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María Zambrano - ¿Para qué la política?

María Zambrano afirma que toda política parte necesariamente –aunque no se sepa– de una supuesta concepción del hombre; de una idea que este tiene de sí, de su situación ante el mundo.
07/02/2017
13:50
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Si debo admitir alguna influencia en mi formación, esa es la de María Zambrano. Esa filósofa más del mundo que española que este 6 de febrero cumplió 26 años de que inició su viaje más largo. Esa filósofa que le arrebató la política al Estado y la devolvió a las personas, ya que creía que la primera y esencial acción política que el hombre desarrolla, es una actividad que le sirve para situarse en el espacio en el que vive, es pues, una acción con la finalidad de reformar el entorno en algún sentido. En Horizonte del Liberalismo nos explica que la acción política implica una no-aceptación de las circunstancias dadas y un ansia utópica de lo que debe ser. “Es pues, un problema entre dos términos: un individuo que actúa y una vida que se ofrece como materia reformable”. 

Zambrano afirma que “toda política parte necesariamente –aunque no se sepa– de una supuesta concepción del hombre; de una idea que este tiene de sí, de su situación ante el mundo”. Es una verdad de Perogrullo que la finalidad de la política redunda en su actividad dentro de la sociedad, y a su vez, la sociedad –compuesta por individuos– sólo pueda desarrollarse a través de los hombres que hacen política. En este sentido, según Zambrano, la política es “la actividad más estrictamente humana”.  Sin embargo, no basta con dar por hecho la necesidad social de la política, sino que hay que ir más allá, a la pregunta que le da sentido: ¿para qué la política? Diría Unamuno que el saber por el saber y la verdad por la verdad es inhumano. Y también podríamos decir, siguiendo a Unamuno, que la política también se endereza al hombre. El poder tiene una relación íntima con el actuar político, no podemos hablar de uno, si al mismo tiempo no hablamos del otro; sin embargo, debemos preguntar: ¿para qué la política?, ¿para qué el poder?

Zambrano diría que la política no es un fin en sí misma, es decir, no se justifica la política por la política misma, sino que se justifica por su carácter reformador, de creación, de revolución; así, si la política necesita del poder es para lograr la reforma.

A lo largo de su obra, Zambrano nos explica que no hay una visión unívoca del hombre, que éste no ha sido creado en un solo y simple momento, de una vez y para siempre, sino que el hombre se reinventa, se redefine y al mismo tiempo recrea, reforma o transforma su espacio social a través de filosofías, teorías o ideologías políticas que dan sustento al grito de rebeldía en contra del orden establecido. Así se evidencia la necesidad de la construcción de un mundo diferente; la política va en contra de la naturaleza, esa que “permanece fiel al impulso creador; en sus acontecimientos hay un carácter de necesidad y en su silencioso ser la máxima virtud de la obediencia, la entrega sumisa a los latentes designios”. El hombre es el disconforme que surge precisamente de la naturaleza, la reforma, la transgrede.

Es claro que la política como el acto más humano de transformación, va en contra de la naturaleza porque la transgrede aún sin quererlo, pero también la política se transgrede a sí misma, existe cuando transforma algo en otra cosa que sea más útil o benéfica al hombre, y existe aún en los casos en que se niega a sí misma.

Así, el hombre se establece como el otro de la naturaleza, un animal que surge desde la naturaleza pero también la transgrede, hace historia y política, y hace posible la transformación. Mientras la naturaleza cumple necesariamente su destino, la política “es de trayectoria posible, y no necesaria, porque en lo humano existe la gloria y la tragedia de la posibilidad, de la indeterminación. Y de no ser así no habría política; tampoco habría historia”. 

Según Zambrano, para que la política actúe correcta y auténticamente debe tener una visión que ligue el pasado con el futuro, debe ver al pasado para tener la referencia y el aprendizaje de los hombres y los pueblos evitando los errores pasados; debe ver al futuro como una posibilidad de construcción ética. “Toda política supone idealmente una conciencia histórica, es su alumbramiento; se dirige al futuro, lo crea”.

La conciencia histórica, como referencia del pasado, tiene una relevancia más allá de la simple acumulación enciclopédica de eventos pasados, es el testimonio, la esencia de la constitución de los hombres en cuanto individuos y en cuanto sociedad. La conciencia histórica nos permite contrarrestar el terrible peso del destino, es la participación activa que nos hace sentirnos parte de todo lo que pasa, nos brinda un sentimiento de comunidad con los de ahora, de convivencia con los de antes y de responsabilidad con los del futuro.

La conciencia histórica evidencia el carácter reformador, transformador o creador de la política, nos muestra que las pretensiones conservadoras por mantener inmutablemente un acontecer social, sólo demuestran una no-comprensión de la actividad política, no se puede vivir del ensueño de convertir a la política en física, la historia humana en historia natural. El conservador es el mineralizador de la historia; el que ante todo tiene ansia de perfiles, de arquitecturas que duren para siempre.

¿Para qué la política? Pues para ofrecer a la vida un nuevo camino donde pueda acabar de nacer lo que se dejó escapar u olvidar apenas nacido, el papel de la memoria –conciencia histórica– tiene aquí un lugar central, pues constituye lo más radicalmente renovador, forma parte fundamental de la racionalidad poética, comienza su camino de construcción a partir de lo que recibimos sin buscarlo, sale de la oscuridad de nuestra alma y expone las posibilidades ocultas a la razón que el hombre posee, lo que se gesta en la sombra a la espera de salir a la luz se manifiesta en forma de palabra con la esperanza de convertirse en construcción ética en el espacio público. 

María Zambrano es una figura incansable del pensar en español que sigue vigente y seguirá con nosotros, con los suyos, cuando ya muchos de esos pensadores y actores de moda hayan sido olvidados para siempre. A María Zambrano, su humildad, su generosidad, su congruencia, “trátalos mejor de lo que se merecen” -consejo de su padre-, la colocan por encima de cualquier referencia bibliográfica o biográfica, ahí, en la dimensión del “sueño creador”.

María Zambrano muere el 6 de febrero de 1991 en Madrid, al día siguiente fue llevada a Vélez, “donde reposa, entre un naranjo y un limonero, en el cementerio local. Por deseo propio, en su lápida, está inscrita la leyenda del Cantar de los Cantares: Surge amica mea et veni”.

 

Christian Eduardo Díaz Sosa

Coordinador de Fortalecimiento Académico

Observatorio Nacional Ciudadano

@ChristianDazSos @ObsNalCiudadano

El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.

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