De mundo a mundo

You are here

Impunidad: el talón de Aquiles de la democracia mexicana

La corrupción y su hermana gemela la impunidad han minado las estructuras del Estado en todos los niveles. Los Duarte y Borge podrían ser el siguiente ejemplo de impunidad.
13/10/2016
03:58
-A +A

Estamos a unos cuantos meses de que culmine el año 2016, un año con altibajos en todos los aspectos pero especialmente en el económico y en el político. Año de elecciones estatales que enviaron un claro mensaje de hartazgo de la sociedad con el desempeño de sus gobiernos locales. 

La mayor parte de las gubernaturas que se disputaron este año cambiaron de signo político, sin importar cual era el partido anterior, especialmente, hay que decirlo, cambiaron contundentemente aquellas donde los índices de percepción de violencia (según la Encuesta que al respecto elabora el INEGI) eran más altos. 

El peor enemigo no es, aunque lo parezca, el narcotráfico y su violencia, tampoco lo es el percudido sistema judicial o el electoral. El mal que aqueja a nuestro país desde hace décadas y aquel que ningún gobierno ha intentado erradicar en serio es el que en nuestro futuro cercano amenaza con acrecentarse a límites insospechados.

Violencia es igual a corrupción e impunidad. Y son, con mucho el trinomio que ha estado minando en los últimos años la democracia y el desarrollo en México. Un trinomio malvado que se alimenta sobre todo del egoísmo y la codicia de quienes alcanzan un puesto de poder para servirse de el. 

La corrupción y su hermana gemela la impunidad han minado las estructuras del Estado en todos los niveles posibles pero especialmente en los más altos, desde las instituciones gubernamentales hasta el ejército pasando por los servicios de salud y el sistema judicial. 

Y para muestra bastan los lamentables casos de Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo, sólo para hablar de los más recientes. Los Duarte y Borge, tres personajes que terminan sus gestiones con grandes acusaciones de corrupción sobre sus espaldas y que no pueden quedar impunes. 

Ayer mismo Duarte anunciaba con una tranquilidad exasperante, que solicitará licencia para separarse antes del cargo “y que se le investigue” pues él es inocente de lo que se le acusa y no tiene nada que temer. Aún cuando hay abierta una investigación en la PGR el asunto podría caer en el vacío si no hay un seguimiento puntual y serio. 

Roberto Borge deja Quintana Roo en una quiebra financiera luego de haber efectuado gastos millonarios para beneficiarse él y sus amigos a costa del erario público que llevaron al Estado a tener una deuda de más de 22,000 millones de pesos. Entregó el gobierno el pasado 25 de septiembre y habrá que esperar a ver si el nuevo gobierno emanado de una alianza PAN-PRD toma cartas en el asunto para evitar la impunidad. 

Del otro Duarte, el de Chihuahua, se habla que amasó una fortuna de cientos de millones de pesos durante su sexenio. Javier Corral, actual gobernador emanado de las filas del PAN ya presentó la denuncia ante la PGR sin embargo él mismo ha señalado que no hay seguridad de que “el gobierno quiera actuar” en contra de Duarte. 

Hace apenas dos años se publicaba en la revista Forbes publicó un artículo titulado “Los 10 mexicanos más corruptos de 2013” en México se levantó un gran torbellino. No únicamente por lo sugerente del título en una revista caracterizada por sus “rankings” sino porque en este caso se trataba ni más ni menos que de un tema que en nuestro país sigue estando escondido en las sombras y pocos medios se atreven a hablar de él y también, más aún, por lo relevante de los nombres que ocupaban la vergonzante lista. 

En muchos medios de comunicación hemos conocido, gracias a las leyes de transparencia, los graves desfalcos llevados a cabo por ejemplo en los Estados a través de endeudamientos millonarios, recursos que desaparecieron de las arcas como por arte de magia. Hemos leído con comas y puntos quienes, como y cuánto solicitaron, se llevaron, se robaron o entregaron a empresas de amigos y familiares y ¿cuál ha sido la consecuencia? Ninguna. Aquellos que han dejado en deuda a millones de mexicanos siguen tan libres y campantes que aún se dan el lujo de estudiar post-grados en el extranjero sin un ápice de vergüenza. 

A eso se le llama impunidad: eludir las consecuencias o sanciones (administrativas, penales o administrativas) que traería el haber actuado mal o ilegalmente o, según el Diccionario Internacional Cambridge “no ser alcanzado por sanciones ni por los resultados desfavorables de las acciones”. 

El que un corrupto se mantenga impune provoca un círculo vicioso a través de incentivos perversos para él y para otros: no hay sanciones ni consecuencias por lo tanto puede repetirse la acción o acciones ilegales obteniendo resultados benéficos para el corrupto. 

Si no se lucha contra la impunidad, la corrupción seguirá siendo un problema que continúe corroyendo las bases del Estado y de la sociedad. Seguirá mermando la confianza ciudadana en las instituciones hasta que no quede nada más que la ley de la selva. 

El combate a la corrupción va más allá de los discursos, mientras en la práctica el sistema solape a los corruptos Mexico no va a cambiar. Los Duarte y Borge podrían ser el siguiente ejemplo de la impunidad. Ojalá que no sea así.

Solange Márquez Espinoza
De Mundo a Mundo, un blog para contar realidades de aquí y de allá. Un espacio para comentar, debatir y construir sobre nuestro México hasta el fin del mundo. Ideas de la actualidad internacional y,...

Comentarios

Comentarios