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Hacia una nueva relación con las asociaciones civiles

OTRAS
17/08/2016
11:08
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Observatorio Nacional Ciudadano
El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.
OTRAS

Estamos asistiendo a un momento histórico en donde los supuestos básicos en donde se fundamentó el Estado moderno, la democracia y la ciudadanía están siendo cuestionadas y reformuladas. En nuestros días, diversos estudiosos han planteado la idea de que la política y el proceso democrático deben, aunque de hecho ya lo hacen, trascender la idea de ciudadanía liberal, entendida como el ejercicio de la participación electoral, y diseminarse hacia nuevos espacios desde donde se participe en un nuevo escenario político, a saber, la sociedad civil. Sin embargo, aquí se debe ser muy claro, este nuevo escenario no es, ni puede ser una alternativa al gobierno ni a los partidos políticos, sino que su peso radica en que se constituye como un espacio alterno y suplementario de la política.

Este espacio puede ser entendido como un segundo nivel o circuito de la política que es el resultado de la dispersión o propagación de espacios o formas de relaciones políticas en la sociedad civil, con especial relevancia en los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales y los grupos organizados de interés. Si bien el estudio del asociacionismo y sus implicaciones en la transformación de la sociedad civil contemporánea no es nuevo, ya que se ha venido discutiendo desde finales de los 80´s, su teorización y formalización como un segundo circuito de la política sí es novedoso.

Hemos visto como diversas asociaciones secundarias han logrado crear y fortalecer un territorio legítimo para su acción, y se extienden a través de redes que vinculan sistemáticamente a otras organizaciones con actividades y objetivos comunes. Las redes son establecidas ya que se comprende que la acumulación de fuerzas potencia la eficacia política de las organizaciones, haciendo más viable que estas sean reconocidas en el terreno político, tengan una relación directa y una posibilidad de negociación con las instituciones del Estado para incidir en temas que de otra manera no serían incluidos en la agenda pública.

La dinámica del segundo circuito de la política no ha logrado consolidarse en un sistema institucionalizado que se pueda comparar al de la política del primer circuito (sufragio universal, sistema de partidos, entramado institucional del Estado, etc.), sin embargo, esto no ha imposibilitado que el terreno de las asociaciones civiles cobre fuerza e importancia y se consolide en un circuito periférico pero a la vez suplementario del primer circuito de la representación política y partidaria. Claus Offe y Philippe Schmitter, con algunas diferencias señalan que este segundo circuito de la política no debe ser entendido como una reacción de los grupos conservadores hacia la debilidad del Estado de Derecho o a la ingobernabilidad, sino como una propuesta bastante novedosa sobre la política que va más allá del sistema partidario que era único espacio de representación política de los ciudadanos.

El planteamiento de Schmitter se dirige a desarrollar algunas características operativas que sirvan de sustento para proponer un proyecto de reforma política, tal como la institucionalización del segundo circuito a través del financiamiento público a los actores que lo operan. Schmitter presupone que la teoría democrática tradicional ve a los ciudadanos como los únicos posibles actores políticos, en cambio, en las sociedades modernas los grupos de interés, organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales tienen un papel político cada vez más relevante. Asimismo, piensa que la concepción de la democracia liberal se fundamenta básicamente en la competencia electoral entre partidos políticos, y los grupos del segundo circuito deliberan, negocian y se vinculan al margen de las posibilidades de representación electoral. Los grupos del segundo circuito no pueden ser tratados como si fueses individuos ya que tienen más poder que estos y tienen una estructura permanente, y aunque demandan derechos políticos para poder competir con los partidos, ya que se ven a sí mismos como referentes democráticos, no hay certeza de que persigan objetivos verdaderamente democráticos, así que una de las recomendaciones de Schmitter es que si el objetivo consiste en fortalecer la democracia aceptando la existencia y participación de los grupos del segundo circuito, se debe entonces regular su funcionamiento. Es decir, dar la posibilidad de que estas organizaciones tengan un estatuto semipúblico, otorgarles financiamiento y permitir que los ciudadanos (no el Estado) asignen los recursos a las diversas organizaciones.

