Chapo Productions

En el imaginario colectivo, este ladronzuelo se convirtió en algo aproximado a la imagen del Robin Hood
OTRAS
18/01/2016
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Joaquín “El Chapo” Guzmán será todo iletrado que se quiera. Pero, si hay algo que lo ha convertido en un temible adversario y en el dueño de un imperio sin parangón en el mundo de las drogas, es su astucia y olfato para los negocios. 

Después de comprobar lo fácil que ha sido, durante décadas, lavar dinero del narco en instituciones bancarias o en empresas fantasma de Estados Unidos, el líder del cartel de Sinaloa pareció llegar al convencimiento de que había llegado el momento de “lavar su imagen”. 

Y, para ello, que mejor que Hollywood, el lugar donde se escribe la historia en Estados Unidos. No en los libros que resultan demasiado complicados y aburridos para la gran mayoría. Sino en la gran pantalla, donde la apariencia y la ficción, se convierten en poderoso detergente para lavar la sangre y los pecados del peor de los delincuentes. 

Y todo ello, con la entusiasta colaboración de expertos cineastas, de mediadoras interesadas y de amanuenses dispuestos a crear la imagen cinematográfica de “El Chapo” Guzmán para convertirlo en una especie de héroe; en un “santo social” que ha llegado para salvar de su miseria y desesperación a los desheredados y para humillar a los poderosos.

Desde hace ya casi una década, la próspera industria del narco cine ha permitido a cineastas improvisados y a vulgares criminales forjar alianzas para hacerse con el control de la narrativa que ha capturado la imaginación de millones. 

Al igual que ocurre con el narco cine, la industria de la música también ha encontrado un rico nicho en los famosos narco corridos donde compositores mediocres rinden culto a sicarios, líderes de carteles que se disputan plazas y que son el azote de comunidades enteras en México.

Mientras unos cantan unos se desgañitan de dolor.

Cuando en agosto de 2010 las autoridades mexicanas detuvieron a Edgar Villarreal Valdez, mejor conocido como “La Barbie” entre los sicarios del cartel de los Beltrán Leyva, se descubrió que este criminal había invertido dinero en una película que lo glorificaba como uno de los más temidos sicarios.

En 2011, la revista The Rolling Stone publicó un artículo (An American Drug Lord in Acapulco) que serviría de base para elaborar el guión de la película “American Drug Lord” que será protagonizada por el actor británico, Charlie Hunnan.

Muchas de estas producciones de cine y música se realizan en Estados Unidos, en escenarios alejados de la tragedia donde la ficción no sólo trata de imitar a la realidad, sino que presenta como héroes a criminales sin escrúpulos.

Esa, al parecer, era la apuesta de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Escribir su propia historia a través de las grandes pantallas y con la colaboración de actrices, cineastas, guionistas y hasta de actores que disfrutan haciéndose pasar por periodistas como Sean Penn.

La tradición de crear leyendas viene de lejos en la cultura de los narcotraficantes. Ahí esta el caso de Jesús Malverde, el santo patrón de los narcos y sicarios. La leyenda de Malverde ha crecido a tal grado en EU que las agencias antinarcóticos lo han convertido en enemigo público.

La figura de Jesús Malverde nació en México durante la época del Porfiriato (1877-19911).

La leyenda cuenta que el personaje, cuyo verdadero nombre era el de Jesús Juárez Mazo, debe su sobrenombre a su mala reputación y a su costumbre de camuflarse con hojas de plátano para robar ganado. 

En el imaginario colectivo, este ladronzuelo se convirtió en algo aproximado a la imagen del Robin Hood porque era un ladrón que asaltaba a la gente rica para ayudar a los pobres.

Para las autoridades policiales, la imagen de Jesús Malverde grabada en las cachas plateadas de pistolas o en las AK 47 o cuernos de chivo; o colocada en los tableros de lujosos todoterreno o de las avionetas que han sido interceptadas con droga, son sólo una pequeña muestra de

la popularidad e internacionalización de éste "narcosanto" a quien se rinde culto desde capillas y altares improvisados desde Cali, Colombia hasta Culiacán, Sinaloa y Los Angeles, California.

¿Intentaba el líder del cartel de Sinaloa competir con la leyenda de este narcosanto? … ¿ O sólo lavar su imagen para pasar a la historia como el Robin Hood del siglo XXI?

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