Gemelos de Oro

OTRAS
22/12/2015
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Apasionada de México y su cultura, estudió Sociología en la UNAM, se ha dedicado por más de 15 años a difundir y promover los atractivos turísticos, culturales e históricos de nuestro país a través...
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Manolita había insistido en ir a una cantina, la idea no era la que más le gustaba a Rodrigo, él continuaba siendo tradicionalista en algunas cosas, que parecían contradictorias en su vida; sin embargo  no es que pensara que debía de ir sólo con hombres sino que era un lugar de reunión de amigos para jugar dominó y echarse unos buenos tragos, contar chistes, hablar de los negocios y de vez en cuando escuchar a un trio.

Después de insistir Manolita logró persuadir a sus cómplices favoritos, sin más ni más los sito en la tradicional León de Oro de la colonia Escandón, cantina tradicional fundada, según recordaba Manolita por los años cincuentas.

Rodrigo y Adelor quedaron sorprendidos ante la rara invitación, según dijo la mujer tenía antojo de una torta de cantina y de echarse unos mezcales. La primera en llegar a la cita fue ella, se trataba de una pequeña travesura, que según decía su edad se lo permitía.

Adelor y Rodrigo asiduos comensales, llegaron un poco después al encuentro saludando a los meseros y al cantinero; la mujer al verlos entrar levanto la mano y abanicándola les hizo señales  para que la ubicaran.

  • Paisana, a qué se debe esta cita tan extraña, preguntó  Adelor intrigado- siéntense y brindemos por la vida, yo invito; en la mesa ya estaba un pachita de mezcal como si la mujer fuera una gran experta en el tema.

Naranjas partidas al centro con sal de gusano, como debe ser, pidió la simpática mujer al centro, ante la sonrisa amable de los camareros y de los vecinos de mesa contigua.

Junto se encontraban varios jóvenes brindando a quienes les había caído en gracia que la mujer llegara sola a la cantina y que sin mayor problema bromeara con los meseros y pidiera una pachita de mezcal, cosa en realidad inusitada aún en esta época en las cantinas, sobre todo cuando la mujer rebasaba según los cálculos de los muchachos, los setenta años.

Un caldo de camarón para empezar, ordenaron y de segundo tiempo, una torta, entonces el mesero interrumpió – si me permite la señora, ya estamos a finales de noviembre y el bacalao le ha quedado al chef buenísimo- sin dejar de sostener la carta Manolita, levantó la mirada y aceptó la oferta –pues nos la echamos, asintió.

  • ¿A qué se debe el festejo mujer? – pregunto Rodrigo, tomando la mano de su compañera de vida- mi amor, contestó acariciando la cara del hombre, siempre tiene que haber razones para festejar, pues ya que ambos han insistido festejemos por al vida, por el amor, por la solidaridad y por la fortuna de tener tantos momentos felices ¿les parece suficiente?

Sin discutir ambos levantaron los vasos de veladora donde les habían servido el mezcal y brindaron; sólo Adelor agregó, al final por la amistad.

Entonces inició la música en la mesa de junto, como si estuviera pensada en complacer a Manolita, Nuestro Juramento, Rondando tu esquina, Ódiame.

Como era su costumbre la mujer las cantó todas y de cuando en cuando veía de reojo, intrigada al grupo de muchachos.

La música concluyó y sin más el trio apareció frente a Rodrigo – con el debido respeto señor- dijo el joven- permítame dedicarle una canción a su esposa- el marido tomó de nuevo la mano a Manolita y moviendo la cabeza dijo sí, casi murmurando adelante no hay problema.

Pues yo voy a repetir joven, Nuestro juramente- claro adelante y los músicos se arrancaron de nuevo con el requinto, las guitarras y las voces.

En ambas mesas rondó el nerviosismo, hasta que el muchacho se levantó feliz –estamos festejando que mi esposa y yo vamos a tener gemelos y ustedes cuántos años de casados tienen, preguntó. Rodrigo apretó la mano de su compañera y sonriendo dijo cincuenta y seguiremos juntos toda la vida -pues muchas felicidades yo quiero llegar como ustedes con esa felicidad que se les nota.

En ese momento Manolita interrumpió y alegre felicitó a la vez al joven, esta noticia dijo nos llena de alegría y estamos seguros que usted lo logrará con esa voluntad que tienen, llegará a cumplir cincuenta de casado y la vida se llenará de alegrías con los gemelos.

El hombre se retiró agradeciendo al trio de amigos, que sorprendidos por la buena nueva continuaron brindando.

¡¡Feliz Navidad!!

 

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