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25/09/2018
03:24
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Hace 10 años, el mundo comenzaba a conocer algo que no esperaba ni comprendía. Lehman Brothers anunció su quiebra. Meses antes, Bear Stearns colapsó junto con Freddie Mac y Fannie Mae. Nada, sin embargo, pareció tener la importancia de Lehman. Tal vez por el prestigio, el nombre o las implicaciones de lo comprometido. Cuando este banco de inversión se declaró en quiebra, se abrió un mundo ya anunciado pero negado. La expresión usada para caracterizar la intervención más riesgosa y frustrante hasta entonces por los Estados Unidos, “el efecto dominó” en Indochina, fue insuficiente. No se estaba ante una situación en la que por la caída de un elemento, el resto lo haría por correspondencia lineal. Las relaciones entre las instituciones constituidas por servicios, apalancamientos y aseguramientos, hizo que la caída de un elemento se expandiera hacia el resto mediante ondas.

Todavía hoy se discute cómo es que el problema debió ser tratado. También, busca saberse si el mismo debió ser atendido más como una cuestión de insolvencia que de falta de liquidez. Se discute si todo detonó por el otorgamiento indiscriminado de hipotecas a sujetos no calificados o por las bajas tasas de interés fijadas por la Reserva Federal. A 10 años de la crisis, las causas y los efectos siguen siendo analizados. En los años por venir ello continuará, tanto como hoy se hace con las causas de la recesión del 29 para prever cómo romper, en su caso, con los ciclos económicos.

Leyendo lo que se ha escrito para rememorar y comprender lo acontecido hace 10 años, encuentro una línea transversal. Más allá de su tendencia conservadora, liberal o, inclusive, de las pretensiones de neutralidad por prevenir, se dice, de la mera acumulación de “evidencia empírica”, hay una constante: la mala, insuficiente o nula regulación de los agentes y servicios financieros. En los extremos, hay quienes estiman que el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal debieron haber contado con más poderosos instrumentos de intervención; hay quienes consideran que las regulaciones bancarias nunca debieron disminuirse. A 10 años de la crisis, las posibilidades de aprender están ahí y no parecen quererse ni poderse aprovechar. Apenas en mayo, Trump promulgó las modificaciones a la Ley Dodd-Frank, para dar lugar a otra con menores cargas regulatorias y debilitamiento a las funciones de las agencias reguladoras.

Entre nosotros hay signos preocupantes de la falta de auto-restricción de los agentes financieros. En las propuestas del Presidente electo no es mucho lo que se ha dicho. Pareciera que para tranquilizar a los mercados, piensa mantenerse el statu quo. Sin embargo, al tratar tan mal a los servidores públicos que sostienen y ejecutan la acción del Estado, indirectamente se favorece la acción privada y se le dota de amplios márgenes de actuación. El mercado financiero no es natural. Es una construcción racional e histórica, encaminada a actuar en un sentido para lograr ciertos beneficios. Cuando se dice que todo servidor público es deshonesto por definición y que su sueldo es una mera extracción de recursos públicos en su beneficio, finalmente se debilitan las líneas de actuación del Estado.

Parte de la crisis financiera derivó de los trucos que los agentes financieros pudieron imponer, críptica y pedantemente, a las agencias reguladoras y a sus clientes. “Sintéticos”, “derivados”, “futuros” y “opciones”, fueron conceptos que se quisieron alejar de la comprensión común para permitir la constante circulación de capitales y la adquisición de ganancias, aun a riesgo de los inversores. Si se quiere ordenar nuestra economía en lo doméstico y permitirle sobrevivir en la globalidad, no es muy sensato maltratar al servicio público profesional que nos permitirá hacerlo. En el mundo artificial de las finanzas, como en el de otros quehaceres, tiene que saberse. El servicio público tiene como finalidad defender lo público. Si no se estima adecuado, ajústese y mejórese. Destruirlo es tanto como dejar a la nación a la intemperie, en éste y en otros campos.

 

Ministro de la SCJN. Miembro de
El Colegio Nacional. @JRCossio

José Ramón Cossío Díaz
Es Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Ha escrito 24 libros, coordinado 6 y compilado 2. Ha publicado diversos artículos en libros colectivos, cuadernos académicos, revistas...