A las carreras y dosis de realidad

Me queda más claro que el camino del trabajo y el esfuerzo dan una satisfacción más duradera que el boost del trofeo o la medalla
OTRAS
01/07/2016
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Autora de Girando en un tacón y Ya Aliviánate. Consejera en Adicciones. Corredora de montaña y ultradistancia. Girando en un tacón es un espacio para la reflexión y el compartimiento de temas y...
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El domingo participé en una carrera  en el Ajusco  sabiendo que tenía un cierto grado de dificultad pero para la que estaba completamente bien preparada. Toda la semana estuve pensando que quizá me podía colar entre las mejores 5 mujeres.

Dan el banderazo de salida y yo como siempre, trato de empezar lenta para calentar un poco e ir agarrando ritmo.  No me preocupa en lo más mínimo si todos salen como chivo sin mecate,  yo corro mi carrera no la de ellxs.  En esta ocasión  no sabía cuántas mujeres estaban corriendo, ni cuántas iban atrás o adelante,  quizá pasé a un par hasta que llegué al primer abasto,  para mi sorpresa había unas cinco refrescándose con unos trozos de sandía que se veían espectaculares. Desde luego que se me antojó quedarme un ratito ahí, pero era una oportunidad para apretar el paso, dejarlas atrás y que no me alcanzaran después.  De inmediato empecé a sentir mariposas en el estómago y la respiración agitada,  una sensación  que ya me había ocurrido en alguna que otra carrera pero hasta esta vez entendí  lo qué era. Adrenalina.

Adrenalina pura de hacerme la ilusión de ir adelante, no sé si en primero o en cuál posición, solo sé que iba alimentando  esa ambición.  La emoción  me hacía correr más rápido, con más fuerza.  De pronto  había dejado de correr mi carrera para correr la de ellas y no lo disfruté mucho que digamos.  Cuando me di cuenta  ya estaba perdida junto con otros diez o quince despitados que  nos pasamos la marca,  en lo que averiguábamos qué hacer llegaron todas las mujeres que había dejado en el camino.  ¿Mala suerte o inspiración para improvisar y resolver lo más rápido posible?  Las dos. Después de buscar la señal de la ruta, con dos o tres kilómetros de más resolví que era mejor volver a mi plan original. Correr mi carrera pero sin aflojar el paso  con el compromiso de dar lo mejor y sentir esa satisfacción, no la de buscar un lugar.

No negaré  que me encantaría ganar mis carreras hacerlo me haría doble cara.  Pero casualmente  gracias a la generosidad de mi amiga Nuria, esta semana cayó en mis manos el libro de Ryan Holiday, Ego is the Enemy (El ego es el enemigo). Justo habla de perdernos el presente por andar haciéndonos historias sobre el futuro. Me cayó el veinte que a veces confundo la confianza con la fantasía que el ego dispara. El ego nos hace pensar que somos mucho mejor (o peor) de lo que realmente somos,  y lo peor es que nos distrae de la disciplina y la preparación que necesitamos para lograr los objetivos. Nos dormimos en los laureles. Más aun, puede mermar mucho el desempeño en el momento al ver que el globito se truena y la expectativa resulta fantasía. La confianza se puede confundir con el orgullo y hacer juegos en nuestra mente,

Hoy he aprendido a través de muchas experiencias (pero se me sigue olvidando) que es mucho más valioso saber que estoy dando lo mejor de mi en cualquier actividad aunque los resultados no siempre sean los esperados.  Me queda  aun más claro que el camino del trabajo y el esfuerzo dan una satisfacción más duradera que el boost del trofeo o la medalla. El manejo del ego  finalmente es el que hará que continúes o abandones.  Finalmente también aun haciendo el mayor esfuerzo hay que aceptar que hay gente mejor preparada o con más gasolina que unx. Usar la realidad como una motivación para trabajar más en ser mejor.

Menor ego más humildad.

Twitter @reginakuri

 

 

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