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La presidencia del IFT

Irene Levy

En dos semanas el Instituto Federal de Telecomunicaciones podría quedar sin presidente. El 10 de septiembre vence el plazo de cuatro años por el que fue designado el comisionado Gabriel Contreras Saldívar para presidir el Instituto. Recuerde usted que este órgano autónomo fue creado por la reforma constitucional de 2013 junto con la Comisión Federal de Competencia Económica, sus Plenos están integrados por siete comisionados, incluyendo a su presidente. Los periodos de duración de sus cargos son escalonados y duran nueve años; sin embargo, debido a que se integró desde cero en septiembre de 2013, todos los comisionados menos uno, tuvieron plazos menores a fin de respetar el escalonamiento; de hecho ya se han realizado dos reemplazos.

¿Cómo se nombra al presidente del IFT?

No confundamos la forma de nombramiento de los comisionados con la manera de designar a su presidente. Mire usted, los comisionados, previo proceso de elección vía examen, son propuestos por el Presidente de la República y ratificados por el Senado, mientras que al presidente del IFT lo nombra únicamente el Senado de entre los comisionados, por el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes por un periodo de cuatro años renovable por una sola ocasión. Cuando la designación recae en un comisionado que concluye su encargo antes de dicho periodo, éste desempeñará la presidencia sólo por el tiempo que falte para que concluya su encargo como comisionado.

¿Qué hace el presidente del instituto?

Es un cargo importantísimo, preside al pleno y al propio instituto. Administra sus recursos humanos, financieros y materiales; representa al IFT legalmente, en foros y organismos internacionales; convoca y conduce las sesiones del pleno y coordina la ejecución de las resoluciones adoptadas; nombra y remueve a gran parte del personal del Instituto, y somete a consideración del Pleno los diversos asuntos, entre otras atribuciones.

¿Qué puede pasar con la presidencia del IFT? Ya estamos acostumbrados a que nuestros legisladores nos dejen colgados con los plazos, baste ver lo que ha pasado con el aún acéfalo organismo anticorrupción. También hemos visto que cuidar las instituciones que ellos mismos crean no se les da a todos los legisladores. En el caso concreto del IFT han intentado minar su autonomía ya un par de veces, las controversias contra la portabilidad y contra los lineamientos para la defensa de las audiencias, son ejemplos de ello. Así que le planteo lo que puede pasar con la presidencia del instituto los próximos días:

1. Que llegado el 10 de septiembre no hayan nombrado a nadie.

2. Que ratifiquen a Gabriel Contreras.

3. Que designen a [email protected] [email protected] como presidente.

La primera opción, que sería muy desafortunada, no hay que descartarla. Desde que el Senado ratificó en abril pasado a Alejandra Palacios al frente de la COFECE, cargo que inició el mismo día que Contreras, extrañó que no hicieran lo mismo con el IFT, lo que claramente mandó una señal sobre su posible no ratificación, pero también reveló que existen negociaciones entre los diferentes actores para considerar a alguien más en ese cargo. Ahora bien, si esto sucede, la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión señala que en caso de ausencia del presidente del Instituto, le suplirá el comisionado de mayor antigüedad y, a igualdad de antigüedad, el de mayor edad. En este caso entraría Adriana Labardini cuyo cargo como comisionada concluye en febrero de 2018. Esto no es lo mejor pues, aunque ella ha sido muy buena y congruente con sus convicciones, el corto plazo que le resta, aunado a la inestabilidad que crearía el interinato hacia adentro de las filas del Instituto, podría provocar un traslado de sede de la toma de decisiones hacia personajes políticos fuera del IFT, lo que haría sentido si lo que quieren los legisladores es debilitar al órgano autónomo. Sería una verdadera contrarreforma.

Pero entonces, ¿a quién designar? ¿Deben ratificar a Gabriel Contreras? Desde luego que hay presiones de algunos regulados y grupos políticos para tratar de que llegue lo más parecido a un telecomisionado, sobre todo porque se trata de un cargo transexenal; de hacerlo, el Senado pagaría un costo institucional e histórico muy caro.

Olvidémonos de coyunturas y grupos de interés, ¿qué deberían considerar los senadores para tomar su decisión? Es indispensable hacer un balance del trabajo que ha realizado a la fecha Gabriel Contreras. Yo no comparto todas las decisiones que él ha encabezado, como el que no se hubiera interpuesto una controversia constitucional contra la ley por invasión de facultades o la horrenda suspensión de los lineamientos para la defensa de las audiencias, pero por otro lado se ha cumplido con lo que parecía una agenda regulatoria imposible, hay más oferta en tv y radio, los precios de los servicios han bajado, se ha regulado en forma más transparente y se ha construido una institución con reconocimiento incluso internacional. Creo que debe quedarse.

El Senado, a través de su Comisión de Comunicaciones y Transportes que ahora encabezará Raúl Gracia Guzmán del PAN, tiene un enorme reto; deberá evaluar que los candidatos a la presidencia del Instituto se hayan conducido con legalidad, su experiencia, el plazo que les queda en su encargo, su imparcialidad, que hayan cuidado a la institución; deberán estudiar el sentido de sus votaciones para revisar la congruencia en sus decisiones, la capacidad con la que cuentan para crear consensos, su liderazgo, e incluso su desempeño laboral, qué certidumbre darán de llegar a la presidencia, etc. etc. Y si de plano siguen con dudas, pues que los llamen para que expongan públicamente su agenda y cómo ha sido su paso por el Instituto, su relación con los regulados, su cumplimiento con las reglas de contacto, en fin, total transparencia. Lo que no se vale es que los senadores vayan a permitir la manipulación en una decisión tan importante. Los ciudadanos estamos pendientes, estamos observando.

Presidenta de Observatel y profesora de la Universidad Iberoamericana en México. Este artículo refleja la posición personal de la autora.
Twitter: @soyirenelevy
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