De Senna a Hamilton: El Gran Premio De México

OTRAS
01/11/2016
00:06
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Apasionada de México y su cultura, estudió Sociología en la UNAM, se ha dedicado por más de 15 años a difundir y promover los atractivos turísticos, culturales e históricos de nuestro país a través...
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Era domingo y teníamos mucho trabajo, 1994 un año complicado para México. Un inicio de año con un levantamiento en Chiapas por parte de EZLN, pocos meses después en marzo asesinaron a Luis Donaldo Colosio, el candidato del PRI a la Presidencia de la República. Por alguna extraña razón el domingo 1 de mayo había ido a visitar a un amigo a su oficina de comunicación social, estaba el televisor encendido y se trasmitía la carrera de la Fórmula 1 desde Imola, Italia.

El ídolo en aquel momento para muchos mexicanos era Ayrton Senna, corredor de Williams, aquel personaje siempre me hacía recordar mi extraña pretensión de correr autos a alta velocidad, cosa que, por supuesto estaba más que prohibido en la familia, sin embargo, había logrado tener un volante firmado por Emerson Fittipaldi, de madera laqueado, con tres brazos de aluminio, que me permitía soñar despierta.

El sonido de los autos era verdaderamente ensordecedor, los aficionados esperaban que Senna le ganara a Schumacher. No sé porque estaba emocionada cuando vi la bandera de salida, incluso estaba nerviosa, ahora sé porque, en Imola, habían consignado los reporteros especializados en automovilismo que: el día anterior sábado al inicio de la segunda sesión de calificación el piloto austriaco Roland Ratzenberger, golpeó la barrera de contención de forma casi frontal y quedó gravemente herido y más tarde en el hospital se anunció su muerte. Senna durante esa sesión obtuvo la pole position; al inicio de la carrera al día siguiente en la arrancada hubo un accidente más.

La carrera estaba invadida por un nerviosismo generalizado, hasta los neófitos en la materia como yo estábamos expectantes por los inconvenientes en la pista los días previos. Esperábamos ansiosos el triunfo de Senna, sin embargo, las cosas se complicaron después de que se limpió la pista, se relanzó la carrera y a dos vueltas de ello, Senna liderando, se estrelló en la curva Tamburello a más de 300 Kilómetros por hora, grité en plena oficina, los periodistas que estaban en la sala de prensa se levantaron, continué gritando… se mató, se mató, se mató, Senna. La carrera la ganó Schumacher, en medio de una tristeza generalizada.

Estos y otros recuerdos llegaron a mi mente el pasado fin de semana, en la segunda edición de la Fórmula 1 de esta nueva etapa del Gran Premio de México, en el autódromo Hermanos Rodríguez.

Los autos de los setenta de escuderías que ya no corren, nos trasladaron a aquellos años cuando los ídolos eran Andretti, Fittipaldi, Stewart y Niki Lauda; con motores V8 de Ford y el ruido ensordecedor en el sábado previo a la carrera grande que fue un éxito para México, para Lewis Hamilton y para la escudería Mercedes. Triste para los corredores mexicanos, Checo Pérez y Esteban Gutiérrez, quienes se llevaron el amor de la afición en el corazón y la decepción de la afición por el papel de los comisarios quienes suben y bajan del pódium a corredores con diferentes criterios.

Para mi gusto el mejor corredor de este Gran Premio México, Sebastian Vettel, de la escudería Ferrari, quien perdió el tercer lugar terminando en quinto por una sanción en la mesa, para que vean estimados lectores “En todos lados se cuecen habas” ... Lo que si debo reconocer es que este fin de semana tuve 18 años de nueva cuenta.

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