De las muchas cosas que empiezan a resultar contrastantes en esta larga transición entre dos presidentes (además de los estilos políticos tan distintos: austeridad contra excesos, sencillez contra frivolidad, cercanía contra la distancia) quizás la diferencia más notoria y significativa entre lo que ha sido el gobierno de Enrique Peña Nieto y lo que se anticipa del futuro gobierno de López Obrador terminará siendo el uso del gasto público y las prioridades en la distribución y ejecución del presupuesto federal.

Porque con el gobierno que termina tuvimos un manejo no sólo discrecional y opaco de los recursos públicos, sino que mientras el gasto gubernamental y la deuda pública crecieron de manera importante —7.8% más se gastó en 2017 en comparación con 2013 a pesar de planes de “austeridad” que no sirvieron— el gasto en inversión física y de infraestructura disminuyó en 29% en esos mismos años con lo que se afectó directamente al crecimiento del PIB.

Y mientras se reportaban excesos e incrementos injustificados en gastos para publicidad del gobierno (casi 200 mdd en el sexenio, más que ningún presidente en la historia), al igual que en viajes, ropa e imagen (3 mil 476 millones en 2014, 58% más de lo autorizado por el Congreso), a los programas públicos, lo mismo a gasto social que a la inversión en infraestructura, a Pemex y a otras dependencias, desde 2015 hasta la fecha la Secretaría de Hacienda les aplicó más de cinco recortes —“apretones de cinturón”, decían— por un total de casi 600 mil millones de pesos.

El argumento en cada recorte, aplicados por Luis Videgaray y José Antonio Meade, fue siempre el mismo: “el gasto público no alcanzaba” y si no recortaban programas y partidas, el gobierno aumentaría su déficit y tendría que recurrir a mayor endeudamiento. Fue el mismo argumento para el “gasolinazo” en enero de 2017, pero con todo y esos recortes, que frenaron inversiones en infraestructura y quitaron gasto social y asfixiaron a Pemex, la deuda creció 13 puntos este sexenio. De 37.2% del PIB que les dejó Calderón, los peñistas dejarán una deuda de 50% del PIB a López Obrador.

Esas cifras negativas de esta administración no encajan con el discurso de que Peña tuvo “dos muy buenos secretarios de Hacienda” como Videgaray y Meade; pero sobre todo empiezan a contrastar cada vez más con los anuncios que hace el futuro gobierno: inversiones millonarias en obras de infraestructura, becas a jóvenes, aumento de apoyos a ancianos y madres solteras y para el campo, etcétera.

Y aunque está por verse si las cuentas de AMLO y su gabinete alcanzarán para todo lo que planean y prometen en materia presupuestal, todo a partir de ahorros, austeridad y disminución de gastos operativos y superficiales del gobierno, si sólo el nuevo gobierno pudiera hacer al menos la mitad de lo que está prometiendo, si le alcanzara al menos para eso, entonces quedará exhibido que el manejo del gasto y de la Hacienda Pública con Peña Nieto y sus “genios” secretarios de Hacienda no sólo fue desastroso y totalmente negativo para el país.

Y la pregunta será obligada: ¿por qué ellos no pudieron hacer lo mismo y por qué siempre dijeron que no alcanzaba el gasto?, ¿dónde terminaron tantos millones de pesos recortados al presupuesto en los últimos tres años?, ¿corrupción, desvíos, dispendio, ineptitud o todas?

NOTAS INDISCRETAS… Por cierto, un ex colaborador cercano le preguntó al presidente Peña si creía que a López Obrador le fuera a alcanzar para hacer todo lo que está prometiendo en gasto social e inversión. “Sí le va a alcanzar”, respondió el mandatario. “¿Y entonces por qué a nosotros no nos alcanzó y siempre nos dijeron (de Hacienda) que no alcanzaba y que tenían que recortar?”, preguntó el ex funcionario. “Me engañaron”, contestó lacónico el presidente. ¿Se refería a Videgaray y a Meade?... El Tribunal Electoral federal está por definir quién se queda con la senaduría de representación proporcional que ganó Juan Zepeda en el Estado de México, luego de que éste optó por entrar como senador por mayoría que también ganó. En sentido estricto y como resolvió la Sala Regional de Toluca, la senaduría le corresponde a Rogelio Israel Zamora, suplente de Zepeda; pero Jesús Zambrano, que iba en la posición 4 en la lista, interpuso queja ante el Trife para pedir que se le dé a él esa senaduría, argumentando que Zepeda ya tomó la de mayoría. El tema, que provoca fuertes jaloneos al interior del PRD, está por definirse y la ponencia del caso SUP-REC-853/2018 la tiene el magistrado Indalfer Infante, el mismo que votó a favor de la candidatura de El Bronco; ¿también le quitará su senaduría al suplente Zamora para dársela a Zambrano?... Y hablando de “agandalles”, en Pemex se quejan de que en los últimos meses ya no aguantaban la presión de Jorge Emilio González para que la petrolera le otorgara a la compañía favorita del Niño Verde, Blue Marine, la operación de un buque nuevo, de tipo “Procesadores”, que está por sacar . El marcado interés de Jorge Emilio por aprovechar “el año de Hidalgo”, tenía que ver con que Pemex paga 90 mil dólares diarios por el uso de ese buque, pero todo indica, dicen en la petrolera, que el “niño” acabará “verde” pero del coraje, porque después del resultado electoral del 1 de julio y de las investigaciones que se vienen sobre Pemex con el nuevo gobierno, difícilmente le otorgarán ese contrato a sus amigos de Blue Marine. Así que aunque hizo muchos y millonarios negocios en todo el sexenio, éste último se le fue… Giran los dados. Serpiente doble. Descendemos.

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