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Economía del crimen: ¿Qué aprendimos en 2016?

Las políticas públicas encaminadas a reducir la participación de los jóvenes en actividades ilícitas, frecuentemente se encaminan a aumentar y mejorar el nivel educativo de tal suerte que se potencien las posibilidades de obtener un buen ingreso en el sector legal.
09/12/2016
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La producción científica de economía del crimen ha sido prolífica este año.  Tanto la investigación de corte teórico como los trabajos empíricos demuestran que esta rama de la economía no consiste solamente en modelos matemáticos que explican los comportamientos individuales y sociales mediante ecuaciones y supuestos aislados del contexto político y social. Los temas de estas investigaciones son muy variados y abarcan: la relación entre la durabilidad de los bienes y el crimen, los retornos privados de la educación para miembros de grupos criminales, el uso estratégico de la violencia para influir en los resultados electorales, la relación entre el crimen y la aglomeración urbana, por mencionar solo algunos. Un punto muy favorable de estos artículos es que aportan soluciones a problemas comunes o en su defecto, aproximaciones novedosas. Examinemos los hallazgos más importantes y sus implicaciones para el caso mexicano.

 

Crimen y bienes durables                       

Celulares, vehículos, televisiones, entre otros bienes durables son en muchas ocasiones objetivo de los ladrones ya que representan beneficios directos mayores que los que reportaría el robo de bienes no durables. El trabajo de Galiani et. al., (2016)[1] es el primer artículo que analiza la relación entre crimen y la durabilidad de los bienes de manera sistemática. ¿Qué pasa con la durabilidad de los bienes cuando se compara una situación con y sin crimen? ¿Cómo afecta la durabilidad de los bienes la incidencia de robos? ¿Qué se puede hacer para reducir los beneficios directos de un robo de un bien durable?

En primer lugar, estos autores encontraron que la durabilidad socialmente óptima de los bienes producidos en un escenario con crimen es menor que la durabilidad en un escenario libre de crimen. Esto quiere decir la incidencia de robos distorsiona las decisiones de las empresas y los consumidores, el equilibrio de mercado y por lo tanto, el óptimo social. Estos efectos se derivan de que la incidencia de crimen presenta fuertes externalidades negativas como daños físicos y psicológicos.

En segundo lugar, entre mayor sea la durabilidad de los bienes mayores serán los beneficios directos de un criminal cuando logra robar dicho bien. En términos didácticos considere un ladrón de hielos que obtuvo un botín de 10 kilogramos de hielo, pero carece de congeladores para almacenarlos. El valor de su botín habrá desaparecido en pocas horas. Por esta razón, ante disminuciones de la durabilidad de los bienes, menores serán los beneficios relativos de los delincuentes.

Este artículo propone una vía alternativa al combate de robo de bienes durables. Si logramos que la durabilidad de un artículo disminuya drásticamente una vez que este es robado, será posible desincentivar la conducta delictiva. Esta estrategia ya se aplica en México y otros países en materia de robo de celulares[2] al desactivar el equipo mediante la clave IMEI. Para potenciar este efecto sería necesario difundir ampliamente en medios de comunicación este procedimiento. Sin embargo, no hay que perder de vista que los ladrones no pecan de ingenuos y que pese a estas medidas, el robo de celulares sigue vigente por las piezas o refacciones de los equipos que se venden en el mercado negro. ¿Cómo se podría reducir también la durabilidad de las refacciones una vez que el celular fue robado?

 

Retornos de la educación en organizaciones criminales           

En el ámbito de las políticas públicas encaminadas a reducir la participación de los jóvenes y, en general, de las personas en actividades ilícitas es frecuente escuchar que es necesario aumentar y mejorar el nivel educativo de tal suerte que se potencien las posibilidades de obtener un buen ingreso en el sector legal. Palabras más, palabras menos: se busca mejorar el retorno o rendimiento de la educación. Sin embargo, pocas veces se aborda el papel de la educación en organizaciones criminales.

Seamos más claros, si a usted le encomendarán organizar todo el trasiego de drogas hacia determinada ciudad o si le encargarán lavar millones de dólares, ¿cómo lo haría? ¿A quién le preguntaría? ¿Probaría si Google sabe la respuesta? En principio, participar en alguna actividad ilícita parecería de lo más trivial, pero es cierto que para realizar actividades delictivas complejas se requiere algún grado de instrucción formal o informal que les otorgue habilidades numéricas y cierta estructura lógica a los delincuentes. Por lo tanto, es factible hablar de retornos a la educación para miembros de organizaciones criminales. Campaniello et. al. (2016)[3] encontraron que para los líderes de la mafia italo-estadunidense de mediados del siglo XX la educación tuvo retornos ligeramente menores que los recibidos por ciudadanos estadunidenses.

