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El costo de la violencia contra las mujeres

07/04/2017
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El costo de la violencia contra  las mujeres es extremadamente alto, no es un asunto privado de los hogares, sino un tema que nos queja a todos y que afecta a familias, comunidades, sociedades y  países por igual. El daño físico y emocional que sufren las mujeres a costa de esta violencia, pareciera obvio. Sin embargo, la violencia de género también tiene graves repercusiones económicas a nivel país. Se estima que el costo monetario de esta violencia representa entre el 1 y el 4% del PIB de un país.[1] Vale la pena recalcar que la violencia contra las mujeres no es solo un problema de derechos humanos, sino  económico, de salud y desarrollo. El abuso y discriminación contra mujeres y niñas desestabiliza las familias, fractura comunidades e inhibe el desarrollo. Además, su combate representa un costo significativo para el gobierno mediante el gasto en los sistemas policiales, judiciales, de atención a víctimas y de salud.

La violencia en contra de las mujeres es endémica y se manifiesta de distintas maneras, ésta puede ser física, sexual, psicológica, emocional o económica. En México, el 47% de las mujeres de 15 años o más reportaron haber sufrido al menos un incidente de violencia por parte de su pareja, ya sea esposo, novio o ex pareja a lo largo de su relación. El nivel de instrucción escolar no tiene mayor impacto en la disminución de la violencia dentro de la pareja, el 45% de las mujeres con nivel medio superior y superior también sufrió algún episodio de violencia. De igual manera, el 21% de las mujeres ocupadas sufrió algún tipo de discriminación laboral en los últimos 12 meses[2].

Las cifras demuestran los niveles alarmantes de violencia existentes al seno de nuestra sociedad y país en general. Ahora bien, ¿de qué nos sirve medir el costo de la violencia de género?  Idealmente no debería de ser necesario ponerle un precio a la violencia en contra de mujeres y niñas, meramente porque es inadmisible dentro del marco de derechos humanos. Sin embargo, al ponerle precio y por ende costo, a esta problemática se pueden visualizar las consecuencias de no actuar, y así lograr posicionar el tema como prioritario en las agendas de los tomadores de decisiones y formuladores de políticas públicas. Desde los años noventa existe la tendencia del gobierno mexicano de medir los costos de bienestar de su población y la eficiencia del gasto y de las instituciones en la reducción de los problemas sociales. Ello, se hace mediante el cálculo del gasto en relación al PIB. [3]

Si bien, existen diversas limitaciones en la medición del costo de la violencia contra las mujeres, podemos conocer un panorama aproximado de sus consecuencias. En la actualidad, existen relativamente pocos estudios sobre el tema, incluso en países desarrollados. Además, resulta difícil medir la violencia en ámbitos como el laboral, escolar, institucional y comunitario.  Asimismo, la baja denuncia resulta problemática en la medición del costo real, pues el abuso dentro de la pareja, en especial el sexual, tiene una cifra negra extremadamente alta. Es decir, dicho abuso rara vez se denuncia e incluso cuando se hace, muchas veces no llega a carpeta de investigación, lo cual significa que no se registra en la estadística oficial. En México, únicamente el 13.6% de las mujeres que vivieron violencia en su relación pidieron ayuda a autoridades[4].

La violencia contra las mujeres tiene costos a nivel micro y macroeconómico.  El  gasto directo de una mujer violentada que decide denunciar  incluye los costos policiales, del arresto del perpetrador, la asesoría judicial, el transporte para desplazarse de donde ocurrieron los hechos y el albergue donde posiblemente se resguarde. En los casos graves de violencia doméstica, las lesiones y daños físicos pueden representar un gasto significativo en atención médica, hospitalización y medicinas. El gasto indirecto incluye los días perdidos de trabajo a costa de lesiones, eventos traumáticos y daños psicológicos, así como las horas de trabajos no remunerados que  se dejaron de realizar por el incidente de violencia. Los días perdidos de escuela para los niños en episodios de violencia doméstica representan otro gasto intangible pero importante. Cada incidente de violencia doméstica representa un gasto para el hogar.

El Estado también gasta como consecuencia de esta violencia, al igual que con los individuos, estos costos se dividen en directos e indirectos. Por cada mujer violentada, el gobierno debe de gastar en las instituciones de acceso y procuración de justicia, en los salarios de los policías, así como en mantener a los perpetradores en prisión. El costo del sistema de salud también es elevado, esto incluye desde problemas de salud sexual y reproductiva, el salario de los médicos y enfermeras que atienden a mujeres violentadas, así como el costo de los programas y campañas de prevención. Pese a que representa un gasto significativo, es fundamental continuar con los programas públicos dirigidos a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Los apoyos sociales distribuidos a mujeres y/o hogares, a raíz del maltrato y abuso también representan un gasto importante para el gobierno. De manera indirecta la productividad disminuye por falta de participación de las mujeres en actividades de desarrollo económico y social. El hecho de haber sido víctima o el miedo a serlo, muchas veces limitan el actuar y no permiten  contar con mujeres empoderadas que contribuyan activamente al desarrollo.

