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No lo demos por muerto

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El otro triunfo de Sanders
03/03/2016
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Aun cuando los resultados del Super Tuesday hayan arrojado el triunfo de Hillary sobre Bernie (siete estados contra cuatro, en algunos de éstos, más del doble de delegados y, en términos económicos, el apoyo por parte de los delegados más ricos), esto no significa que el senador Sanders haya quedado fuera de combate.

En su colaboración para The Huffington Post, Cenk Uygur, conductor del programa online 'The Young Turks', considera que Bernie no sólo no perdió sino que, de hecho, ganó. Esto puede sonar a un juego de palabras, no obstante, los argumentos de Uygur se basan en el triunfo de Sanders en los estados de Oklahoma y Minnesota, los cuales, a juicio del periodista, muestran una tendencia de lo que puede suceder en otros estados de la Unión Americana el próximo 8 de marzo que, dicho sea de paso, Uygur califica no de Súper Martes sino de Martes Colosal.

El triunfo de Clinton de hace unos días era un tanto predecible, sobre todo en los estados sureños, aunque de algún modo también en Massachussets, donde, sorpresivamente, la diferencia fue mínima (46 delegados a favor de Hillary versus 45 a favor de Bernie). Aun cuando Hillary se perfile como ganadora, la carrera debe continuar. Para muchos, la victoria de Bernie en cuatro estados es un gran aliciente para que el precandidato y, especialmente, su mensaje sigan en campaña. Al final, la cuestión va más allá de elegir candidato o, lo que es más, elegir presidente. El punto clave es cómo quien resulte electo lidie con las verdades que no son agradables y que no todos quieren escuchar, mismas que Sanders no se ha cansado de señalar.

Creo que a muchos nos causa curiosidad cómo Hillary, en caso de resultar la candidata demócrata, le hará frente a los reclamos y demandas por parte de quienes apoyan a Sanders en sus señalamientos contra los intereses de los poderosos, los altos mandos en Wall Street, la corrupción y el cabildeo, la falta de oportunidades para los estudiantes y criminalización de quienes poseen y consumen drogas, por mencionar sólo algunos aspectos. Y sobre todo por parte de quienes apoyan a Sanders por lo que lo diferencia de Hillary. Hay que ver algunas encuestas en las que las opiniones sobre ella no son favorables y la tildan de deshonesta, por ejemplo.

Hace poco una chica que le preguntó a Hillary qué podía esperar si no votaba por ella. La respuesta de Hillary fue ágil y contundente: “Gobernaré para ti aunque no votes por mí”. Una frase única, redonda, perfecta para fines publicitarios. Pero, ¿en los hechos? Muchos de los que seguimos con atención esta contienda estamos sorprendidos por el apoyo creciente, en lo cuantitativo y lo cualitativo, que Sanders recibe por parte de los llamados millenials, que, según un artículo publicado en The Washington Post el pasado lunes, lo consideran el abuelo que sí entiende las cosas. Estamos hablando de una generación de jóvenes desde ya agobiados por deudas escolares y un poder adquisitivo de antemano limitado: “Su mensaje sobre educación libre y redistribución de la riqueza ha tocado fibras. ¿Su edad? No sólo no es una desventaja sino un atractivo que le confiere la sabiduría y la perspectiva y lo vincula con acontecimientos históricos que los millenials admiran”.

A mí me pasa que, aunque me gustaría que ganara Bernie, algo me dice que Clinton será la candidata. No sólo los seguidores de Sanders sino analistas que se presumen neutrales han notado un fenómeno interesante, con el que estamos familiarizados en nuestro país: la cobertura mediática: los medios, sobre todo los llamados mainstream, prestan una mayor atención a la imagen y las declaraciones de Clinton, en mucho mayor proporción que lo que le dedican a Sanders, quien, en las encuestas, no hace sino aumentar su popularidad. No es para menos en un sistema donde los medios más poderosos defienden los mismos intereses que el establishment.

Ahora bien, si se trata de competir contra Donald Trump, a todas luces estoy con Hillary. Hay quien dice que la noche del martes el millonario la humilló al burlarse de su frase: “Hacer a América entera otra vez” contra la suya propia: “Hacer a América grande otra vez”. Esperemos que, ya en ésas, Hillary, aun considerada demócrata entre los republicanos, saque las uñas y se plante con el temple y el carácter que, aun nosotros, quienes sentimos el Bern (Feel the Bern), le conocemos, reconocemos y admiramos.

 

Al final es Trump y no Sanders el enemigo a vencer. Ya me ha tocado escuchar cómo varios comunicadores, que trabajan para estos medios convencionales y ricos, pretenden analizar a Trump y Sanders bajo la misma luz: ambos son auténticos, ambos son temperamentales, ambos son radicales y extremos. No, señores. Las causas que defiende Sanders son, otra vez, estas verdades que no todos quieren conocer o desenmascarar. Su base son la igualdad, la justicia, los derechos humanos, la equidad de género (en su momento, fue de los pioneros en defender la transexualidad). Sanders ha puesto sobre la mesa asuntos que afectan y minan la estabilidad de gran parte de la población de su país, y no explota temas sensibles, aun de actualidad, como la migración y la defensa contra el terrorismo. “Ambos son auténticos”, opinan varios más. Eso sí, aun cuando Trump es auténticamente racista e intolerante: entre sus más recientes intenciones declaradas está la de demandar periodistas y, si es necesario, enmendar la primera enmienda. 

Esperemos que aun cuando, a la hora de la verdad, Sanders pierda ante Hillary la candidatura demócrata, no se pierdan así sus denuncias ni sus ideales.

De vuelta a las andadas en la era de WhatsApp, Tinder y Snapchat. Escritora y periodista. Promotora de abrir la mente y liberar la palabra… y el cuerpo. Divorciada y mamá de dos adolescentes. Autora...

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