¿México en paz?

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Prevención como concepto central en la reducción de la violencia

06/02/2017
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En el 2016, la Ciudad de México fue una delas entidades más violentas en los últimos 18 años, con un total de 952 carpetas de investigación por homicidio doloso y 1 035 víctimas por este ilícito[1]. La tasa de homicidio es un indicador común de la violencia en las sociedades, y presenta ventajas relativas con respecto a otros delitos y manifestaciones de violencia[2]. Es frecuentemente utilizada como información de contexto y/o criterio para la selección de áreas o grupos a ser intervenidos.

Las causas de la inseguridad son múltiples y variadas. Se requiere de diagnósticos locales para conocer más a fondo las características de la ocurrencia de determinado delito en las diferentes zonas de la Ciudad. Los endémicos desequilibrios sociales ocasionados por la desigualdad, la poca movilidad social, impunidad y corrupción, minan la seguridad y el desarrollo en la región.

Ante la compleja dinámica que se vive en la capital, las instituciones encargadas de garantizar seguridad y procurar justicia, enfrentan grandes retos al trabajar en las enormes áreas de atención prioritaria dentro de sí mismas. La falta de profesionalización, la corrupción, desapego a la norma y violaciones a derechos humanos son sólo la punta del iceberg del trabajo que falta por hacer por parte de nuestras autoridades en el cumplimiento de estas dos funciones torales para la sociedad y convivencia en paz.

 

Victimización y percepción sobre seguridad pública

Las víctimas del delito en la capital cuentan con pocas probabilidades de acceso a la justicia, ante una impunidad imperante. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE)[3], la tasa de víctimas de delito por cada 100 mil habitantes en la Ciudad de México pasó de 36,019 en el año 2014, a 38,475 víctimas para 2015. Cabe destacar que según datos de la misma Encuesta, la principal preocupación para los capitalinos mayores de 18 años, es la inseguridad con 70.5% (para México fue de 59.1%).

Asimismo y de acuerdo a la ENVIPE, la cifra negra del delito incrementó del año 2014 con 91.6%, a 94.7% en 2015, cifra que se encuentra por encima de la nacional, la cual es de 93.7% de acuerdo a la ENVIPE. Esto es, de cada 100 delitos, casi 95 no llegan a registrarse en el sistema estadístico oficial. Ante el incremento de 3 puntos porcentuales de un año a otro y el incremento de las víctimas, podría decirse que existe una disuasión de la denuncia por parte de las autoridades.  

Si bien la realidad y la percepción sirven para dimensionar la problemática para fungir como punto de referencia para los tomadores de decisiones, la percepción puede estar relacionada con varios factores. Entre ellos, la comisión de actos delictivos de alto impacto, la  notoria atención por parte de los medios de comunicación, la ineficiencia de la policía y fallas constantes de la justicia para enfrentar exitosamente la criminalidad, la desconfianza generalizada en las instituciones, la “cercanía” de los hechos criminales y la violencia asociada a la realización de los mismos[4].

De igual manera, la percepción de inseguridad puede ser dimensionada en los cambios de rutina por parte de la población ante la inseguridad imperante: esto significa la modificación de hábitos cotidianos por el fenómeno delictivo mismo. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU)[5] esclarece la gravedad del problema dentro de la Ciudad: de acuerdo a datos del trimestre de diciembre 2016, en la Zona Norte el 84.1% de la población ha dejado de llevar cosas de valor frente a un 63.4% nacional,  69.5% han dejado de caminar de noche alrededor de su vivienda (57.9% en México), y 42.7% han dejado de visitar pariente o amigos siendo el porcentaje nacional de 35.5%.

Sólo en el hábito de dejar que los menores salgan de su vivienda, la Zona Oriente resalta como la mayor afectada evitando esto un 72.3% de la población frente a una tendencia de 57.9% nacional. Ésta última Zona también destaca al posicionarse en los primeros lugares a nivel nacional en cuanto a la mayor percepción de inseguridad en los últimos dos levantamientos de la encuesta. De igual manera, se situó en el segundo lugar (con 94.2% en septiembre 2016) y el tercer lugar (con 95% en diciembre 2016).

 

Prevención de la violencia y la delincuencia

Un correcto diseño de una política pública de prevención del delito, puede beneficiar a comunidades enteras a partir de estrategias focalizadas en disminuir la incidencia delictiva, recobrar la confianza en las autoridades y mejorar la atención, captura, investigación y resolución de los delitos. El resultado se podrá reflejar en la mejora de la percepción sobre seguridad y cambios en la vida de las personas. Necesariamente una mejor calidad de vida.

