¿Se retracta el Ayatola de acuerdos nucleares?

¿Se retracta el Ayatola de acuerdos nucleares? | La declaración de principios de Lausana emitida en Abril | En defensa y en contra de la declaración de principios de Lausana | A una semana del plazo fatal
OTRAS
24/06/2015
17:15
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Mauricio Meschoulam
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¿Se retracta el Ayatola de acuerdos nucleares?

Dos hechos han marcado a esta semana en las negociaciones nucleares entre las potencias e Irán: (1) El día de ayer el parlamento iraní aprobó un documento que obliga a su gobierno a poner límites estrictos a las inspecciones internacionales de instalaciones nucleares, medida que  pone en tela de juicio uno de los aspectos que habían sido pre-acordados en Lausana hace unos meses, y (2) El Ayatola Alí Khamenei, líder supremo de Irán y quien tiene la última palabra en estos temas, pareció rechazar varios de los puntos que ya habían sido acordados en la carta de principios de Lausana en Abril. Por ejemplo, señaló la exigencia de que las sanciones económicas sean levantadas antes de que Irán proceda al desmantelamiento parcial de sus instalaciones nucleares. También rechazó el congelar el trabajo nuclear iraní durante un período “tan largo” como una década.  Este tipo de manifestaciones y declaraciones podrían no ser otra cosa que la adopción de una posición de fuerza por parte de Irán, con el fin de tener mejores probabilidades de sacar un acuerdo más favorable para ellos. Sin embargo, palabras como las emitidas por el Ayatola ayer podrían estar indicando que las posturas más duras en Teherán están ganando la batalla contra el pragmático presidente Rouhani. ¿Cuál es entonces la importancia de estos hechos? ¿Se podrían romper los acuerdos hasta ahora alcanzados? Hoy en el blog algunos comentarios al respecto.

La declaración de principios de Lausana emitida en Abril

Primeramente, recordemos:

Lo que se produjo en Lausana entre Irán y las potencias en el mes de Abril, fue una declaración, no un acuerdo firmado. "Nada es final hasta que todo sea final", declaró el Departamento de Estado estadounidense. Se trata de una serie de principios que deberían funcionar como base para redactar el acuerdo a firmarse a más tardar el 1 de julio (la semana que entra). Estos principios son bastante más detallados de lo que quizás muchos esperábamos, pero siguen siendo suficientemente vagos como para poder valorar la potencial eficacia de un acuerdo final. Hasta entonces, nuestros análisis y opiniones se basan exclusivamente en lo que conocemos de estas declaraciones. Vale la pena sin embargo hacer estas dos advertencias:

  1. Permanecen aún muchos detalles por definirse, muchas preguntas y muchos temas que deberán ser aclarados. La razón de que estos detalles no hayan sido esclarecidos es justamente porque su negociación se mantiene en desarrollo. A la vez, esta ambigüedad intencional en determinados puntos de la declaración de Lausana, tenía el objeto de que cada una de las partes hubiese presentado los acuerdos de manera más favorable ante los actores internos de sus propios países. Al día siguiente de la declaración en Lausana ya había diferentes interpretaciones por cada una de las partes sobre algunos de los términos “acordados”.
  2. Por consiguiente, aún existe la posibilidad de que las negociaciones no resulten en un acuerdo final.  Ahora mismo, cuando se sientan a revisar los puntos y las comas de cada cláusula, han emergido o resurgido diferencias cruciales.

En defensa y en contra de la declaración de principios de Lausana

Los puntos mejor valorados como parte de lo que fue pre-acordado en Lausana incluyen temas como la restricción al programa nuclear iraní a tal grado que si Teherán decidiese violar esos acuerdos y armar su bomba atómica, le tomaría un tiempo de un año lograrlo. Actualmente ese tiempo es de tres meses. Esto se consigue a través de la desactivación de unas 13 mil centrífugas y la remoción de unas 10 toneladas de uranio ya enriquecido (suficiente para armar unas 7 u 8 bombas), así como  de una reducción del porcentaje a través del que Irán podría enriquecer uranio en unas 6 mil centrífugas que quedarían activas. Adicionalmente se garantizaría la transformación de ciertas instalaciones nucleares en  instalaciones solo de investigación, entre otros temas que quedarían vigentes al menos por 10 años. Todo esto sería vigilado a través de un protocolo de supervisión internacional sin precedentes con el objeto de revisar no solo las operaciones al interior de Irán, sino también para garantizar el acceso a la cadena de abastecimiento que pudiera servir a fines violatorios de lo pactado. A cambio de eso, Irán obtendría la eliminación de las sanciones internacionales (según Washington, esto se daría de manera paulatina conforme se cumplieran los otros puntos del acuerdo), y la legitimación de su proyecto nuclear con fines pacíficos.  

