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#NoNosPitorreen

26/05/2016
19:05
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El día de ayer, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México presentó los avances de su política para combatir el problema de la violencia de género en contra de las mujeres. Estas políticas son la respuesta directa de este gobierno a la discusión que se ha desatado sobre este grave problema (no sólo en la Ciudad de México, sino a nivel nacional). Además de la presentación que hizo de las políticas frente a un auditorio en vivo, desde distintas cuentas de Twitter de varias instancias gubernamentales se difundieron imágenes y datos sobre lo realizado. Una de esas imágenes fue la de un silbato que, resulta, es una de las medidas del gobierno para el problema del acoso en el espacio público.

 

 

En la cuenta del mismo Jefe de Gobierno se presentan a los silbatos como algo que pondrán “a disposición de las mujeres” para que les ayude “a avisar de posibles delitos”. Principalmente por la forma en la que se presentó la medida, las críticas (y bromas) en redes sociales no han cesado. La primera tiene que ver con que se trata de una medida que individualiza el problema de la violencia de género y que le asigna primordialmente a la víctima la responsabilidad de lo ocurrido. Esto es: es responsabilidad de la víctima “resolver” el problema de la violencia… alertando(nos) sobre su existencia para que... ¿Para qué? Si una mujer pita, ¿qué se supone que debe ocurrir? ¿Alguien más la debe “rescatar”? ¿“Proteger”? ¿“Defender”? Y si no una mujer no pita, ¿qué? ¿Se entiende que consintió al acto? ¿Que se lo buscó por no estar “preparada”? (Algo nada descabellado considerando todo lo que se llega a argumentar en los juicios de este tipo de violencia.)

Es necesario irse a otras cuentas de Twitter, en las que se tomaron fotografías de los panfletos con los cuales se repartieron estos silbatos (supongo que en el evento), para darse cuenta que también podrían servir para quienes “ven” este tipo de actos siendo cometidos. Se supone que se trata, desde aquí, de una medida “comunitaria”.

No han faltado las defensas de esta política (o quienes han matizado lo ofensiva que puede resultar planteada como lo hizo el Jefe de Gobierno). Están quienes alertan que no es tan descabellada como parece (como Cynthia Ramírez, que ha rastreado la medida a Myanmar, en donde parece que fue “exitosa”). Hay quien señala que es una de muchas medidas que el gobierno está implementando, por lo que es injusto reducir su política para combatir la violencia en contra de las mujeres a la de darles un pito.  

A partir de estas defensas que he leído de los silbatos, me he dado cuenta que el problema con la actuación del gobierno va mucho más allá de las políticas concretas que propone para enfrentar un asunto social como el de la violencia de género en contra de las mujeres. El gobierno, me parece, al menos en los temas que yo estudio (desigualdad y violencia de género), parece tener dificultades para diagnosticar el problema que enfrenta, para idear y sustentar sus soluciones y, también, para comunicarlas (tanto las soluciones, como sus diagnósticos).  

Empecemos por el problema de comunicación. ¿Cómo elige el gobierno presentar el “paquete de políticas” que ha ideado para el problema de la violencia de género? ¿Qué clase de información presenta en eventos como el de ayer? ¿Qué información difunde en redes? ¿Dónde está su diagnóstico del problema, asequible para el público? ¿Dónde está la información que justifica sus medidas? ¿Por qué, a pesar de todas las críticas que han sido lanzadas al silbato, no se ha difundido un documento ya preparado —por no decir fundamentado— para defender esta medida? ¿De qué manera rinde el gobierno las cuentas sobre lo que hace?

Luego está la información que sí se difunde, que deja ver la manera en la que el gobierno parece ver el problema. Por ejemplo: en la cuenta de la Secretaría de Gobernación de la Ciudad se afirma que “Con la campaña ‘Hazte escuchar, denuncia la violencia sexual #PorTiPorTodas’, se ha incrementado la denuncia de las usuarias en el transporte”. Que “en estos #30días se denunciaron 225 casos por violencia sexual”.  ¿Por qué el aumento de denuncias es algo bueno, para presumir? ¿Cómo saber que el aumento de denuncias no tiene que ver con un aumento en “los delitos”? ¿Cómo saber que el aumento de las denuncias no es resultado de las marchas y los cuestionamientos a la violencia que se han realizado desde la sociedad? ¿De que las mujeres se sienten más “empoderadas” y están dispuestas a tolerar menos violencia? ¿Cómo se sabe que es “por la campaña”? Y si es por la campaña, ¿todo tenía que ver con un problema de información? ¿Les faltaba a las mujeres “saber” que podían denunciar la violencia? ¿Qué papel juega en todo esto la confianza en las instituciones? Y, más importante aún: ¿qué se hace con las denuncias? Porque denunciar es una cosa. Procesar esa denuncia es otra. Según un documento que me pasaron (que es un Power Point que contiene… al menos más información que la que está disponible en Twitter): casi la mitad de las denuncias acabaron en “conciliación”. ¿Por qué esa información no se difunde? Y, fundamental: ¿por qué tantas denuncias acaban en conciliación?