La política de prevención en México debe fortalecerse. No sólo desde el punto de vista presupuestal sino en todo su ciclo que implica su adecuado diseño, ejecución y evaluación. Lo que hoy tenemos es un esfuerzo inspirado en buenas intenciones, pero todavía no es un Programa con los componentes necesarios para ser capaz de reducir la criminalidad y construir un entorno de paz[6].

Un ejemplo de una política reactiva en la Ciudad de México ante los lamentables hechos ocurridos en un colegio en Monterrey, es el programa “Mochila segura” cuyo objetivo se centra en verificar que las y los alumnos no porten armas u objetos peligrosos, así como sustancias nocivas. Estas acciones se hacen acompañadas de padres de familia y personal académico. Sin embargo no representan una política per se de reducción de la violencia.

Según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud, la violencia se puede prevenir. Este no es un dogma de fe, sino una afirmación fundamentada en datos científicos. Dicho estudio, señala siete orientaciones basadas en revisiones rigurosas de la bibliografía que analiza las pruebas científicas (también llamadas evidencia o datos probatorios) sobre la eficacia de las intervenciones dirigidas a prevenir la violencia interpersonal y la autoinfringida[7].

Estas siete orientaciones de prevención de la violencia, marcan una estrategia que analiza los datos sobre la eficacia de las intervenciones específicas. Estas son:

1. Desarrollar relaciones sanas, estables y estimulantes entre los niños y sus padres o cuidadores

2. Desarrollar habilidades para la vida en los niños y los adolescentes

3. Reducir la disponibilidad y el consumo nocivo de alcohol

4. Restringir el acceso a las armas de fuego, las armas blancas y los plaguicidas

5. Fomentar la igualdad en materia de género para prevenir la violencia contra la mujer

6. Cambiar las normas sociales y culturales que propician la violencia

7. Establecer programas de identificación, atención y apoyo a las víctimas

 

Así como este estudio, existen varios ejemplos más para poder implementar estrategias interinstitucionales, enfocadas a grupos de atención prioritaria para la identificación de indicadores que causan la violencia y una estrategia focalizada en disminuirla. Sn duda no es una tarea fácil y tampoco es una responsabilidad exclusiva del gobierno.

Desde el Observatorio Ciudadano de la Ciudad de México, estamos convencidas en la corresponsabilidad que tenemos como ciudadanos en construir una ciudad pacífica, contribuir por una Cultura de la Legalidad y velar por el seguimiento y monitoreo de políticas públicas enfocadas en la prevención de la violencia y el delito.

 

Observatorio Ciudadano de la Ciudad de México

@OCMXseguridad @ObsNalCiudadano

 

[1] Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Incidencia Delictiva del fuero común, Informe de Homicidio, Secuestro, Extorsión y Robo de Vehículo. URL: http://secretariadoejecutivo.gob.mx/docs/pdfs/cifras%20de%20homicidio%20doloso%20secuestro%20etc/HDSECEXTRV_122016.pdf,  revisado el  31 de enero de 2017.

[2] Cano, Ignacio y Rojido, Emiliano. Mapeo de Programas de Prevención de Homicidios en América Latina y el Caribe. Laboratorio de análisis de la Violencia. Brasil, 2016.

[3] Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. México, 2016. URL: http://www.beta.inegi.org.mx/contenidos/proyectos/enchogares/regulares/envipe/2016/doc/envipe2016_cdmx.pdf consultado el 30 de enero de 2017.

[4] Salomón, Leticia. El desempeño policial y la satisfacción de la ciudadanía. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Honduras, 2004.

[5] La ENSU, con un levantamiento trimestral, divide la capital y sus 16 delegaciones en cuatro zonas: Norte (Gustavo A. Madero, Iztacalco, Venustiano Carranza), Sur (Benito Juárez, Coyoacán, La Magdalena Contreras y Tlalpan), Poniente (Azcapotzalco, Álvaro Obregón, Cuajimalpa de Morelos, Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo) y Oriente (Iztapalapa, Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco). Ésta última destaca como segundo y tercer lugar de las 51 ciudades que se miden en cuanto a percepción de inseguridad.

Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. México, 2017. Disponible en:  http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2017/ensu/ensu2017_01.pdf consultado el 30 de enero de 2017.

[6] Chapa, Lilian y Ley, Sandra. Prevención del delito en México: ¿cuáles son las prioridades? México Evalúa, Centro de Análisis de Políticas Públicas. México, 2015.

[7] Prevención de la violencia: la evidencia. Organización Panamericana de la Salud. Estados Unidos, 2013.

El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.

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