La verdadera democracia: una alternativa

Guillermo Sheridan

Con objeto de editar una vieja carta, en la que unos intelectuales latinoamericanos discuten sobre la democracia en Cuba, tuve que ponerme a revisar algunos discursos del compañero Fidel, que en paz descanse. Y bueno, como ahora mismo en México nos encontramos de nuevo en el laborioso trance de ser democráticos, no pude sino apreciar esta fascinante opción cubana.

Así pues, con no otro ánimo que el de ampliar la mira y vitaminar el debate, cito fragmentos de “El mérito de la democracia cubana”, discurso que peroró el Comandante Jefe de Todo en 1991:

“Nuestro sistema político, cuando se habla de democracia, no tiene que envidiarle nada, en absoluto, a ningún país de la Tierra.

“Sabemos bien lo que quería el imperialismo y todo el mundo: pluripartidismo, politiquería, economía de mercado, regreso al capitalismo, todo ese tipo de cosas. Por eso perfeccionamos nuestro sistema: ¿quién iba a postular a los delegados? ¿el Partido? Yo defendí que los delegados fueran postulados por los vecinos en asamblea.

“Nuestro sistema de elección indirecta de los diputados a la Asamblea Nacional es muy democrático: los delegados de circunscripción son nominados y elegidos directamente por el pueblo, estos después eligen a los delegados de la provincia y a los diputados a la Asamblea Nacional.

“Hemos establecido un procedimiento que no existe en ninguna otra parte, en ningún otro país socialista, ni en ningún país capitalista. Es decir, ¿quién postula? El pueblo postula. ¿Quién elige? El pueblo elige.

“Ahí nos colocamos por delante de los demás países, porque en los demás países son los partidos políticos los que deciden quiénes van a ser los diputados. No es el pueblo el que postula, son los partidos; y no solo postulan, sino que deciden quién va a ser electo por ese mecanismo, y eligen un Parlamento que a veces elige un presidente, al jefe del Estado, y eligen después al jefe de gobierno.

“Es mucho más democrática y más práctica la elección por un organismo colegiado, por una asamblea, porque el individuo que recibe en una elección el voto directo tiene un poder enorme, se puede endiosar y sentirse por encima de todos los demás.

Yo encuentro mucho más democrática, mucho más práctica, realmente, la elección por una asamblea; me parece más humilde y más democrática.

“En el capitalismo las elecciones se convierten en verdaderos concursos. Las campañas políticas cuestan millones de dólares. Existen hasta técnicas desarrolladas de cómo inculcar las decisiones del individuo (…) y movilizan grandes cantidades de dinero para tratar de lograr influir en la decisión de los electores.

“En nuestro sistema no existen esas campañas. Encontramos un método magnífico, que fue el del mérito y el expediente de cada ciudadano para que, a partir de ese mérito y de ese expediente, la gente escogiera el delegado. Nos liberamos de esa cosa realmente viciosa, que son las campañas políticas y politiqueras, que eran las que se conocieron aquí en otros tiempos.

“Hay otra convicción íntima que albergo con relación a nuestros países y a nuestro país en especial. La convicción íntima es la altísima conveniencia del partido único. En mi vida revolucionaria he meditado muchas veces sobre todos estos problemas, porque el pluripartidismo es el gran instrumento del imperialismo para mantener a las sociedades fragmentadas, divididas en mil pedazos.

“Un país fragmentado en diez pedazos es el país perfecto para dominarlo, para sojuzgarlo, porque no hay una voluntad de la nación, ya que la voluntad, el esfuerzo de la nación se divide en muchos fragmentos, las inteligencias todas se dividen, y lo que tiene es una pugna constante e interminable entre los fragmentos de la sociedad. Un país del Tercer Mundo no se puede dar ese lujo.

“Martí vio con claridad meridiana que hacía falta una unidad muy sólida, que hacía falta un partido para dirigir la revolución. No recuerdo haber visto una idea diferente de Martí, ninguna referencia al pluripartidismo.

“Bolívar fue también partidario del partido único, al ser siempre crítico incesante de fracciones, fragmentos y partidos.  Pero esto tenemos que hacerlo sin politiquería, ahí es donde sí es verdad que tenemos que volver a meditar mucho y utilizar la inteligencia, para que nuestros mecanismos no nos conduzcan a la politiquería, a la competencia, a la guerra de unos candidatos con otros. Eso es muy importante.”

Hasta ahí las palabras del camarada Fidel.

Hasta la victoria siempre.

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