Además de los costos económicos directos e indirectos a nivel individual y país, existen otras consecuencias graves que colocan a la mujer e hijos en situación de riesgo y desventaja frente el resto de la población. Por ejemplo, la violencia perpetrada contra las mujeres tiene graves repercusiones en los hijos, pues existe más riesgo a sufrir de problemas emocionales y conductuales, depresión, así como violencia hacia otros. De igual manera, el ser testigo de violencia familiar durante la niñez, se encuentra estrechamente asociado con comportamientos riesgosos como el consumo de alcohol y sustancias ilícitas. Asimismo, existe más probabilidad que los hijos repliquen el comportamiento visto en casa, es decir  que se conviertan perpetradores y víctimas de este tipo de violencia[5].

Diversos estudios han señalado el impacto de la violencia de género en la salud de los hijos. Una mujer que sufre de violencia doméstica es más propensa a tener problemas de reproducción sexual y  complicaciones durante el embarazo. El peso de los niños al nacer también se ve afectado por el impacto de la violencia por parte de la pareja durante el embarazo, tanto así, que las mujeres que sufren de violencia son 16% más propensas a dar luz a bebé con bajo peso [6].

América Latina concentra la mayor parte de homicidios en el mundo; de igual manera,  el homicidio femenino  se encuentra a niveles alarmantes. Si bien, no todos los homicidios de mujeres constituyen feminicidio, la región registra niveles extremadamente altos para este delito. El costo de la muerte femenina se traduce, además de en una pérdida irreparable en la familia y comunidad, en pérdida de ingresos futuros y costos económicos inmediatos.

El riesgo a contraer VIH y otras enfermedades de transmisión sexual incrementa en casos de violencia doméstica. Según la OMS, las mujeres que han sufrido maltrato físico y/o sexual son tres veces más propensas a cometer suicidio, pensarlo y/o intentarlo [7]

El Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM (ahora Centro de Investigaciones y Estudios de Género) junto con la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres realizó un estudio titulado “El Costo de la Violencia contra las Mujeres en México”. En dicho estudió se determinó que el costo de la violencia de género representa el 5% del gasto total en relación con el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF). Asimismo, el costo de la violencia contra las mujeres representó el 1.4% del PIB de México en 2015, equivalente a $245,118,266,538 pesos[8]. Se estima que la cifra es bastante conservadora, tomando en cuenta que, como se mencionó con anterioridad, el

87% de las mujeres no denuncia incidentes de violencia doméstica. Es decir, se gastó el 1.4% del PIB pese a que la mayor parte de las mujeres no recibieron apoyos sociales, asistencia, atención médica y no requirieron apoyo policial, asistencia jurídica, ni  llevar a  cabo procesos judiciales, lo cual se traduce en un “ahorro” considerable como consecuencia de los casos no denunciados. Cabe también mencionar que la metodología del estudio no tomó en cuenta la violencia en el ámbito laboral, comunitario, escolar e institucional, como suele suceder en investigaciones de dicha índole.

En un mundo ideal, no debería de ser necesario calcular el costo de la violencia contra las mujeres para erradicarla. De manera paralela, es necesario actuar en todos los frentes, presionar a los tomadores de decisiones para expedir leyes eficaces y eficientes que combatan la violencia y respondan a las necesidades del género femenino. Implementar campañas que sensibilicen a la población, que busquen cambiar el pensamiento al seno de las sociedades y promuevan la denuncia en casos de abuso y violencia de género. De igual manera, es fundamental desarrollar mejores sistemas de atención a víctimas y educar a las nuevas generaciones para garantizar la no repetición. Recordemos que la violencia en contra de las mujeres no es una cuestión privada, meramente de mujeres o de hombres, sino un problema económico, de desarrollo, salud y derechos humanos. La indiferencia que tengamos hoy, será el costo de mañana.

 

Fuentes:

 

María José Reyes Retana

 Investigadora del Observatorio Ciudadano de la Ciudad de México.

@maggierrf @OCMXSegura @ObsNalCiudadano

 

[1] Banco Mundial, Poner precio a la violencia contra las mujeres y las niñas, 2013.

[2] UNAM y Secretaría de Gobernación. El costo de la violencia contra las mujeres en México, 2016.

[3]UNAM y Secretaría de Gobernación. El costo de la violencia contra las mujeres en México, 2016.

[4] UNAM y Secretaría de Gobernación. El costo de la violencia contra las mujeres en México, 2016.

[5] ONU Mujeres.Estimating the cost of domestic violence against women in Viet Nam, 2012

[6]Banco Interamericano de Desarrollo. El costo de la violencia contra la mujer, aquí les contamos cuánto.

[7] UNAM y Secretaría de Gobernación. El costo de la violencia contra las mujeres en México, 2016.

[8] UNAM y Secretaría de Gobernación. El costo de la violencia contra las mujeres en México, 2016.

El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.

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