¿Dónde está el diagnóstico del gobierno del problema que enfrenta? Esta pregunta, a su vez, lleva a otra: ¿cuál es el problema que el gobierno está tratando de resolver? Parece que se están enfocando exclusivamente en la violencia que ocurre en el espacio público. La discusión de los últimos meses, sin embargo, no se ha concentrado solo en este tipo de violencia. Obviando los casos que surgieron en otros estados, solo en la Ciudad de México se discutieron casos que tenían que ver con el acoso sexual en las calles (el de Andrea Noel), la violencia sexual en el transporte público (como el caso de Gabriela Nava), la violencia sexual en contextos escolares (desde el acoso por parte de profesores hasta la violencia sexual entre estudiantes), además, claro, de la violencia al interior de las familias (por no decir los feminicidios). Un vistazo a #MiPrimerAcoso revela cómo la violencia de género que sufren las mujeres permea todos los espacios —empezando por las familias mismas— y, esto es clave, desde que las mujeres son niñas. Las preguntas hay que hacerlas: ¿qué hará el gobierno frente al acoso escolar? ¿Qué hará con la violencia en las familias? ¿Qué hará con la violencia en el trabajo? ¿Cuáles son las medidas para las niñas y no solo para las adultas? ¿Qué está haciendo el DIF o la SEP local? ¿Cuáles son las medidas que implementa la Secretaría de Trabajo?

Ahora: no se puede obviar que se supone que ya estamos con un gobierno que, desde hace años, tiene un compromiso con la igualdad de género. Con un gobierno que, desde hace años, ya tenía que tener todo un aparato diseñado para ir erradicando las desigualdades y violencias basadas en el género, en cuanto espacio sea posible. Toda la discusión sobre la violencia se da en un contexto en el que se supone que ya existen políticas sensibles al género, particularmente tratándose de la violencia. El gobierno no empieza de cero. Por lo que uno de los puntos fundamentales que debería de estar respondiendo es: ¿cuáles han sido las fallas de las mismas políticas que se han implementado? Si el gobierno ha cambiado de políticas, ¿por qué lo ha hecho? ¿Cuáles eran los problemas de las políticas que abandonó? ¿Dónde está la evaluación de lo que ya ha hecho?  

Y, claro: luego está el tema de las soluciones. Este es el mismo gobierno que, ante el problema de la difusión ilegal de imágenes sexuales privadas sin el consentimiento de las víctimas (el “porno de venganza”), decide que la mejor solución es decirles a las mujeres que no se tomen fotos así. Este es el mismo gobierno que, ante el problema de los bajos niveles de lactancia materna, la campaña que decide difundir es una en la que se les acusa a las mujeres de darle la espalda a sus bebés, cuando les deberían de estar dando pecho. Este es el mismo gobierno que, ante la violencia en contra de las mujeres, anuncia que va a aumentar el número de policías asignados para vigilar los espacios públicos, cuando son esos mismos policías los que, en el Día de la Mujer, les regalan rosas a las mujeres que van pasando.  La política del silbato no es la única vez que el gobierno ha individualizado un problema estructural, utilizando, además, estereotipos de género. Y parece que, por más que se le señala una y otra vez, no parece entenderlo. ¿Por qué? ¿No ve las similitudes en sus propias aproximaciones a estos problemas?

Un análisis del resto de las políticas que parece que se presentaron el día de ayer, revela que el gobierno parece hacer solo tres cosas: responsabilizar a las mujeres (¡no se tomen fotos! ¡pidan ayuda!), segregar a las mujeres (¡aquí están sus propios vagones del metro que no sabemos si funcionan o no para protegerlas!) o recurrir al aparato punitivo (¡más policías!). ¿Hasta ahí llega su creatividad? Y si no es así, ¿por qué son estas las únicas medidas que parecen presumir?

#NoNosPitorreen. Queremos que nos rindan cuentas. Queremos que nos expliquen qué ha pasado con las políticas que se han implementado. Queremos que nos expliquen de dónde salen las políticas que están implementando y cuáles son los mecanismos que están diseñando para evaluarlas. Queremos que se tome este problema con la seriedad que merece, como cualquier otro problema de política pública.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estefanía Vela estudió derecho en la licenciatura y en la maestría. Ahora se dedica a la docencia y a la investigación sobre la relación entre el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los...

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