “El material tiene que ser de nuevo sexy”.

Justamente eso es lo que ha tratado de hacer Huang desde que cofundó, en 2005, la firma Miniwiz, con la misión de mostrar al mundo el potencial ilimitado de la basura, convirtiéndola en productos con finos acabados y de apariencia suntuosa.

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Desde su oficina en Taiwán, Huang, de 40 años, conversó vía Skype con La Nación sobre el ambicioso trabajo que realiza con su equipo, creando mueblería, ropa, zapatos, anteojos y ¡hasta construcciones! con material reciclable.

Precisamente, una de las apuestas más conocidas de este arquitecto es la construcción de edificios como el EcoArk, ubicado en Taipei, Taiwán.

Se trata de la primera estructura pública completamente funcional del mundo hecha de Polli-Brick, un tipo de material de construcción elaborado 100% con tereftalato de polietileno, más conocido como PET por sus siglas en inglés.

El EcoArk se construyó usando 1.5 millones de botellas de plástico reciclado; cuenta con nueve pisos y fue desarrollado como la estructura principal para la Exposición Internacional de Flora de Taipei en 2010. Luego se convirtió en un museo público.

Cubre un área del tamaño de seis canchas de baloncesto y pesa 50% menos que un edificio convencional, pero es lo suficientemente fuerte como para resistir los embates de la naturaleza, incluido el fuego.

En cada producto que confeccionan en Miniwiz, la prioridad es ofrecer una estética atractiva, que haga olvidar a las personas que están ante algo hecho de basura.

Su prestigio los ha llevado a colaborar con la empresa Nike; en 2015 se les designó la construcción y acondicionamiento de nueve de sus tiendas en distintas partes del mundo.

Las propuestas que han desarrollado para prototipos de casas y negocios evocan una imagen lujosa, muy alejada de las ideas preconcebidas de lo que tiene que ver con la basura.

Un ejemplo de esto es la “Casa de basura”, en Milán, Italia. En su interior se pueden encontrar hermosas y nuevas aplicaciones hechas a partir de residuos de la industria de la moda, del envasado de alimentos, tazas de café y hasta de teléfonos móviles.

Es un espacio de exhibiciones, oficina y fotográfico. Fue creado en colaboración con la firma Pentatonic, la innovadora marca de artículos para el hogar y accesorios emergentes, así como el principal grupo de diseño y comunicaciones de Italia, Sartoria Comunicazione.

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Desechando el modelo lineal. La visión de Miniwiz, liderada por Huang, los ha convertido en un punto de conexión entre las exigencias de los gobiernos para que las empresas se hagan responsables de los desechos generados por sus productos.

“El gobierno quiere que el negocio se deshaga de los desechos, que sea responsable de ellos, pero el problema es que no hay tecnología para reciclarlos”, aseveró.

Miniwiz supo reconocer esta necesidad y aprovechó la oportunidad para explotar su creatividad, en la búsqueda de soluciones que conviertan la basura en productos de valor.

“No estamos escondiendo ninguna tecnología, somos muy abiertos con esto, explicamos cómo hacerlo, es simplemente que la gente tenga ese impulso y se atrevan”, dijo José López, diseñador arquitectónico senior de Miniwiz.

Una de las corporaciones con las que ha trabajado la compañía liderada por Huang es la tabacalera estadounidense Philip Morris. Para ella desarrollaron una máquina que permite aprovechar las colillas de los cigarros y, a partir de éstas, crear anteojos de sol.

Estos productos son prototipos que buscan inspirar a las compañías sobre el valor escondido en su basura.

Estas propuestas también están encaminadas a demostrar que es posible cambiar el paradigma que durante los últimos 150 años ha impuesto la evolución de la industria: un modelo de producción y consumo lineal.

Según el Foro Económico Mundial, este sistema está fundamentado en la manufacturación de bienes a partir de materias primas que son vendidas y usadas, para luego ser descartadas o incineradas como desechos, en un ciclo finito. “Estamos siendo consentidos por la conveniencia y lo barato de los productos, eso hace difícil cambiar el sistema; escogimos la ruta más fácil y la más sucia”, indicó Huang.

Buscando socios en América Latina. Hasta ahora, Miniwiz concentra sus energías en impulsar proyectos en las naciones desarrolladas. Por ello, es usual ver que sus iniciativas se concentren en ciudades como Nueva York, Tokio, Londres o Milán.

Esto responde a una estrategia y a una “cruel realidad” del mundo actual, aseguró el arquitecto.

“No es porque no queramos hacerlo en naciones en desarrollo, es sólo que el deseo de consumir viene de los países desarrollados, por eso queremos influir a las naciones desarrolladas para que el resto sigan su ejemplo”, explicó Huang.

Aun así, el líder de Miniwiz espera cambiar pronto esta situación y encontrar nuevos socios en América Latina, cuando visite Costa Rica en septiembre, como uno de los conferencistas principales el I Congreso Latinoamericano sobre Sostenibilidad, Ecología y Evolución (SEE).
 

Nada es sustentable. Al consultarle al arquitecto sobre lo que piensa del concepto de sostenibilidad, su respuesta es franca y sorpresiva: “Lo odiamos, es falso”.

“Nada es sustentable en este momento, nada es natural, todo es procesado y genéticamente modificado. Hay que usar esa palabra con cuidado, porque ¿sostenibilidad para quién?”, agregó.

Para acudir al SEE
 

Para Arthur Huang, el concepto no está relacionado con el medio ambiente, sino con el sistema económico capitalista y el malestar social que provoca la brecha entre ricos y pobres. “Por eso le importa al gobierno”.

Esto también va de la mano con el sistema de producción lineal que impera actualmente, el cual si bien es muy eficiente en el sentido de dinero y materiales, no es sustentable porque los resultados no se pueden volver a utilizar. “Es un sistema que no está funcionando, el productor no se hace responsable de la descomposición, a su vez el comprador ni el productor se benefician de la descomposición”, señaló.

De ahí la necesidad de cambiar a un modelo económico circular, que consiste en un sistema industrial que sustituye el concepto de fin de vida de un producto por el de regeneración o restauración. Baldosas o sillas creadas a partir de pajillas y vasos triturados de la empresa Starbucks son algunas de las otras ingeniosas aplicaciones que ha desarrollado Miniwiz siguiendo esta filosofía.

 

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