México en la UNAM

Beatriz Pagés Rebollar

Por: Beatriz Pagés Rebollar

Si la reconstrucción del México posrevolucionario pasó por la Universidad Nacional de México, si una nación, con las venas abiertas, recurrió a destacados universitarios para configurar una nación justa y moderna, hoy la demanda es volver a abrevar en el espíritu nacionalista, liberal y al mismo tiempo universal de esa máxima casa de estudios, para replantear, a partir de esa visión, el proyecto de un nuevo país.

La UNAM no sólo es un baluarte de la cultura y la educación pública del México contemporáneo, también es una de las obras más excelsas en materia de justicia social. Sus aulas han hecho más milagros que un santo y más cambios que una revolución: han convertido a hijos de campesinos, obreros y albañiles en médicos e ingenieros, en abogados o literatos.

Los tiempos exigen voltear a ver a Justo Sierra. Las razones que tuvo para impulsar la creación de una universidad que debía ser nacional, laica, autónoma, pensada para combatir la ignorancia, pero sobre todo como un vigoroso catalizador del desarrollo.

A partir de ese legado se antoja que la UNAM está llamada a incidir de nueva cuenta en la reconstrucción del país; en la configuración de un nuevo sistema, más democrático, que dé prioridad a reducir la brecha económica que existe entre un sector inmensamente rico y otro, inmoralmente pobre.

Traer al siglo XXI a Justo Sierra, y también a egresados como José Vasconcelos, Antonio Caso, Salvador Zubirán, Nabor Carrillo, Carlos Chávez, Jaime Torres Bodet y muchos otros que, como resultado de la mística republicana en la que fueron formados, pergeñaron para el país instituciones como la Secretaría de Educación Pública, el IMSS, el Instituto Nacional de Cardiología, Pemex, el Banco Nacional de Crédito Agrícola o la Comisión Federal de Electricidad.

El espíritu liberal de la UNAM, entendido como libertad de conciencia y respeto a la diversidad de pensamiento, de convicciones religiosas o de creencias, es el antídoto que debe inspirar futuras políticas de gobierno contra la intolerancia y el encono. Debe ser también el pensamiento que propicie la edificación de puentes entre todos los actores a fin de lograr que ese mosaico racial, lingüístico, ideológico, culturalmente diverso y en muchos sentidos contrastante, pueda estar unido en lo fundamental.

Y en la esencia, en lo que es común a todos, también esta Ella, la Universidad, institución que trabaja sin tregua en el enriquecimiento de la identidad. La UNAM es también memoria de un pueblo. En sus archivos históricos están las causas de la fragmentación del mexicano y ahí están también los remedios para remontar el choque de cosmovisiones que dejó la Conquista y que nadie ha trabajado a favor de la construcción de un ciudadano evolucionado, consciente de la grandeza de su pasado histórico y, por tanto, orgulloso de sus raíces.

En la reconfiguración del Estado mexicano, de la economía, la sociedad y la cultura; en la revisión de lo que somos y queremos llegar a ser como sociedad y como un país que quiere tener presencia e influencia, prestigio y reconocimiento en el ámbito internacional, es imprescindible contar con la mirada penetrante del águila y del cóndor, del ave bicéfala UNAM que protege con sus alas el mapa continental para asegurar su influencia.

La Fundación UNAM cumple hoy más que nunca con hacer trascender la importancia de un centro de estudios que seguirá siendo guía y vigía en el destino nacional.

 

Miembro de la Cátedra Extraordinaria Benito Juárez de la UNAM

Guardando favorito...

Comentarios