No es posible decir que todos somos Yndira

Héctor De Mauleón

Acaso las dos están mintiendo. A Yndira ya le conocimos algunas mentiras. Falta ver qué arroja ahora la investigación sobre la agente municipal

Otra vez alguien miente. Impúdicamente. Cínicamente. Descaradamente.

El domingo pasado, una artículo de Sanjuana Martínez, publicado en La Jornada, provocaba indignación.

La antropóloga social y defensora de los derechos humanos Yndira Sandoval le relató a la periodista la manera en que policías de Tlapa la detuvieron arbitrariamente, alegando que se había negado a pagar el costo de una consulta. Ella, en realidad, según dijo, sólo había ido a sacar dinero de un cajero automático.

Al volver, encontró que seis elementos de la policía municipal intentaban detener a su compañero, “porque supuestamente se habían negado a pagar la cuenta de la clínica”.

Según su propio relato, Yndira preguntó por qué lo detenían y reveló que ella era defensora de derechos humanos. A ella también la detuvieron. Cuando solicitó que se aplicara el protocolo para que en lugar de un policía la revisara una policía, una agente la calló con malas palabras y le dijo:

“Aquí en Tlapa te chingas”.

Yndira dijo que la lanzaron a la batea de la camioneta, que le apretaron la herida que había ido a curarse al hospital, que la torturaron “física y sicoemocionalmente”, y que todo el trayecto a la comandancia la agente la tuvo de rodillas, jalándole el cabello hacia atrás, riéndose y espetándole:

“Pinche güerita pendeja, aquí estás en Tlapa y te voy a enseñar quién manda”.

De acuerdo con la versión de Yndira, al llegar a la comandancia sucedió lo peor. Mientras una agente vigilaba en la puerta de la celda, la policía que la había agredido la sometió, le tocó los senos, le desabrochó el pantalón y le metió los dedos en la vagina. “La violación duró unos cinco minutos”, le dijo a Sanjuana.

La presunta agresión fue denunciada 36 días después en una conferencia de prensa en la que tomó parte la secretaria general del PRD, Beatriz Mojica. Luego se publicó un desplegado en el que se condenó la violencia de género en contra de la antropóloga, y se exigió la detención de quienes tomaron parte en los hechos, y la inhabilitación de “las y los” servidores públicos del ministerio público especializado en delitos sexuales.

Las condenas brotaron, las redes ardieron. Circuló el hashtag Todos somos Yndira.

Al día siguiente circuló un video. Mejor dicho, dos videos. Tenían la virtud de meterle a uno en la cabeza la idea de que la antropóloga no lo había contado todo, e incluso había dicho algunas mentirijillas.

El primero era el de su detención. La defensora de los derechos humanos vociferaba alcoholizada (no se indignen: esto último no es una crítica, sólo es una descripción), y echaba mano de algunos trucos ante los policías.

“Me estás lastimando, no tienes derecho a tocarme, ¿sí?”, dijo cuando un policía la detuvo con la mano para que no volviera a meterse al hospital.

Y también: “Yo no voy a ser una desaparecida como ellos dicen, que ahorita voy a ver si sí o no voy”.

El segundo video, tomado cuando la activista entregaba sus pertenencias antes de pasar a barandilla, mostraba una realidad radicalmente distinta a la que ella había narrado.

No aparecía ahí una mujer a la que todo el trayecto le fueron jalando el cabello, y a la que le habrían ido diciendo: “Pinche güerita pendeja… te voy a enseñar quién manda”.

Aparecía una mujer echada para adelante que se burlaba de los agentes cantando consignas (“policía, jodido, también eres mi amigo”) y les decía: “Eres pueblo, cabrón, eres pueblo y te oprimen, ojete”. Y que decía también: “Cómo les indigna que una pinche ciudadana pendeja conozca sus derechos”.

La policía señalada por Yndira también dio su versión de los hechos. Negó haber tocado a la activista, aseguró que ésta la había amenazado porque “era influyente, hija de una diputada federal, amiga de Beatriz Mojica”, y señaló incluso que la había llamado “indígena ignorante”.

En una marcha de apoyo que realizaron ayer “mujeres feministas y de diversidad sexual”, Yndira declaró que la había violado el Estado, y acusó a los medios de olvidarse de que “la víctima he sido yo”.

Evidentemente, una de las dos está mintiendo. O acaso las dos están mintiendo.

A Yndira ya le conocimos algunas mentiras. Falta ver qué arroja ahora la investigación sobre la agente municipal.

Mientras tanto… No es posible decir que todos somos Yndira. 

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