Tenemos que hablar del #NameShaming

Obviamente me saqué este término de la manga. ¿Pero qué nos importa cómo se llaman los demás y por qué un funcionario va a decidir qué nombres se valen y cuáles no?
OTRAS
30/08/2016
10:03
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Como la escuela de diseño le quedaba muy lejos, Tamara De Anda (Ciudad de México, 1983) estudió Comunicación en la UNAM.
OTRAS

Desde hace meses estoy cansada de las burlas a las personas mexicanas con nombres “extranjeros”, especialmente si tienen “mala ortografía”.

El colmo llegó la semana pasada, cuando se viralizó esta nota de Milenio, que informa que en el registro civil de Xilitla, San Luis Potosí, están “orientando” a las familias para que no bauticen a sus bebés con nombres exóticos, con el noble fin de evitar que les hagan bullying. La vi compartida varias veces en mi Facebook con comentarios que celebraban la medida porque ya era demasiada la “epidemia” de “Brayans” y que ojalá la implementaran en todo el país.

Qué bonitos se ven discriminando y haciendo #NameShaming (obviamente me saqué este término de la manga, aunque seguramente ya existe). Y qué hermoso el Registro Civil (curiosamente presidido por una “Janett”) oficializando el bullying: no des motivos para que molesten a tu chiquille, mejor ponle un nombre con el que no estés satisfecho pero que no vaya a llamar la atención de los mexicanos clasistas, ya ves cómo son, hay que agachar la cabeza y pasar inadvertidos.

¿Entonces sólo podemos tener nombres cuyo origen corresponda a nuestra etnia y/o ascendencia cultural o qué pedo? Yo, por ejemplo, tendría que renunciar a “Tamara” porque no soy judía. ¿Por qué un funcionario va a hacer la curaduría entre lo correcto y lo inaceptable a la hora de nombrar a los mexicanos? ¿Ahora resulta que somos una cultura monolítica y no vamos a tomar influencias extranjeras, que sólo se vale ser consumidores pasivos de la cultura de otros lados porque qué oso agarrarla con nuestras sucias manos mestizas? ¿Quién decide cómo se va a escribir un nombre? ¿Por qué tanto repele a “Brayan”, si tiene mucho más sentido en nuestro contexto que “Brian”? Por cierto, les recuerdo que quienes se llaman en lenguas originarias no están exentos de escarnio. Al parecer, sólo los nombres españoles (o que “suenen” españoles) son admisibles.

¿Por qué una Kimberly de la Ibero no le da risa a la gente y una del Conalep sí, incluso si tienen apellidos similares? Quizá la primera ya consiguió su licencia de nombre extranjero gracias a sus frecuentes viajes a San Antonio y Vail y la otra sólo los vio en la tele wey, qué oso wey. Porque la primera ya hizo las compras necesarias para “pasar” como una Kimberly “legítima”, mientras que a la segunda se le nota “el nopal en la frente”, y pues qué horror, porque nada peor en México que parecer mexicano... y como nada peor en México que parecer mexicano, intentas contrarrestarlo con nombres que suenen extranjeros y con pelo pintado de güero y pupilentes azules, pero ah, los que cuentan con mecanismos desmexicanizantes más sofisticados y costosos vendrán a burlarse de ti porque AHAHAH QUÉ NACO. Etcétera hasta el infinito.

El único argumento que quizaaaaá justificaría la medida es evitar que la persona pase la vida entera deletreando su nombre en ventanillas de gobierno y enfrentando trámites enredosos porque escribieron mal su nombre en un documento oficial. Sin embargo, es un hecho conocido por todes que, te llames María, Pedro, Juan o Mohammadpourkarkaragh, los del registro civil o los del INE van a cometer un error a la hora de capturar tus datos. Así como no hay manera de escapar del pinche clasismo, estamos condenados a la burocracia mexicana. Fin.

***

En vez de sus mamadas moralinas y discriminatorias, ¿por qué no facilitan el proceso de cambiarte el nombre? Así tendríamos más gente feliz, como el basquetbolista que se llama Metta World Peace. O como Meat Loaf.

“Se los dejo de tarea”.

 

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