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San Pascual como cosa suya, caminó

De niños éramos tremendos, reíamos y corríamos de un lado al otro sin parar, con frecuencia las vecinas iban a quejarse de nosotros pero corríamos rápido para llegar a casa antes que ellas
OTRAS
30/06/2015
12:52
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Apasionada de México y su cultura, estudió Sociología en la UNAM, se ha dedicado por más de 15 años a difundir y promover los atractivos turísticos, culturales e históricos de nuestro país a través...
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De niños éramos tremendos, reíamos y corríamos de un lado al otro sin parar, con frecuencia las vecinas iban a quejarse de nosotros pero corríamos rápido para llegar a casa antes que ellas, con cautela nos asegurábamos que nos vieran jugando en el patio o bien en alguna parte de la casa, sonrojada y casi sin aliento de tanta risa Cecilia Bernabé Constancio, tartamudeaba para poder continuar.

Figúrese usted la escena Don Adelor, durante semanas habíamos seguido a Doña Mariquita a la iglesia, que entraba y salía del templo una y otra vez durante el día, la mera verdad habíamos escuchado varias veces al cura decirle que no todo lo que hacía lo tenía que ir a desembuchar, que se ocupara más de su marido y que dejara de juzgar a los demás.

Ante tanto regaño del padre, la mujer espació sus vistas al confesionario, pero siguió con sus continuas vistas al templo, que para rezarle a la Virgen de los Remedios, que para pedirle al Santo Niño la iluminara, que para que la Virgen de Guadalupe perdonara los pecados del pueblo, en fin una serie de peticiones, que todo mundo conocía porque ella misma se encargaba de divulgarlas, ya fuera a través de las demás mujeres del pueblo o bien porque esperaba que hubiera alguien cerca del altar donde se encontraba y hacia la petición a todo pulmón.

La risa de Cecilia contagió a los amigos que escuchaban la anécdota, aquella mujer en verdad buscaba cualquier pretexto para no estar en las labores de su casa, prefería que la comida la hiciera su suegra o cualquiera de las niñas que la ayudaban en la casa, en realidad, pensábamos todos en el pueblo, cual devoción, lo que no le gusta a esta mujer es el trabajo, decía el acólito de la iglesia.

En fin que durante algunos días nos propusimos aprendernos su rutina clerical y ver cómo iba cambiando de santo durante las diferentes horas del día, era un entrar y salir, un ir y venir que a todo el pueblo le llamaba la atención.

Así fue como medimos cada una de sus acciones, hasta que nos sentimos confiados, sabíamos que los miércoles antes de la comida como a eso de la una de la tarde, la mujer se reclinaba ante San Pascual Bailón, así es que con la debida precaución nos apresuramos con la suficiente anticipación a su llegada para escondernos debajo del hábito del Santo.

La mujer empezó sus rezos y a sollozar como si en verdad sufriera mucho-líbrame del pecado, que la gula no esté entre mis pecados, San Pascual, ten piedad de esta pecadora, que tan devota es y dame una señal de que voy por el buen camino- mientras ella pronunciaba aquellas palabras, nosotros empezamos a mover al santo como si por voluntad propia caminara, la mujer desconcertada, salió corriendo del templo gritando milagro, milagro, San Pascual se mueve; fue entonces que salimos de entre las piernas de la imagen y entre risas nos echamos a correr.

-Chamacos de porra, malandrines, gritaba una y otra vez la mujer, pero patitas pa´que las queremos... llegamos en un santiamén a la casa y nos acomodamos a jugar como si lo hubiéramos estando haciendo desde hacía horas. La mujer toco frenéticamente la puerta, mi madre con toda paciencia recibió a la mujer y escucho la queja sin inmutarse.

-Mire Doña Mariquita, dijo mi mamá, a mi me consta que los chamacos han estado ahí desde hace rato, si ha sucedido eso, seguro, y perdón que se lo diga pero en una de esas y el Santo lo que le está queriendo decir es que se meta para su casa, pero no se preocupe yo hablare con los niños- dicho lo cual la tomó del brazo y la acompañó a la puerta y le dijo – vaya con Dios, que con seguridad le ha dado una señal inequívoca, que usted deberá de interpretar.

Intrigados nos acercamos lo más posible a las ventanas para escuchar la queja y al oír el vaya usted, soltamos la carcajada, de reojo entendimos la complicidad de mi madre, que en voz alta dijo -¡Vayan ustedes a creer! San Pascual caminado, para darle una señal a esta mujer, semejante ocurrencia, como si los santos se ocuparan de tonterías.

Manolita Recomienda.- La Maison de Famille, es el nuevo restaurante de la familia Bouteille, legendarios restauranteros y preferidos por muchos desde mediados de los años sesentas, cuando abrieron en la calle de Amberes un pequeño bistró, preferido por muchos durante décadas, el nombre les será familiar - Champs Elysée- La historia es larga y se entrelaza con los sueños de familia, la hija del matrimonio se enamoró del chef Avernin, con quien poco tiempo después se casó. El restaurante era todo un éxito y marcó una época entre los sibaritas de la gran capital mexicana, aún recuerdo la primera vez que visitamos el lugar con mi padre, la exquisitez era el sello de la casa; ya para los años noventa el restaurante cambió de manos y la familia parece ser, migro a Morelos a una granja de cultivos especializados para restaurantes. Hoy la hija del matrimonio, Valerie y su padre retoman su vocación culinaria con La Maison de Famille, ubicado en la colonia Roma. La carta… como me gusta, corta con especialidades, muy francesas y con algunas mezclas con productos mexicanos. La sopa de cebolla espectacular, al igual que la terrina y el foie gras, las carnes a punto al igual que los mariscos y los pescados. Los vinos que se ofrecen son una muy buena selección de las mejores bodegas del mundo y los postres servidos a su debido tiempo, como debe de ser, antes del café. El cheque promedio con vino y digestivos 800 pesos por persona. El servicio a tiempo y de alta calidad.

@Luluturismomx

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