Pese a que dichos líderes reportaron, en promedio, un año menos de educación, los retornos fueron de entre 7.5 y 8.5%. Esto resulta del hecho de que los líderes tienen una carrera criminal profesional más corta que el trabajador promedio por lo que un año adicional de educación retribuye más ingreso pues tendrán menos tiempo de compensar la inversión a lo largo de su ciclo de vida.

En este tenor, sería interesante realizar un ejercicio similar en México. Me imagino que los resultados serían diferentes al considerar que el Chapo, uno de los capos más ricos y poderosos en la historia reciente, proviene de una comunidad con una escolaridad promedio de 5 años. Sería atrevido (o quizás no tanto) aseverar que el retorno de la educación de alguna porción de los grandes capos supera por mucho el retorno de la educación de un mexicano promedio. Aunque recordemos que no todos los miembros de las organizaciones criminales alcanzan esta cúspide profesional.

 

Crimen organizado, violencia y política                    

Para nadie es una novedad el hecho de que el crimen organizado está involucrado en alguna medida en asuntos políticos. Ya sea que administraciones locales estén coludidas con los grupos delictivos bajo amenazas o alianzas amistosas, o que las mismas autoridades electas formen parte de dichas organizaciones, los vínculos pueden ser muy estrechos. En México así como en otros países con un marco institucional deficiente y con bajos niveles de observancia de leyes, el ejercicio de la violencia constituye una estrategia valiosa y factible de las organizaciones criminales para influir en los resultados electorales.

De acuerdo con el artículo de Alesina et. al. (2016)[4] para las organizaciones ejercer la violencia previo a las elecciones puede servir para 1) eliminar candidatos opuestos, 2) interrumpir las campañas electorales de candidatos contrarios, 3) intimidar a posibles votantes y 4) amenazar a los candidatos rivales en caso de que estos ganen. Naturalmente, los canales descritos inciden en los resultados, pero dependen del tipo de reglas electorales vigentes (sistema proporcional vs. sistema mayoritario). Su modelo predice que las organizaciones criminales ejercerán la violencia en distritos muy competidos bajo sistemas mayoritarios. No será beneficioso ejercer la violencia cuando el partido o candidato que apoya la organización es demasiado fuerte o bien cuando es demasiado débil. En contraste, bajo sistemas proporcionales se ejercerá la violencia cuando el partido o candidato apoyado por la organización es menos popular.

Para probar su modelo los autores analizaron los resultados electorales en Italia desde 1887 y encontraron evidencia que apoya sus resultados. Previo a las elecciones se observa que en las regiones o distritos dominados por la mafia hay un incremento de los homicidios. A su vez, cuando hubo un cambio de reglas electorales y se optó por un sistema mayoritario, el incremento de los homicidios fue más pronunciado en los distritos con mayor competencia electoral.

Bajo esta perspectiva, cuando el ONC publicó su estudio Homicidio: Una Mirada a la Violencia en México en 2015 se elaboraron fichas de las 32 entidades federativas. En cada ficha se incluyó una gráfica que describía el comportamiento del homicidio doloso y culposo desde 1997 separado por periodo de gobierno estatal. A la luz del artículo en comento volví a examinar dichas gráficas y encontré que algunas entidades podrían ser candidatas idóneas para probar este modelo grosso modo. Tal es el caso de Guerrero en 2011, Sinaloa en 2010, Sonora en 2009 o Tamaulipas en 2010. Incluso en este último estado el hermano (y candidato) del ahora gobernador saliente, Egidio Torre Cantú, fue asesinado.

 

Aglomeración, tamaño de la ciudad y crimen                    

Sabemos que una proporción importante de los delitos se cometen en las ciudades por lo que constituye un fenómeno urbano de sumo interés para los estudiosos de la seguridad. Las ciudades son entornos complejos por antonomasia donde coexisten fuerzas que alejan o atraen las actividades económicas y sociales. Tanto la ubicación de la ciudad respecto a otras ciudades, localidades y recursos como la conformación interna de esta entrañan elementos espaciales de gran relevancia que seguramente inciden en la distribución geográfica de los delitos.

