Crisis de los 30
El lugar de las #plaquejas

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Cosas que el feminismo me arruinó

Estas malditas gafas violeta nada más complican mi vida, pero ya no hay marcha atrás
18/10/2016
03:47
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-Comer fuera

Antes me daba igual que, ante la presencia de un hombre en la mesa, el mesero (sí, en masculino, porque nunca me ha tocado una mesera que me ignore por completo) me tratara como a un fantasma o un objeto inanimado. Me limitaba a disfrutar de mis alimentos o a plaquejarme de los mismos, según fuera el caso.

Ahora se me ponen los pelos de punta cuando visito restaurantes vieja escuela, de esos en que los meseros ni siquiera te voltean a ver y todo lo ven con “el caballero”. “¿Qué van a ordenar? ¿Qué vino desea? ¿Le puedo sugerir un merlot-no-sé-qué-vergas?”. Y cuando tú pides algo te avientan una mirada condescendiente, así como de “Ah, qué tierna, una mujer que habla”.

Lo bueno es que casi no voy a ese tipo de lugares. Pero ahora en cualquier bar, fonda, local hipster o taquería, me fijo muy bien en qué coordenadas de la mesa pone la cuenta el mesero cuando le pido la cuenta (¿en medio o significativamente más cerca de mi acompañante del sexo masculino, si es que no en su mano?), si cuando le doy mi tarjeta se la regresa a él  (el colmo es cuando de plano, en un intento de servicio “sobresaliente”, le dicen “Aquí está su tarjeta, señor Tamara”), si me trae la cerveza oscura que pedí o en automático se la da a mi novio. Cuando fallan el plaquetest, hago corajes.

No siempre me plaquejo así nivel #LadyIgualdadDeGénero porque me imagino que, como vivimos en el siglo XIX, muchas veces son los mismos clientes los que exigen que las cosas sean así. Pero sí les digo que qué pedo y, en los casos más gachos, no dejo propina (ASÚSTAME PANTEÓN).

-Los Ángeles Azules

Comentario hipster: a mí me gustaron Los Ángeles Azules antes de que se pusieran de moda en la Roma-Condesa y que sacaran una línea de Panam basada en ellos. En 2009 hasta hice una mini literal video version de “El listón de tu pelo”.

 

 

(Si en 2009 vivían en otra dimensión y no saben qué son las literal video versions, por favor clic aquí).

Bueno, toda esta tonta introducción para decir que, aunque los amo con todo mi corazón, me incomodan algunas de sus letras. ¿Qué pedo con la de “17 años”? O sea, güey, no, no puedes salir con una morra menor de edad. ¿”Que si esto es el amor”? NOOOO, es un cabrón que se aprovecha de que eres callada, tímida, inocente tienes la mirada. Sal corriendo y cuéntaselo a quien más confianza le tengas o mejor ve directo al Inmujeres. Y creo que no le quiero entender a la de “Mi niña mujer”.

-Mis escritos viejos

Hasta hace poco, me hacía mucha gracia leer lo que escribía hace años; pensaba “Ay, qué simpática, qué frescura tenía”. Ahora repaso mis posts antiguos y me la paso trabando los ojos, así de “No mames Plaqueta, qué pedo con tu machismo, tu clasismo, tu discriminación hacia la gente diferente... ¡qué osoooooo! ¡#Conapreeeeeeed!”. Horrible. Cuando sea candidata a la presidencia de algún país, van a usar todo lo que dije en mi contra, porque mi vergonzoso pasando está disponible en línea en mi blogspot y en mi Twitter. No he borrado ni editado nada, ni pienso hacerlo, para que quede constancia de que las personas se pueden rehabilitar y dejar el machirulismo atrás, sin importar la edad.

