Allá son empresarios. Aquí son criminales

Paola Rojas

Es un lugar muy agradable. Elegir no es fácil, y es que hay más de ochocientas opciones: marihuana para dormir, para relajarse, para dolores o para fiestas. Se puede fumar, untar, beber o masticar. Hay pastillas, cigarros, gomitas, galletas, pasteles y hasta palomitas. Pero lo que más se vende en el dispensario de canabbis que visité en Venice Beach, California es simplemente la hierba.

A partir de este enero ya se permite la venta con fines recreativos. Se prevé que la industria alcance en este, el estado más poblado de la Unión Americana, los 7 mil 600 mdd en ventas en los primeros dos años. Un gran negocio que se incorpora a la economía formal y que genera impuestos estatales y locales. Esto fue lo que llevó a muchos a votar a favor de su aprobación. Personas que no consumen marihuana aplauden que se venda de manera ordenada y están atentas a los beneficios que generarán en sus ciudades los ingresos vía impuestos.

La transición a la legalidad ha tenido sus dificultades. Quienes han entrado al negocio me cuentan que conseguir los permisos para abrir un dispensario es complicado en los municipios con gobernantes conservadores. Lo más enredado es el manejo del dinero. Y es que la venta de marihuana sigue siendo ilegal a nivel federal, por lo que los bancos no se arriesgan a aceptar el efectivo que genera esta creciente industria. Las estrategias varían. Hay quienes depositan las ganancias en fideicomisos, otros generan cooperativas de ahorro y algunos de plano manejan todo en efectivo. Abogados y asesores financieros son indispensables. Ellos encuentran los huecos legales para entregar soluciones a medias en este esquema en el que la ley local contradice a la federal.

Las autoridades estatales han dicho que requerirán de varios meses para desarrollar las regulaciones que se aplicarán al cultivo, transporte y venta de canabbis. Las licencias se expiden con lentitud. Son muchos los requisitos. Lo que sí es muy claro es que solamente pueden consumir marihuana los mayores de 21 años y no en espacios públicos.

La comodidad de los dispensarios desaparece al cruzar la frontera. En la clandestinidad no hay música suave ni aire acondicionado. En el mercado negro la cordialidad no está garantizada. La compra-venta puede concluir con un apretón de manos o con un disparo. Las ganancias por la venta de marihuana no se traducen en beneficios para la comunidad con el cobro de impuestos. El negocio en México sigue siendo para los criminales. Así lo han querido quienes nos han gobernado.

HUERFANITO. Por lo que han dicho quienes aspiran a gobernarnos en torno a la legalización de la mariguana, no parece que las cosas vayan a ser diferentes en México en los próximos años. Eso a nivel federal. A nivel local, la Ciudad de México podría dar el primer paso. No lo ven mal, según platican en corto, quienes tienen posibilidades reales de ganar.

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios