El fin de los politicastros

Héctor De Mauleón

En el Palacio del Ayuntamiento corre la versión —que Roberto Rock documentó ayer en estas páginas— de que el candidato de la coalición PRD-PAN-MC a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México será el ex secretario de Desarrollo Económico, Salomón Chertorivski.

Una encuesta dada a conocer hace un par de días por EL UNIVERSAL revela que entre los candidatos del Frente es Chertoriviski quien tiene los mejores resultados positivos: 31.3% de las opiniones le son favorables, contra 25.6% que ostenta la que ha sido vista hasta hoy como la candidata más fuerte, la ex dirigente del PRD Alejandra Barrales.

Desde hace varias semanas, Chertorivski basó los términos de su precampaña en la presentación de 70 propuestas específicas “para construir una mejor capital”.

Señaló problemas concretos relacionados con temas como el agua, el salario, la seguridad pública, la movilidad y el transporte, el cambio climático, la contaminación, la inversión, la obra pública y el combate a la corrupción.

Aceptó someterse a un examen público, en el que académicos e intelectuales lo interrogaron sobre problemas urbanos acuciantes y la manera en que habría de resolverlos. Chertorivski mostró dominio de estos temas y, lo más importante, tuvo a la mano soluciones posibles para cada uno de ellos.

Su perfil no es el del político perredista, curtido en cochupos y enredos de corrupción, al que lamentablemente, tras 20 años de gobernar esta ciudad, el PRD nos tiene acostumbrados.

Aquí he relatado cómo durante su gestión al frente de la Sedeco la ciudad volvió a crecer por encima del promedio nacional. A Chertorivski se debe la primera discusión seria sobre el salario mínimo ocurrida en los últimos 40 años, y se debe la creación de la oficina de información económica más importante del mundo.

Tiene un proyecto sobre el terreno del actual Aeropuerto que podría ser el más significativo de cuantos se han presentado hasta ahora para el futuro de la ciudad.

Y sobre todo, no lo acompañan escándalos de corrupción.

Es un perfil completamente nuevo en el erosionado y muchas veces grotesco panorama político de la Ciudad de México (recuérdese a la pareja Dolores Padierna-René Bejarano).

Desde ese punto de vista, Chertorivski representa un quiebre radical con una forma de hacer política y con una clase política que sólo ha dejado a los ciudadanos indignación y hartazgo. En honor a la verdad, su rival más importante, Alejandra Barrales, es la continuación de una cultura política que hoy parece agotada.

En la encuesta de EL UNIVERSAL, la precandidata de Morena, Claudia Sheinbaum, se lleva 39.5% de las opiniones positivas, contra solo 21.8% de las negativas.

En un partido que se ha dedicado a reciclar a una oscura galería de personajes con pasado cuestionable (para no ir más lejos véase el caso de Francisco Chiguil, ex delegado perredista en Gustavo A. Madero, obligado a renunciar tras el incendio de la discoteca News Divine que costó la vida de 12 personas, y que hoy es candidato de Morena a una alcaldía), Sheinbaum encarna también un perfil radicalmente distinto.

Aunque su ex compañero debió renunciar como delegado en Tlalpan al ser grabado recibiendo 350 mil pesos, la académica siguió en la política sin ser tocada en realidad por escándalos de corrupción.

Su idea de construir segundos pisos que privilegiaron el uso del auto particular en una ciudad con graves problemas de movilidad, su paso por la delegación Tlalpan —y su responsabilidad en la tragedia ocurrida recientemente en el colegio Rébsamen— son temas que deben revisarse. Como precandidata, sin embargo, Sheinbaum ha hecho propuestas interesantes en temas asociados a la corrupción, la seguridad, la movilidad, el agua, la igualdad de derechos y la equidad de género.

Tal y como a Chertorivski lo podrían lastrar algunos compañeros de partido de no muy buena nombradía, a Sheinbaum la podría arrastrar su disposición a estar eternamente de acuerdo con las dos figuras más prominentes de Morena: López Obrador y su hijo Andrés.

La encuesta que comento otorga al candidato del PRI-PVEM, Mikel Arriola, un 22.6% de opiniones positivas. Remontar el desprestigio que ambos partidos tienen en la capital parece imposible.

No obstante, Arriola posee también un perfil distinto al del priísta tradicional. Su carrera se ha extendido durante más de 15 años. No lo sigue la sombra de la corrupción y ha logrado cosas importantes para el país: una de ellas, salvar de la quiebra al IMSS y llevarlo a un superávit de siete mil millones de pesos.

El cambio de perfil que entrañan estos posibles candidatos es obra de los ciudadanos: de su enojo, de su hartazgo, de su rechazo a la corrupción. Esta elección podría marcar el fin de los politicastros, el inicio de una nueva forma de actuar. Bien mirado, gane quien gane, los ciudadanos ya ganamos algo.

 

@hdemauleonde
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