-Pasear por la ciudad

Antes no pelaba el acoso callejero o lo contestaba con un “¡Gracias!” (esta segunda opción ya era un poco transgresora, porque lo esperado es que bajes la cabeza y te hagas chiquita). Ahora enfrento a los güeyes y, en la medida de lo posible, hago escándalo. Pero esto sólo aplica en barrios donde me siento segura. Si voy a, no sé, Cuchilla del Tesoro, donde luego luego se ve que soy una invasora fresa que no conoce los códigos, y un güey me acosa, ni modo que me le ponga al brinco. O, sin ir más lejos, en Tepito: ¿le voy a decir al del puesto de series piratas que no estoy de acuerdo con el comentario que hizo sobre mi apariencia física? ¿LE VOY A TOCAR EL PITO DE MANCERA? Pues nel. Acá me trago ni feminazismo y, ay, qué feo sabe el condenado.

-Mis amigos

 

Una vez que adquieres el filtro feminazi no hay forma de arrancártelo de los ojos ni de los oídos. Entonces te das cuenta de que tus amigos progres son unos machos de lo peor. Siempre lo han sido, pero primera vez te duele ver y escuchar cómo hablan de las mujeres, cómo tratan a sus parejas (en caso de bugas), cómo se hacen de la vista gorda (o de plano justifican) ante la violencia de género. Y como es algo constaaaaaante en lo que dicen y hacen, ya nunca sabes si debes señalar algo culero o mejor dejarlo pasar, porque no quieres ser monotemática ni arruinar la conversación. Aprendes a escoger tus batallas, pero generalmente pelas menos de las que “deberías”, y entonces te sientes culpable por no ser una buena feminista. Aunque pues tampoco es tu chamba explicarles con peras y manzanas cada cosa. Ay, son tantas las contradicciones que ya mejor ya nunca sales nunca ni hablas con nadie y mejor te quedas viendo las películas de Paul Feig en un loop eterno.

-Películas que no son de Paul Feig

Ya no puedo ver tranquilamente cualquier churro en la tele ni en el cine sin preguntarme: ¿Pasa el test de Bechdel? ¿Hay desnudos femeninos innecesarios mientras que a los güeyes se quedan con sus calzoncillos puestos? ¿Las mujeres necesitan la ayuda de uno o varios hombres para alcanzar sus objetivos? ¿Se idealiza el amor romántico? ¿Hay representación de cuerpos no estandarizados? ¿Hay minorías raciales? ¿Todes son bugas? ¿La directora es mujer? ¿Le dieron chamba a mujeres detrás de cámaras? ¿Le pagaron igual a las actrices que a los actores? ¿QUÉ LE ESTÁN ENSEÑANDO A LAS NIÑAS?

Por estarme mortificando por estos detalles luego ya no entiendo la trama, especialmente si hay documentos y uesebés involucrados (¿ustedes no odian las películas donde toda la trama gira alrededor de un USB?). DE QUÉ SE TRATA QUIÉN ES EL MALO CUÁL ES HARRY POTTER.

-Conocer gente

Me da el soponcio al escuchar el 90% de las conversaciones conocides-no-cercanes, porque más temprano que tarde sale a relucir el sexismo y lastima mis oídos como uñas sobre pizarrón (AAARGRGH). Es un sentimiento mutuo: cuando estas personas me preguntan qué hago y yo les respondo que escribo de varios temas, como tacos, museos, peatones, viajes, lugares raros y FEMINISMO LA PALABRA PROHIBIDA, me ven como si les hubiera dicho que soy golpeadora profesional de foquitas bebé y se alejan disimuladamente para luego salir corriendo. Estoy condenada a una vida solitaria, rodeada solamente de gatos y feminazis y gatos feminazis.

¿A ustedes cómo les alteró la vida el feminismo? No dejen de enviar su experiencia aquí a “Feminazi, casos de la vida real”.

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Como la escuela de diseño le quedaba muy lejos, Tamara De Anda (Ciudad de México, 1983) estudió Comunicación en la UNAM.

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