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Peor que el daño, no cambiar la página

OTRAS
05/02/2016
10:29
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Dale la vuelta a tu cabeza
Autora de Girando en un tacón y Ya Aliviánate. Consejera en Adicciones. Corredora de montaña y ultradistancia. Girando en un tacón es un espacio para la reflexión y el compartimiento de temas y...
OTRAS

La vida está llena de alegrías, tristezas, situaciones y personas que no podemos ni podremos controlar, la gente actúa por razones propias y no siempre con la intención de lastimar o afectar, simplemente somos y hacemos y en consecuencia  podemos afectar de manera positiva o negativa a los demás.  Aunque claro que también podemos afectar con toda alevosía, sin duda,  pero la reflexión de hoy no se trata de cómo actuamos  o qué hacemos y como afectamos sino,  qué actitud tomamos cuando nos somos nosotrxs lxs afectadxs. 

El asunto del perdón  es paradójico, nos duele mucho lo que nos hicieron pero  no importa que nos hagamos más daño por estar aferrados al resentimiento, cuando sería mucho más fácil liberarnos, perdonar y así sanar. El perdón podría ser lo que pareciera un acto de compasión para lxs que agredieron en un principio, pero  es más bien un acto de amor propio y liberación.  Nos provocamos mucho más daño por el aferre que por el hecho mismo que nos daño en  un principio. Razones para  no perdonar  hay muchas, aunque en la mayoría de los casos es más bien por orgullo, para no doblegarnos ante los demás o quizá más bien para nosotrxs no vernos de esa manera “arrastradxs”. El orgullo genera resentimiento, hace que se vuelvan a experimentar los mismos sentimientos que un principio, provocando más enojo y menos disposición para perdonar y hacernos libres.

Perdonar no  significa que tenemos que olvidar lo ocurrido, de hecho el pensar así hace mucho más difícil soltar, no es un tema de olvido sino de liberación y de ganas de estar bien. Pareciera que agarrarse de hechos que sucedieron hace mucho tiempo fuera a dar réditos, como si mientras más nos aferramos la persona que nos dañó estuviera recibiendo su merecido  pero la realidad es que probablemente la persona que nos dañó ni se haya enterado, o sus razones  habrá tenido o no le dé la importancia que esperamos, en cualquier caso se debe a su historia personal y no la nuestra. Es una pérdida de tiempo total estar ocupando la mente en venganzas terribles, pasar noches enteras pensando en qué le vamos a decir al día siguiente cuando  nos encontremos. Venganzas que solo causan gastritis y acidez para lxs autorxs y que además ni se llevan a cabo.

Quiero insistir, el perdón es un acto de amor propio y quizá también un paso a la madurez.

Twitter @reginakuri

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