La literatura criminológica sobre la geografía delictiva es vastísima y abarca desde el famosísimo mapeo de focos rojos hasta técnicas más modernas como Risk Terrain Modelling (modelado de terreno de riesgos). Sin embargo, el artículo de Gaigné et. al. (2015)[5] parte de una base conceptual muy distinta. El análisis de este artículo se desprende de la New Economic Geography (Nueva Geografía Económica). Los autores desarrollaron un modelo que pretende analizar la relación entre el tamaño de una ciudad y el tipo de actividades a desarrollarse en esta (crimen o trabajo legal) mediante un modelo de equilibrio general con cuatro mercados (tierra, trabajo, bienes y crimen), fricciones espaciales y economías de aglomeración.

Los resultados teóricos encontrados son: 1) mayores costos de traslado o peor accesibilidad laboral origina que haya más delincuentes, 2) el impacto de los costos de traslado en la incidencia tiende a magnificarse cuando el tamaño de la ciudad aumenta, 3) las actividades delictivas aumentan más que proporcionalmente cuando el tamaño de la ciudad aumenta. Asimismo, examinan qué pasa cuando una autoridad urbana cobra un impuesto para financiar una política de seguridad. Encontraron un patrón en forma de U entre la tasa de criminalidad y la cantidad de recursos lo que sugiere que demasiados recursos podrían ser perjudiciales. Por último, si los costos de traslado disminuyen o mejora la accesibilidad laboral el impacto de la policía en las tasas de criminalidad se refuerza, es decir, funge como un efecto multiplicador.

Sin duda, el hallazgo más importante es el que vincula los costos de traslado con la incidencia criminal. ¿Será posible que al mejorar la accesibilidad laboral y/o bajar los costos de traslado en una gran ciudad pueda contribuir a reducir la incidencia delictiva? De ser así, ¿qué tipo de política de transporte podría implementarse? La evidencia empírica es mixta pues en algunas ciudades la implementación de sistemas de transporte selectivos (solo algunas zonas) originó el efecto contrario y en otras ciudades sí redujo la incidencia considerablemente.

 

Investigación de vanguardia

En este artículo presenté algunos hallazgos en materia de economía del crimen de artículos publicados recientemente[6]. La importancia de esta sub rama de la economía radica en el potencial de generar alternativas de política desde ópticas poco convencionales. Entre estas alternativas encontramos la de reducir la durabilidad de los bienes y la de mejorar la accesibilidad laboral y el sistema de transporte en las ciudades. Por otro lado, la economía del crimen ya se nutre de otras disciplinas que han expandido su enfoque y han detonado investigaciones más enriquecedoras. Tal es el caso del ejercicio de la violencia como una estrategia valiosa para las organizaciones criminales durante periodos electorales así como el retorno de la educación para los miembros de grupos criminales.

Estos artículos refrendan el hecho de que la investigación es un pilar fundamental en materia de seguridad. Estoy convencido de que sin investigación no llegaremos muy lejos. Cada acontecimiento, cada hecho violento, cada ola de crimen nos tomarán por sorpresa y sin herramientas para frenarlo o siquiera entenderlo.

 

Manuel Vélez

Coordinador de Estudios Especiales

@VelezManuel @ObsNalCiudadano

 

[1] Galiani, S., Jaitman, L. y Weinschelbaum, F. (2016). Crime and Durable Goods. NBER Working Papers 22788, National Bureau of Economic Research, Inc.

[2] Galiani, S. y Jaitman, L. (2016). Combatir el robo de celulares y delitos asociados: ¿Qué sabemos? Disponible en el blog Foco Económico: http://focoeconomico.org/2016/11/27/combatir-el-robo-de-celulares-y-delitos-asociados-que-sabemos/

[3] Campaniello, N., Gray, R. y Mastrobuoni, G. (2016). Returns to Education in Criminal Organizations: Did Going to College Help Michael Corleone? Economics Discussion Papers 16188, University of Essex, Department of Economics.

[4] Alesina, A., Piccolo, S. y Pinotti, P. (2016). Organized crime, Violence and Politics. CSEF Working Papers 433, Centre for Studies in Economics and Finance (CSEF), University of Naples, Italy.

[5] Gaigné, C. y Zenou, Y. (2015). Agglomeration, city size and crime. European Economic Review. 80, 62-82

[6] La selección de estos artículos omitió algunos textos de igual relevancia, pero en aras de la brevedad solo se incluyeron los 4 que al autor le parecieron más interesantes.

El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.

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