Los argumentos en contra del acuerdo o que denuncian su insuficiencia se basan en que Irán conservará instalaciones y capacidad nuclear, lo que gracias a investigación y desarrollo futuros –incluso dentro del período del acuerdo- más adelante podría acortar el tiempo que tomaría a ese país armar una bomba atómica si lo deseara hacer. Al final, ninguna instalación nuclear iraní se cierra. Irán conserva 6,000 centrífugas funcionando, y queda legitimada como potencia nuclear de facto y de jure, ahora ya sin sanciones que combatir, lo que le abre puertas si no para hoy, sí para el futuro.  Sobre todo, en la declaración de Lausana no queda claro qué sucedería si Irán se niega a conceder el acceso a determinadas inspecciones en momentos específicos. Estas son cuestiones, entre muchas otras, que quedaban sin resolver.

A una semana del plazo fatal

En cualquier caso, dada la aprobación del documento en el parlamento iraní, y con las declaraciones del Ayatola del día de ayer, ahora es necesario incorporar a la discusión al menos estos elementos:

  1. Si no se llega a un acuerdo final y las sanciones económicas -quizás el factor más importante que ha orillado a Irán a sentarse en la mesa de negociaciones- permanecen vigentes,  es probable que el descontento en la sociedad iraní siga creciendo poniendo en riesgo la estabilidad del régimen.

En otras palabras, si lo que vimos y escuchamos ayer por parte del Ayatola y del parlamento iraní, no consiste en una estrategia de negociación, sino en un reposicionamiento real de los sectores más duros en Teherán, y por tanto, las rondas actuales no culminan en un acuerdo definitivo, entonces la economía iraní seguirá padeciendo los efectos que ha padecido hasta ahora por las sanciones -quizás incluso de manera más severa-, lo que en última instancia cambiaria enormemente la ecuación para la posición e Irán en el mediano y largo plazos.

Mi evaluación por tanto, es que al final, el Ayatola no desea una ruptura total, y que en todo caso, está buscando equilibrar las fuerzas en su país.

  1. Ahora bien, como dije arriba, podríamos simplemente estar ante eso que en negociaciones se conoce como step-backs, o pasos para atrás, es decir, retirar de la mesa concesiones que ya se habían efectuado, con el único propósito de reposicionarse o buscar un acuerdo final más favorable. Esto podría estar siendo incentivado por dos factores: (a) De no alcanzar un acuerdo, es probable que Irán siga adelante con el armado de su bomba atómica, lo que según expertos podría ocurrir en solo tres meses y (b) Washington parece haber generado  la percepción de que ha descartado cualquier opción militar para resolver esa posibilidad. A estas alturas ya nadie parece creer que en el caso de no llegar a acuerdos, y de que Irán se decidiese a proseguir con el ensamblaje de su bomba atómica, Estados Unidos bombardearía sus instalaciones nucleares. Washington cuenta con la fuerza y el poder de hacerlo, pero no parece estar demostrando disposición alguna de usar ese poder, por lo que sus amenazas de fuerza han perdido credibilidad no solo en este sino en muchos otros temas.

Esto deja a Teherán ubicado en una aparente posición de ventaja que supone el que la Casa Blanca parezca desesperada por obtener un acuerdo al costo que sea, debido a que no pareciera haber alguna otra opción para detener el proyecto nuclear iraní. Si esto es verdad, lo único que estaría haciendo el Ayatola es sacar provecho de esa ventaja aparente y a través de ello buscar un mejor acuerdo para su país.    

  1. Sea como sea, los hechos de ayer no solo tendrán repercusiones en las mesas de negociaciones en Suiza. Un potencial acuerdo final con Irán tiene gran oposición dentro y fuera de Washington. Las declaraciones del Ayatola o el documento aprobado por el parlamento iraní serán utilizados, sin lugar a dudas, por parte de los sectores más duros en Estados Unidos, o por parte de los gobiernos de países como Israel o Arabia Saudita para torpedear a Obama, intentando mostrar cómo es que al final del camino, Irán no es un socio confiable para las negociaciones. Responder a esas críticas, dadas las nuevas circunstancias, requerirá de una enorme destreza para equilibrar las fuerzas que buscan evitar que las actuales negociaciones colapsen, y las fuerzas que buscan hacerlas fracasar.

Por consiguiente, lo más probable es que lo que veremos a continuación sea una extensión del plazo del 1 de julio, fecha en la que teóricamente se tendría que pactar un acuerdo final entre Irán y las potencias, y a partir de ese punto, lo más que podemos esperar es que las negociaciones continúen y los actores moderados en ambas partes sepan apagar los fuegos que estos días se han encendido.

¿Usted cómo lo ve?

Twitter: @maurimm

 

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