Nutrición... ni bueno ni malo

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Prueba uno a la semana

Esta sesión fue mas divertida de lo que me hubiera imaginado y ¡se agradece!
09/12/2015
09:52
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Un paciente más que viene al consultorio y me permite darle ideas para mejorar su alimentación. Esta sesión fue mas divertida de lo que me hubiera imaginado y ¡se agradece!

Imaginemos que ella se llama “Alina”. Tiene 10 años y es nadadora, a nivel competitivo en una academia que genera muchos buenos nadadores y que es conocida por exponerlos a agotadoras rutinas y múltiples sesiones de entrenamiento a la semana.

Ella es la mayor y desde chica ha sido muy mañosa y melindrosa para comer. Según narra su agobiada mamá “nada le gusta” y le preocupa mucho que ha ido perdiendo peso, o eso creen, desde que comenzó a nadar hace 6 u 8 meses.

Platicando más con la niña y explorando qué pasa por su mente, me dice que sí disfruta nadar y competir (que no es lo mismo) pero que sí es cierto que no maneja los mismos niveles de hambre que su hermana, quien a la vista tiene un peso más alto que Alina. Cabe aclarar que la que está muy baja es ella, la hermanita está perfecta.

Poco a poco, entre risas y plática, descubrimos que mucho de lo que pasa tiene que ver con cómo los papás han manejado el tema de la alimentación con ella. Desde pequeña tuvo bajo peso y eso les preocupaba. No se habían puesto a pensar que toda la familia del lado paterno es así, son muy delgados.

La cosa es que si ella decía que no quería algo de comer, los papás se asustaban y buscaban veinte maneras de convencerla de que sí lo hiciera. Si ella ponía caras, ellos le hacían fiesta; si ella lloraba ellos caían en el berrinche. Todo con tal de que ella comiera y creciera bien. Otro dato importante es que de estatura su desarrollo no se ha detenido.

 

La cosa se vino a complicar cuando nace la hermana, esa sí, come de todo y “es de muy buen diente”. De hecho, tienen personalidades completamente diferentes. Alina es mas callada y temerosa, la hermana menor es un relajo, siempre quiere hablar y su expresión es más festiva y risueña. Frente a esta loca adorable la hermana se ve muy flaca y apachurrada, digamos que todo se hace más evidente.

Lo que se me ocurrió fue medirlas y pesarlas a las dos para poner en perspectiva las cosas y saber qué tan delgada o no está una y que tan pasada de peso o no está la otra. Con resultado en mano vimos que ambas pueden mejorar su composición corporal, pero Alina debe poner mucho más de su parte ya que su peso está muy por debajo de lo mínimo recomendable y el riesgo de enfermarse o lesionarse aumenta.

Después de explicarles sus datos, cómo estaba su composición corporal y los contras de estar así le pedí a Alina que me diera una lista de los 10 alimentos que sí le gustan, para entender el “nada le gusta” de la mamá. Para ser honesta me sorprendí, comenzó por el huevo, pasando por la leche, un par de frutas y verduras, el aguacate, las tortillas y qué-se-yo. Es decir, le gustan muchas cosas de todos los grupos de alimentos. No es como muchos niños que no comen fruta o que odian la verdura. Ella sí come.

uando se lo hice ver a la mamá, abrió los ojos en tono de sorpresa y -diría yo- que un poco de vergüenza. Quizá pensó que ha exagerado toda la vida. Ella, la mamá, es muy abierta y receptiva a los comentarios, por eso me di el permiso de hacerle ver que probablemente el tema de la comida se había vuelto más un tema de control de la niña sobre los papás y viceversa, que un tema de nutrición y salud.

Finalmente, para llegar a un acuerdo y respetando lo que la mamá quiere (por supuesto, una demanda legítima) hablamos de la importancia de que Alina de variedad a su dieta. Para ello les dejé una tarea: van a hacer juntas (pueden invitar a la hermana y al papá) una lista de alimentos, divididos en 4 grupos básicos, frutas, verduras, carnes o proteínas y grasas.

Cada lunes Alina tendrá que probar un alimento nuevo de la lista. El primer lunes del mes será una fruta, el segundo una verdura, el tercero una proteína y el cuarto una grasa. No está obligada a que le gusten, pero sí a probarlos con una buena actitud y una mente abierta y dispuesta. La mamá los va a preparar sin empanizar ni llenar de salsas y cremas que oculten su sabor y que además a ella le chocan.

Poco a poco irán encontrando qué si y qué de plano no le gusta a Alina. La idea es que ella esté más tranquila y los papás dejen de perseguirla, lo que los tendrá también a ellos mejor. Se comprometió también a crecer un poco las porciones que come y a no dejar pasar más de 30 minutos entre que sale de entrenar y se come una barrita y una leche con chocolate. Eso para recuperarse y seguir en el camino deportivo, evitar lesiones y disminuir el riesgo de enfermedad.

Espero que puedan implementar poco a poco la estrategia y que la familia completa viva más en paz el entorno de la comida. Todos deberán modificar las emociones que tienen en torno a los alimentos pero sin duda es lo que les hace falta. Quedaron de regresar en un par de meses, ya evaluaremos y a ver qué cosas nuevas se nos ocurren.

Estudié Comunicación en la Universidad Iberoamericana y ejercí varios años. Descubrí el deporte y me volví adicta. Ello me llevó a la nutrición y cursé el Diplomado de Nutrición y Antropometría...

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