Al desnudo
El sexo es cultura

Se encuentra usted aquí

Miedo al miedo

2
Nada detiene a Trump: ni que sus propuestas se consideren anti-Estados Unidos, mucho menos que se le compare con Hitler.
09/12/2015
09:49
-A +A

Cada vez que el señor Trump suelta una barrabasada, alguien sale a vaticinar el fin de su campaña. En realidad, los números lo favorecen: la encuesta más reciente publicada por Huffpost Pollster le adjudica 34.2% de las preferencias, por encima de Ted Cruz (15.4%) y Marco Rubio (13.5%).

A veces olvidamos que este pregonero no está solo sino que representa posturas afines y atrae muchas otras hacia sí. Una de sus armas es la capacidad de incitar odio entre su público. El odio y el miedo son dos de las armas más poderosas que posee un político en campaña.

Hace unos días, Trump se pronunció por cerrar las fronteras de Estados Unidos a todo inmigrante musulmán y refrendó su polémica posición en entrevistas posteriores, como la concedida en el programa Good Morning America, donde argumentó: ‘’Tenemos gente que viene a derribar nuestros edificios y destruir nuestras ciudades (… ) Algo tiene que hacerse (…) No hay ley ni orden.’’

El mensaje de Trump va más allá de compensar un ojo por ojo sino que apunta a un daño definitivo, ‘’agarra parejo’’, y es muy difícil, sino imposible, de apaciguar. Sus palabras condenan a los musulmanes por casi todo, sin distinciones ni excepciones, sin conferirles un mínimo de compasión.

Trump aprovecha el rencor acumulado y recurre al desprecio, la injuria y, especialmente, al miedo, ejemplificando con lo sucedido en Francia y poniendo ante los ojos del público escenarios de desgracia y destrucción cercana e inminente. El temor se dirige al progreso, al porvenir: ‘’No importa cuántos WTC se construyan, siempre estarán bajo amenaza’’.

El éxito de un mensaje de esta naturaleza consiste en que las personas se vean a sí mismas como susceptibles a la devastación: incluso convencer a las que están despreocupadas de que pueden sufrir por causas que no contemplaron.

Hasta allá llega el Señor Trump, que tan ridículo y retrógrado nos parece, pero que no deja de atraer a otros tantos ridículos y retrógrados. ¿Habrá manera de detenerlo? No le ha importado echarse de enemigo a su propio partido: ya advirtió que podría lanzarse como independiente y, aun así, no sería del todo descabellado que ganase.

El mensaje compartido de Trump amenaza con colapsar las bases de la democracia, por más convenida y escrita. Es una afrenta a las sociedades multiculturales que se caracterizan por la diversidad de creencias, religiones y estilos de vida. El señor dice lo que piensa mientras insulta y siembra el germen del odio y pone en peligro el derecho que tienen las personas a ser libres de discriminación.

¿Hasta dónde libertad de expresión, hasta dónde discurso de odio?

Se considera discurso de odio o ‘’hate speech’’ cualquier expresión que divulgue, incite, promueva o justifique el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo u otras formas de aversión basadas en intolerancia, por ejemplo: 1. etnocentrismo y nacionalismo agresivo y 2. discriminación y hostilidad en contra de minorías, migrantes e inmigrantes, dirigidos a una persona o grupo de personas.

Trump pregona una ideología de superioridad a costa de denigrar a otros por su origen, por su lenguaje, por sus creencias, por su religión: los niega, los trivializa y justifica un trato inhumano para con ellos. Si esto no es discurso de odio, ¿entonces qué es?

En su Manual on hate speech, Anne Weber retoma las recomendaciones al Consejo Europeo en la adopción de medidas que protejan contra la incitación al miedo y la violencia: combatir actitudes xenófobas, promover un mejor entendimiento del principio de no discriminación y tomar acciones para contrarrestar las tendencias de estigmatización o estereotipo con base en raza, color, descendencia o u origen étnico, especialmente por parte de políticos, funcionarios, educadores, los medios de comunicación (electrónicos y cibernéticos) y la sociedad en general.

Nada detiene a Trump, ni siquiera que sus propuestas se consideren anticonstitucionales o anti-Estados Unidos, mucho menos que se le compare con Adolf Hitler. Dice que sus medidas, aunque extremas, son temporales e insiste en que la gente quiere que se hagan las cosas porque no hay de otra y he’s the man.

¿Habrá manera de detenerlo no sólo a él sino al creciente número de ridículos, retrógrados, miedosos?

Aunque todavía falta una segunda vuelta, en Francia el Frente Nacional de extrema derecha se proclamó victorioso: estamos hablando de un partido con tintes fascistas, de suyo islamofóbico y antiinmigrante. Por ahí resuenan las comparaciones entre el FN francés y el Partido Nazi y se cree que, así como los chivos expiatorios de los años 30 fueron los judíos, ahora toca el turno a los musulmanes. 

Tengo miedo al miedo, como el título de la película de Reiner Werner Fassbinder, en la que vemos una Alemania que prejuzga, censura y sobre todo teme la invasión de extranjeros que buscan mejores posibilidades para vivir.

De vuelta a las andadas en la era de WhatsApp, Tinder y Snapchat. Escritora y periodista. Promotora de abrir la mente y liberar la palabra… y el cuerpo. Divorciada y mamá de dos adolescentes. Autora...
 

COMENTARIOS