El día después

Ricardo Homs

Hay un escenario preocupante postelectoral, que debe ser considerado incluso en el ámbito de la seguridad nacional.

Gane o pierda Andrés Manuel, el escenario será adverso. Hay demasiadas expectativas en juego que tienen fuerte contenido emocional y que nos permiten considerar la posibilidad de riesgo de estallido social.

Si Andrés Manuel llega a ganar la elección, como lo muestra una fuerte ventaja en intención de voto, independientemente de sus deseos y de su estilo de gobierno, la realidad se le va a imponer, pues los recursos económicos tendrán un límite y no será posible satisfacer sus promesas de campaña al 100%. Peor aún cumplir las promesas que nunca ha hecho, pero que el electorado que le es fiel, supone que sí hizo y que serán las acciones iniciales que regirían su programa de gobierno.

A final de cuentas vivimos en un mundo que se rige por percepciones y suposiciones, las cales responden a los deseos inconscientes de las personas.

No hay nada más peligroso que las expectativas frustradas de la gente. Jugar con las ilusiones de la gente necesitada es una bomba de tiempo.

Hoy ser presidente de la república tiene restricciones, ya que vivimos en un mundo interconectado como lo es el de hoy, en el que las redes sociales evidencian en tiempo real las decisiones cotidianas.

Los tiempos del presidencialismo absolutista como modelo de gobierno han quedado atrás.

Aunque tengamos una democracia imperfecta y graves vicios institucionales, las decisiones presidenciales tienen límite en un país demasiado visible para la comunidad internacional, tanto por el tamaño de su economía, como por su geografía, haciendo frontera con uno de los países más poderosos del mundo.

¿Qué sucederá cuando Andrés Manuel no pueda cumplir todos y cada uno de los deseos de un país encabronado, que votó por un cambio radical, absoluto e inmediato y el presidente tenga que reconocer que no es “Supermán”?

Cuando taxistas y transportistas le exijan gasolina de a cinco pesos el litro. Las amas de casa que alimentan a su familia con salario mínimo, exijan que la canasta básica cueste la mitad. Los maestros inconformes con la reforma educativa, los más rijosos del sistema, exijan respeto a sus prácticas abusivas con el argumento de que eran conquistas laborales. Los campesinos le exijan créditos a “fondo perdido” y otras exigencias incumplibles, que sin embargo Andrés Manuel ha alimentado durante años.

¿Cuántos meses duraría esa “luna de miel” con sus votantes, antes de que estos pierdan la paciencia y empiecen a desconocerlo?

Las reacciones más peligrosas y viscerales se dan cuando hay un rompimiento emocional que inicia con pérdida de confianza. Se dan entre personas, pero también en el ámbito político.

Los amigos se cuando se sienten traicionados se vuelven los más encarnizados enemigos.

Una cosa es prometer desde el rol de oposición y otra, tener ante los ojos de quienes creyeron en él, la responsabilidad de cumplirles lo prometido y sin embargo, descubrir que no hay todos los recursos necesarios, pero que suponía que había, cuando hacía cuentas alegres.

Si este escenario es muy preocupante y no sería tan lejano, pues si una “luna de miel” política no dura más de seis meses, ¿qué podríamos esperar si Andrés Manuel no llegase a ser presidente?

Supongamos que el voto del miedo funciona, o que se dé una nueva alianza hoy no considerada, o que de aquí al día de la elección suceda algo que mueva conciencias y de modo legal López Obrador pierda la elección. ¿Qué sucederá?

Hay tal seguridad de que Andrés Manuel ganará la elección, que un alto porcentaje de la población no creería en una derrota y no la aceptaría.

Aunque él no promoviera las movilizaciones y hasta tratara de controlarlas con un gesto de responsabilidad social y política, la inercia social las generaría. El México bronco despertaría. Además lo más grave serían las acciones de los oportunistas que medran siempre en los conflictos en busca de beneficios personales o de grupo.

Ante estos escenarios es urgente que exista un “plan de crisis” para evitar la improvisación y así tener respuestas y acciones planeadas que ayuden a despresurizar el conflicto de forma democrática y civilizada.

¿Será que ya se está trabajando frente a estos posibles escenarios?

¿Usted cómo lo ve?
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