En un spot reciente de campaña, el precandidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, cuestiona sarcásticamente a sus contrincantes y los llama “unos genios”, por dar solo “gritos y discursos” sobre problemas graves como la pobreza, mientras que el ex secretario de Desarrollo Social del gobierno de Peña Nieto, se ufana de que en su gestión “2 millones de mexicanos salieron de la pobreza extrema”. Y pregunta al público en su video. “¿Qué prefieres, gritos y discursos o soluciones reales para tu familia?”.

La cifra presentada de 2 millones que salieron de la pobreza extrema fue avalada por el Coneval en su informe de agosto de 2016 cuando el organismo reconoció que de 55.3 millones de mexicanos que vivían en condiciones de extrema pobreza hasta 2014, para su medición dos años después, la cifra disminuyó a 53.4 millones, es decir casi dos millones menos. El tiempo de esa reducción coincide con el paso del ahora precandidato priísta como titular de la Sedesol, del 28 de agosto de 2015 al 6 de septiembre de 2016 ¿Pero qué hizo Meade para incidir en esa cifra y reducir, al menos en los números, la pobreza extrema en el país?

El Coneval cataloga como “pobreza extrema” a la población cuyo ingreso es insuficiente para comprar la canasta de productos básicos y que carece de acceso a tres de los siete indicadores que mide el organismo, entre los que están educación, salud, vivienda y alimentación, entre otros. Y como buen tecnócrata que visualiza la pobreza solo como números y estadísticas, y no porque haya vivido alguna vez las carencias, el entonces titular de Desarrollo Social ideó un mecanismo “práctico y efectivo” para incidir en las cifras de pobreza del Coneval, con las que nunca estuvo de acuerdo. “Si el problema son carencias específicas, ataquemos en lo particular esas carencias —no necesariamente todas— y saquemos a la población que ya no las tenga de la clasificación extrema”, fue el razonamiento que el equipo de Meade Kuribreña usó para maquillar la pobreza.

A todas las instituciones y dependencias se les giraron oficios en esa época para reportar obligatoriamente a Sedesol cualquier acción o programa específico dirigido a la población más pobre. Nada del presupuesto social de cualquier área de gobierno se podía ejercer sin supervisión directa de los técnicos de Meade.

Si un indicador de pobreza extrema era que los niños no fueran al kínder o preprimaria, Sedesol ideó que en las guarderías de IMSS, ISSSTE y otras dependencias, se habilitara a las cuidadoras como maestras de kínder; y automáticamente los hijos de esas trabajadoras fueron eliminados de la carencia educativa de preprimaria, aunque no necesariamente recibieran educación de calidad. Si otro indicador era el piso de tierra en las viviendas, los técnicos de Sedesol hicieron que recursos específicos se dedicaran a poner piso de cemento; si la carencia que metía a las familias en la cifra de pobreza extrema era alimentaria, entonces se les metía a la Cruzada contra el Hambre y se les ponía en un padrón de comedores con lo que supuestamente ya no pasarían hambres.

Y así, atendiendo carencias específicas que resolvían “necesidades específicas”, aunque no los sacaban de la pobreza, las cifras de la Sedesol comenzaron a moverse y registrar menos “pobres extremos”. En esa estrategia, el tema principal que coloca a la población en pobreza extrema, según el Coneval, la insuficiencia de ingresos para comprar la canasta de productos básicos, fue la que menos avanzó, pero en otras específicas como el acceso al kínder, el piso de cemento o el acceso a comedores públicos, bastaron para que ya no se cumplieran las tres carencias necesarias para contarlos en “pobreza extrema”. Siguieron siendo pobres, pues, con algunas carencias e ingresos insuficientes, pero ya no cumplían el parámetro y se les sacó de “pobres extremos” a “pobres moderados”.

Siendo secretario de Desarrollo Social, Meade comentó a este columnista su estrategia para incidir en las cifras de la pobreza en México, que no creía y consideraba falaces. “La pobreza en el país, en las cifras que se maneja es una gran mentira —dijo el secretario en un desayuno a principios de 2016—. ¿Tú cuántos pobres crees que hay en México?”, preguntó al columnista. “Pues yo parto de la cifra oficial que dice que casi 50% de la población, más de 60 millones sufre pobreza”, le respondí. “Falso, eso es falso”, atajó Meade. “¿Cuántos pobres hay entonces, según tú?”, le reviré. La respuesta del titular de Sedesol me dejó atónito: “Pobres, pobres, 10 millones máximo, los demás tienen algunas carencias pero no son pobres”.

He ahí porqué el hoy candidato presidencial del PRI cree que él sí acabará con la pobreza —que conoce por sus visitas con fotógrafos y guaruras a las zonas jodidas— y que, si llega a ganar las elecciones, “ya no nacerán más niños pobres en México”. Una genialidad.

sgarciasoto@hotmail.com

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