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Descalificando al réferi

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El error nació desde su nombramiento y fue evidente que desde que se diera a conocer
14/12/2015
01:06
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El conflicto que se ha desatado en torno al señalamiento de la FEPADE, -organismo encargado de perseguir delitos electorales-, en contra de Arturo Escobar, -quien fuera hasta hace unos días Subsecretario de Prevención del Delito y Participación Ciudadana dentro de la Secretaría de Gobernación-, merece ser analizado por la clase política para que por fin entienda que los tiempos han cambiado en esta sociedad abierta y ante una ciudadanía cada vez más participativa y madura.

Lo que destaca, -y es evidente-, es el interés por descalificar al titular de la FEPADE, Santiago Nieto, de quien Arturo Escobar se considera víctima y a quien él pretende denunciar ante las autoridades correspondientes por violación de sus derechos humanos, lo cual es entendible.

Lo que no es aceptable es que algunos partidos políticos  cercanos a Escobar pretendan hacer lo mismo, aduciendo conflictos de interés por parte de Santiago Nieto. En lugar de fortalecer las instituciones dándoles la autoridad que necesitan para cumplir su cometido, descalifican a su titular para sentar a negociar a la FEPADE la exoneración de quien hasta hace poco tiempo fue un importante funcionario de la presente administración.

El error nació desde su nombramiento y fue evidente que desde que se diera a conocer éste, hubo protestas de organismos sociales que no lo aceptaban en ese cargo.

Los cuestionamientos electorales al Partido Verde aún son recientes y frescos en la memoria pública. Es más, el problema que tuvo en 2009 siendo senador, -en el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas-, portando  un portafolio Luis Vuitton con un millón cien mil pesos en efectivo, que no supo aclarar, lo dejó mal parado ante la opinión pública. Aunque jurídicamente haya librado el problema, la opinión pública, los medios de comunicación y sus adversarios políticos no olvidan. A final de cuentas lo definitivo son las percepciones y éstas construyen la reputación de un individuo.

La opinión pública juzgó a Arturo Escobar mucho antes que la FEPADE. Si es culpable y responsable de los  delitos electorales que hoy se le imputan, desde el punto de vista político no importa, pues a final de cuentas estamos viviendo en la era de las percepciones y la sociedad juzga con mayor celeridad que nuestros lentos organismos encargados de impartir justicia, de la índole que fuere.

Arturo Escobar y su partido han estado cuestionados por la ciudadanía por supuestos delitos electorales desde mucho tiempo atrás y al ser nombrado en la cartera de “prevención del delito y participación ciudadana”, le pusieron a las puertas del infierno, pues ante la ciudadanía, una persona cuestionada éticamente en automático carece de autoridad moral para prevenir el delito.

En ese cargo debe estar una persona con una trayectoria no sólo pública, -sino también privada-, incuestionable desde cualquier perspectiva, a fin de que genere confianza en que encabezará con probidad los esfuerzos para abatir la delincuencia.

Por si fuese poco, para tener el poder de convocatoria pública  necesario para movilizar a la sociedad a favor de causas de interés colectivo, es necesario ser un líder carismático, creíble y confiable.

Si a Arturo Escobar le hubiesen ubicado en cualquier otra secretaría que tuviese funciones más operativas, -como la de turismo, economía o la del trabajo,  por citar algunas-, no hubiese generado suspicacias y su nombramiento habría pasado desapercibido.

Es evidente que la reputación cada vez más se vuelve fundamental para el trabajo político, pero eso no parece ser entendido en los altos niveles de decisión. Ese es el fondo del problema que hoy enfrenta Arturo Escobar.

Ricardo Homs
Presidente de la Academia Mexicana de la Comunicación AC. 25 libros publicados Fundó en México la oficina local de la empresa global de consultoría creada por Al Ries, uno de los dos creadores del...

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