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Vogue en Monterrey

Del 16 al 19 de noviembre de este año, en la Escuela Adolfo Prieto en la ciudad de Monterrey, se organizará un Taller dedicado al voguing y al ballroom, como “técnicas para transitar el género”.
07/11/2016
16:30
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Del 16 al 19 de noviembre de este año, en la Escuela Adolfo Prieto en la ciudad de Monterrey, se organizará un Taller dedicado al voguing y al ballroom, como “técnicas para transitar el género”. Detrás de este esfuerzo, impulsado por Conarte dentro de un programa más amplio de “Demolición del género”, está Omar Feliciano, madre de la House of Apocalipstick, una de las “casas” más importantes de la escena del vogue en México. Feliciano es una de las personas que se ha encargado de impulsar en la Ciudad de México esta forma de baile que es, también, una forma de hacer política: el vogue.

            Yo, como muchas otras personas, relacionaba el vogue con el video de Madonna que fue liberado en 1990. Pero el vogue, aprendí gracias a Feliciano, es una forma de baile que antecede a la Reina del Pop, que se originó en Harlem en los 1970 (si hoy Madonna liberara ese video, no dudo que se le acusaría, con justa razón, de apropiación cultural). Este baile, a su vez, se gestó en el contexto del ballroom, una “cultura” incluso más vieja. Según Feliciano, a finales del siglo XIX en Harlem comenzaron a organizarse mascaradas en las que el travestismo era común. Fue en torno a estas mascaradas –que tenían lugar en ballrooms (cuartos de baile)– que se crearon las “Casas”, “familias por elección que adoptaban un nombre y que competían en distintas categorías dentro de estas fiestas”.

            Una manera de iniciarse en la cultura del vogue es con el documental Paris is Burning, de la directora Jennie Livingston, liberado también en 1990.[1] En él, Livingston presenta la escena del ballroom de finales de los 1980 en Harlem, intercalando las tomas de los concursos y los bailes –espectaculares, por cierto– con entrevistas a algunas de las figuras más importantes de entonces.[2] 

Creo que desde el mismo documental se puede ver la dimensión política del vogue. Primero: se trata de un baile que nace desafiando al género. En la pista de baile el género asignado al nacer es lo de menos: lo que importa es lo que se expresa al bailar. La identidad no se deriva de los genitales, sino de los movimientos del cuerpo y, por supuesto, de la categoría en la cual cada quien elige competir. Y las categorías van más allá del binario (hombre/mujer; masculino/femenino) y, por supuesto, cambian (de baile en baile, de mascarada en mascarada). Por algo, creo, el Taller que se impartirá en Monterrey anuncia al vogue y al ballroom como “técnicas para transitar el género”. Son espacios en los que las categorías rígidas del género no caben (o, más bien: en los que esas categorías rígidas se van a romper).[3]

            Segundo: el vogue no solo implica una exploración del género, sino que se trata de una sublimación realizada por las mismas personas que el sistema se encarga de oprimir. No solo importa el baile, en otras palabras, sino quién lo realiza. El vogue es un baile inventado por personas queer de color: los jotos, las maricas, las travestis, lxs rarxs de color (tanto afroamericanas, como latinas) que fueron expulsadas de sus familias y de sus comunidades, que fueron marginadas, violentadas e invisibilizadas (al grado tal en el que Madonna es la cara del vogue para la gran mayoría de las personas), pero que forjaron en la escena del ballroom y en el vogue una reivindicación. El vogue es una forma de resistencia política. Es una forma de ser en un mundo que te niega. Por eso importa no solo el baile en sí, sino la cultura que se crea a su alrededor: la de las Casas, que fungen tal cual como familias para personas que han sido expulsadas por sus familias “de origen” –las “naturales”, esas que se defienden tanto–.

            Hace unas semanas, cuando la discusión sobre el Frente Nacional por la Familia en el país estaba en su punto más alto, Feliciano escribió sobre lo que ha sido y es el vogue en este sentido: “Judith Buttler ha descrito como una estrategia queer el establecer linajes alternativos tal como en el sistema de Casas que ocurre en la escena Ballroom que nació en Harlem y ahora alcanza varios rincones del mundo. Siguiendo esta estrategia, House of Apocalipstick, mi familia, fue fundada sobre la amistad con Victoria Letal (que cruza décadas de nuestras vidas) y hemos creado un ambiente para que los jóvenes que se acercan a nosotros encuentran la mejor forma de expandir sus mentes, fortalecer sus habilidades y ganar seguridad en sí mismos, mientras bailan voguing. Alrededor de una estética buscamos consolidar una ética de cuidado de sí mismos, de respeto y de mejoramiento personal.”

Creo que este es el elemento más poderoso y atractivo de la escena del ballroom: la posibilidad de crear un mundo de cuidado, de amor y de creatividad, un mundo político, en un universo hostil como el que actualmente estamos viviendo. Un espacio en el que no solo no es necesario disimular quién y cómo eres, sino que ello se vuelve fuente de inspiración. Un espacio forjado desde y para la comunidad, para la libertad. 

[1] No quiero dejar de señalar que el documental Paris is Burning ha sido fuertemente criticado por pensadoras como bell hooks. Recomendaría, de hecho, leer a hooks (“Is Paris Burning?”) después de ver el documental. De hecho y más allá del documental, recomendaría leer a hooks a toda persona que tenga un interés más amplio en la crítica al racismo implícito en nuestras miradas (qué nos llama la atención; qué no nos llama la atención; cómo lo retratamos, etc.).  

Para quien le encante el chisme académico: la misma Judith Butler también escribió un artículo sobre Paris is Burning, intitulado “Gender is Burning: Questions of Appropriation and Subversion”. 

[2] Está por liberarse en cines comerciales el documental “Kiki” que, creo, va a fungir como la continuación generacional de Paris is Burning. Según Feliciano, tampoco nos lo podemos perder. 

[3] Feliciano me pasó este paper que se dedica a analizar las categorías de género en la escena del ballroom: “Gender/Racial Realness: Theorizing the Gender System in Ballroom Culture” de Marlon M. Bailey. En el artículo también se explica todo el sistema de las casas. 

Estefanía Vela estudió derecho en la licenciatura y en la maestría. Ahora se dedica a la docencia y a la investigación sobre la relación entre el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los...

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