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Esquilmando al turista en Quintana Roo

Dice el Diccionario de la Real Academia que esquilmar es ‘menoscabar, agotar una fuente de riqueza sacando de ella mayor provecho que el debido’, y eso es lo que pretende el poder Ejecutivo de Quintana Roo, al buscar incrementar el impuesto sobre servicios de hospedaje
11/12/2017
01:58
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Dice el Diccionario de la Real Academia que esquilmar es ‘menoscabar, agotar una fuente de riqueza sacando de ella mayor provecho que el debido’, y eso, precisamente eso, es lo que hoy pretende el poder Ejecutivo de Quintana Roo, al buscar incrementar en un punto porcentual el impuesto sobre servicios de hospedaje, pasándolo de 3% a 4% en el periodo 2018-2021, según iniciativa presentada al Congreso del estado, misma que habrá de resolverse en esta semana.

 

Cierto, a primera vista el aumento parece minúsculo y el fin al que se propone su asignación (atención a las necesidades de seguridad pública) constituye una prioridad para la entidad, para la industria turística local y para los propios turistas; sin embargo, diversos factores concurren para concluir que el mejor camino para el fortalecimiento de las finanzas públicas, no es el encarecimiento de un producto en un mercado de alta y global competencia.

 

Y no lo es por diversas razones, entre las que se pueden mencionar: una desproporcionada carga fiscal asumida de manera directa por los turistas y de manera indirecta por las empresas del sector; la falta de un trato más equitativo para entidades federativas altamente contribuidoras a las finanzas públicas nacionales; la limitada transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio del presupuesto para la promoción turística en el estado; y un desequilibrio en las condiciones de competencia.

 

Así, conviene recordar que la carga fiscal por impuestos indirectos a los turistas (IVA e impuesto hotelero) aumentaría en Quintana Roo en menos de cinco años en casi un 50%, al pasar de 14% a 20%. Un incremento de esta naturaleza, necesariamente, supone ruido en las negociaciones con los intermediarios del mercado turístico, quienes buscarán que estos aumentos sean asumidos por el prestador de servicios y no por el mercado final, lo que se traduce en un deterioro de la rentabilidad empresarial de las empresas hoteleras asentadas en México.

 

No es una consideración menor, por otro lado, recordar que Quintana Roo es ‘la joya de la corona del turismo mexicano’, y que parece razonable estimar que allí se capta la mitad de los cerca de 21 mil millones de dólares que ingresarán al país este año por concepto de divisas turísticas. Es cierto entonces que bien podría revisarse el trato de reciprocidad fiscal que recibe por parte de la Federación, habida cuenta de la contribución que realizan a las arcas nacionales las empresas que allí operan.

 

Con relación a la transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio de los recursos he hablado con muchos empresarios de la región, y ninguno me dice que perciba el mismo entorno de corrupción signo de la administración estatal anterior, dicho lo cual, sin embargo, me señalan también que no hay evidencia clara de en qué se utilizan los recursos provenientes del impuesto al hospedaje y que deberían emplearse mayoritariamente para la promoción turística de los destinos de la entidad, teniendo en cuenta que la conservadora estimación de la Ley de Ingresos estatal de este año los tasaba en mil 187 millones de pesos, en números redondos.

 

Es claro que desde la óptica de la fiscalización, no hay mejor causante que el causante cautivo y, por ende, en este caso es fácil de aplicar la ley del menor esfuerzo y cargar la mano a los establecimientos de alojamiento establecidos, en vez de ir tras otros prestadores de servicios turísticos —y en general de las personas físicas y morales— que se mueven en un marco informal, como las rentas de vivienda para visitantes (del tipo Airbnb y marcas similares), las que no solo tendrían que causar el impuesto al hospedaje, sino que deberían ser sujetas de una fiscalización y regulación como cualquier negocio turístico.

 

No deja de ser una paradoja difícil de explicar el que en los momentos en los que el turismo marcha mejor, mayores cargas impositivas recibe y más se le escatiman los recursos, recordando que el presupuesto que la Secretaría de Hacienda solicitó y el Congreso aprobó para el sector turismo para 2018 es, en términos reales, 50% menor a lo asignado en 2015.

 

Intentonas como esta son frecuentes e incluso entendibles; no obstante, no pueden ser permitidas, so pena de que tarde que temprano el turista, que tiene cientos de opciones, decida evitar aquellos sitios en los que tenga la sensación de ser esquilmado. Una vez más… ¡No matemos a la gallina de los huevos de oro!

Director de la Facultad de Turismo y Gastronomía, Universidad Anáhuac México.
Twitter: @fcomadrid
Director de la Facultad de Turismo y Gastronomía de la Universidad Anáhuac México Norte.

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