La credibilidad de los árbitros en la Liga MX está por los suelos

Gilberto Alcalá

Hubo dos o tres árbitros que hicieron trabajos aceptables. El Puebla-Pumas fue uno, donde Adonai Escobedo expulsó correctamente a Nicolás Castillo por insultos.

En el Monterrey-América hubo dos buenas decisiones de Jorge Isaac Rojas: el penalti sobre Dorlan Pabón, de Bruno Valdez, y lo que pasó en la tarjeta roja a Neri Cardozo por una entrada muy fuerte. En cuanto a lo malo, Roberto García Orozco deja en la cancha a André-Pierre Gignac, durante el Cruz Azul-Tigres, pese a que el francés dio un manotazo, que era una conducta violenta. En el partido León-Veracruz, César Ramos expulsa al defensa de los Tiburones Rojos Guido Milán, quien ni siquiera había tocado a Luis Montes.

Después de esa jugada, se vino la goleada para los de casa. En el Guadalajara-Tijuana, Fernando Hernández había dado por bueno un gol al equipo visitante, que era el 3-2 y quedaban 10 minutos, pero después lo anuló, pese a que era legítimo. Y lo de ayer en Toluca fue una penosa y triste actuación de Francisco Chacón, sobrado y sin deseos. Se ve que está en sus últimas. Al final, marca una mano de Mario Osuna, pero primero le pegó en el pecho, por lo que no es penalti. Se armó mucho lío y el Toluca falló el penalti, lo que estuvo a punto de costar un desaguisado al Morelia.

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