Girando en un tacón
Dale la vuelta a tu cabeza

Se encuentra usted aquí

UNA DE CADA TRES MUJERES

La semana pasada me llamó un amigo para contarme que uno de sus mejores cuatachos se quiso pasar de vivo con su esposa. Creo relevante contar lo sucedido porque de pronto creemos que la violencia sexual solo tiene que ver con violaciones a mujeres que viven en pueblos perdidos. No es así, la violencia sexual y la violencia contra las mujeres la vivimos todos los días en todos lados y considero que algo peor que vivir la violencia, es negarla o minimizarla.
21/07/2017
00:00
-A +A

La semana pasada me llamó un amigo para contarme que uno de sus mejores cuatachos se quiso pasar de vivo con su esposa. Creo relevante contar lo sucedido porque de pronto  creemos que la violencia sexual solo tiene que ver con violaciones a mujeres que viven en pueblos perdidos.

No es así, la violencia sexual  y la violencia contra las mujeres la vivimos todos los días en todos lados  y  considero  qué peor que vivir la violencia es negarla o minimizarla. Quise hablar con la  esposa de mi amigo  para entender mejor cómo fue el hecho y poder compartirlo con su debida  autorización.

 Elena me cuenta:

“Salimos 3 parejas a un centro nocturno a ver un show, y desde que estábamos ahí sentí  que Genaro  había empezado a insinuarse  pero no le puse mucha atención.  Al salir del lugar me subí a la camioneta en el asiento de atrás y vi que Genaro se “coló” para subirse al lado mio. Su esposa lo siguió y quedamos los tres en el asiento. De inmediato sentí como quería resbalar su mano para agarrarme las pompas, traté de quitársela. Me pegué a la puerta para evitarle el paso pero el seguía. Así nos fuimos hasta llegar a nuestro destino, forcejeando y aparentando.   Yo no sabía qué más hacer, tenía ganas de evidenciarlo pero pensaba en las consecuencias. Mi esposo lo tomaría muy mal y desde luego que su esposa que además siempre ha sido de mis mejores amigas también sufriría quién sabe qué consecuencias.  Al llegar al hotel, él me invitó enfrente de mi esposo y su esposa a bajar al bar a seguir bebiendo,  pero me negué.  Me sentía muy enojada y confundida. “

La historia de Elena me invita a compartir a mí también.

Un tipo con el que salía en la preparatoria, en una fiesta  me siguió al baño, se metió sin que yo lo consintiera, me empezó a besar hasta que  me tiró al piso  para forzarme a  tener sexo con él.  Yo no sé cómo, me pude zafar y salir.  Pero me quedé callada, hasta ahorita es la primera vez que lo comparto.  Lo justifiqué como parte de “la peda” aunque yo casi no había tomado esa vez. Sin embargo  elegí mal al no decirlo y no exhibirlo.

El mismo hombre que quiso aprovecharse de Elena, se le metió a la cama y manoseó a la prima de otro de sus amigos cuando estaban en la secundaria.   Ella lo acusó con su familia pero no tuvo consecuencias, hasta siguieron la amistad.

¿Cuántas historias  de esas conocemos?

¿Cuántas agresiones hemos sufrido?

¿Cuántas hemos justificado y negado?

La violencia sexual no es solamente llegar a una violación o penetración, la violencia sexual abarca muchos actos, desde insultos hasta la muerte, mismos  en los que el autor casi nunca es castigado o denunciado. 

La realidad es que una de cada tres mujeres sufrimos abuso sexual en algún momento de nuestra vida.  Estamos hablando del 35% de la población mundial  es víctima de abusos y violencia por parte de los hombres principalmente a lo largo de su vida. En verdad una cifra apabullante y sobre todo aterrorizante.  Aunque haya distintos grados de violencia y abuso, estas acciones  deben ser declaradas y sancionadas por las autoridades.  Sin embargo esto no sucede y  las razones más comunes según la Organización Mundial de la Salud son:

1.-  Sistemas de apoyo inadecuados

2.-  Vergüenza

3.- Temor o riesgo de represalias

4.- Temor o riesgo de ser culpadas

Ésta es la realidad que vivimos más del 30% de las mujeres en el mundo y tiene que cambiar. Debe cambiar empezando por hablar lo que nos sucede, denunciar y obligar a que los sistemas de  jurídicos aprendan a respetar  y dignificar la palabra de las afectadas.  Que se tomen las medidas necesarias como sanción.  Pero principalmente que la sociedad deje de justificar, minimizar y negar todas estas acciones violentas  contra las mujeres.  No solo los hombres, también las mujeres deben de dejar de generar esta vergüenza  tóxica en las víctimas que nos les permite culpar a su agresor y muy por el contrario las lleva a culparse a sí mismas.

Twitter @reginakuri

 

 

 

El objetivo de éste blog es que haya un espacio de consulta y reflexión que nos ayude a abrir temas que suelen experimentarse en silencio.
 

COMENTARIOS