Edulcorantes no calóricos y su relación con la depresión: una controversia actual

Víctor Manuel Hernández Pimentel

Hoy en día existe una amplia variedad de aditivos alimentarios usados para asegurar la inocuidad de los alimentos, alargar su vida de anaquel y mejorar sus propiedades sensoriales. Un tipo de aditivos muy usados actualmente, son los edulcorantes, los cuales pueden ser naturales o artificiales. Aunque el término artificial puede confundir sobre su origen, estos son derivados de moléculas biológicas como aminoácidos y carbohidratos, simplemente se refiere a que no son azúcares generados de manera “natural”. Actualmente, solamente estos sustitutos de azúcar son aceptados: aspartame, sacarina, sucralosa, neotame y acesulfame de potasio. Estos aditivos presentan un dulzor desde 200 hasta 8,000 veces más que el azúcar común.

Diversas organizaciones como la Asociación Americana del Corazón, la Asociación Americana contra la Diabetes y la Academia de Nutrición concuerdan en que los edulcorantes artificiales o no calóricos no causan daños a la salud, y que, por el contrario, representan una alternativa para tratar el sobrepeso en personas que están bajo tratamiento, además de que algunos de estos compuestos reducen el riesgo de la aparición de caries.

Sin embargo, se ha generado un amplio debate sobre la relación que existe sobre el uso de los edulcorantes no calóricos y la depresión. Específicamente el aspartame al metabolizarse genera los aminoácidos fenilalanina (50%) y ácido aspártico (40%), además de metanol (10%). Los dos principales metabolitos que se generan regulan y disminuyen la producción de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina.

Dentro de los estudios que confirman la relación entre el consumo de edulcorantes no calóricos y la depresión, existen pocos donde se haya hecho un análisis estadístico más completo de los resultados (con el fin de validar una muestra pequeña de pacientes, así como discriminar otros factores que puedan interferir). De estos estudios, el realizado en la Universidad de Carolina en Estados Unidos revela que existe una pequeña probabilidad de que personas adultas padezcan depresión por su consumo. De igual forma, en Australia observaron que los adultos que consumen más de un litro de bebidas con estos aditivos presentan 60% más probabilidad de tener depresión, ideas suicidas y desórdenes metales. Mientras que investigadores en China y Noruega encontraron los mismos efectos, pero en personas jóvenes con un alto consumo de estas bebidas. Por otra parte, estudios hechos en Canadá y Corea del Norte observaron efecto depresivo principalmente en mujeres.

Resulta importante comentar que los estudios que se han realizado presentan múltiples limitaciones que ponen en duda sus conclusiones. Por mencionar algunas, el diseño y análisis estadístico son inapropiados o deficientes, además de que las muestras de estudio no resultan representativas para la población. Los estudios hechos con animales no son totalmente aplicables a humano ya que las vías de administración no fueron orales, además que las cantidades administradas fueron extremadamente altas, prácticamente imposibles de que una persona las consuma con una dieta común.

Para ejemplificar lo anterior, se requiere que una persona consuma diario: 50,000 latas de refresco endulzado con neotame, coma 600 cucharadas de sustituto de azúcar con sucralosa o que beba 8 litros de refresco con sacarina para superar la ingesta diaria permitida por las autoridades internacionales. Y en el caso del aspartame, que es el que ha sido más estudiado, se requiere que una persona coma más de 600 gramos de caramelo diario durante un tiempo mínimo de 90 días para poder observar los efectos que se relacionan por su consumo.

Resultaría interesante y necesario realizar más estudios donde se considere la diferencia entre el metabolismo de ambos géneros, ya que por naturaleza las mujeres en edad reproductiva viven cambios hormonales que pudieran interferir con los resultados, generando falsos. Asimismo, los estudios donde encuentran un efecto depresivo en personas adultas mayores, tampoco se consideran otros factores que pudieran ser causales de sentimiento de tristeza/depresión como el abandono familiar, el inadecuado pago de jubilación o el sentimiento de inutilidad para con sus familiares o la sociedad y que suele presentarse en este grupo de personas. Por lo tanto, considero que los estudios que existen hasta el momento, no son plenamente concluyentes sobre la posible relación entre la depresión y el consumo de edulcorantes no calóricos.

Ingeniero en Química de Alimentos, Facultad de Química, UNAM
Referencias:

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-Lien L, Lien N, Heyerdahl S, Thoresen M, Bjertness E (2006) Consumption of soft drinks and hyperactivity, mental distress, and conduct problems among adolescents in Oslo, Norway. American journal of public health 96: 1815–1820.

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-Shi Z, Taylor AW, Wittert G, Goldney R, Gill TK (2010) Soft drink consumption and mental health problems among adults in Australia. Public Health Nutrition 13: 1073–1079.

-Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología. Riesgos y beneficios de los sustitutos de azúcar (edulcorantes). Folleto Informativo. 

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