Si bien Schmitter está pensando en qué ocurriría si su propuesta fuese aplicada en Estados Unidos, y desarrolla ciertos requisitos básicos para que las asociaciones sean financiadas como: inclusión de todos los que tengan una orientación común con el de la asociación; elección democrática de dirigentes; exclusión de cualquier tipo de discriminación, transparencia y rendición de cuentas. El sistema funcionaría de la siguiente manera, todos los contribuyentes pagarían 25 dólares, lo cual generaría un acumulado de 2.500 millones de dólares para financiar a las asociaciones. Cada contribuyente tendría pagarés por el monto de los 25 dólares y los daría según sus preferencias, lo cual desarrollaría un circuito político suplementario en donde los beneficiarios competirían por los pagarés. Dicho circuito de ninguna manera podría reemplazar al primero, pero sí puede operar eficazmente como contrapeso de las instituciones políticas, convirtiéndose en una alternativa democrática en el contexto de las sociedades modernas en donde la universalidad de los intereses privados dificulta hablar del interés general.

Como mencionaba arriba, Schmitter está pensando en países desarrollados que cuentan con una estructura significativa de contribuyentes e instituciones eficaces de regulación fiscal, aunque existen experiencias más modestas como en España, donde hace algunos años se implementó el “0.5”, mecanismo en donde los contribuyentes podían decidir si el 0.52% de sus impuestos lo destinaban a la iglesia o a los Ministerios que a su vez lo canalizaban hacia proyectos llevados a cabo por agrupaciones sin fines de lucro. Si bien esta experiencia no es tan ambiciosa como la planteada por Schmitter, se percibe que es viable y operativa. El financiamiento público hacia organizaciones sociales da la posibilidad de que estas den continuidad a proyectos que son sumamente importantes para revertir grandes rezagos como en cuanto a la vigilancia de los derechos humanos, discriminación, cuestiones de género, educación, etc.

 

La experiencia española es interesante ya que nos permite entender que hay alternativas de vinculación política que trascienden a las establecidas por el circuito primario de la esfera política liberal. Aquí la unidad básica no radica en el ciudadano con capacidad de elegir representantes, sino que se encuentra en el contribuyente. De la misma manera, la participación política no radica ya en la elección de autoridades, sino en el proceso mediante el cual se asignan recursos del Estado a posibles asociaciones beneficiarias que compiten activa y democráticamente por ese financiamiento. Aquí no se participa para ganar un puesto público, sino que se compite por fondos para llevar a cabo proyectos sociales específicos.

Es un planteamiento novedoso inscrito en lo que varios autores nombran como la democracia pos-liberal. Sin duda aún nos encontramos lejos para que nuestras instituciones sean capaces de sostener este entramado político del segundo circuito, sin embargo, estamos a tiempo para problematizar y plantear alternativas viables a la situación de descrédito y desconfianza hacia las instituciones por las que atraviesa nuestro país. La discusión apenas se está poniendo en marcha y es necesario que participemos de ella activamente.

Bibliografía:

  • O’Donnell, Guillermo y Philippe Schmitter (1988), Transiciones desde un gobierno autoritario, Vol. 4: Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas, Buenos Aires: Paidós.
  • Offe, Claus (1992), «Ingobernabilidad. Sobre el renacimiento de teorías conservadoras de la crisis», en Partidos políticos y nuevos movimientos sociales, Madrid: Editorial Sistema.
  • Arditi, Benjamín (2004), «Trayectoria y potencial político de la idea de sociedad civil», Revista Mexicana de Sociología, Vol. 66, n.º 1.

Christian Eduardo Díaz Sosa

Investigador – Observatorio Nacional Ciudadano

@ChristianDazSos @ObsNalCiudadano

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