Pornucopia

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Por sociedades libres de estereotipos

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01/10/2015
00:40
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Hace dos días escribí sobre el caso de #AxanDecide, en el que una madre ha interpuesto varias denuncias ante distintas autoridades porque la escuela privada en la que inscribió a su hijo lo ha suspendido por no llevar el pelo conforme lo marca su reglamento. El corazón de la denuncia tiene que ver con que la escuela cumpla con el marco jurídico vigente, en el que la discriminación por género está prohibida.

En el último día, la crítica a la iniciativa de la madre ha cambiado. La preocupación ahora no es solo que se «cumplan las reglas escolares», sino denunciarla a ella por ser una «madre soltera», «lesbiana», que «está convirtiendo a su hijo en una niña». El niño ahora es víctima no solo de una madre necia y caprichosa, ¡sino de una lesbiana-odia-hombres-ama-mujeres-anti-familia!

Ayer escribí sobre el marco jurídico que obliga a las escuelas —públicas y privadas— a acatar la Constitución, los tratados internacionales y las leyes en el diseño de sus reglamentos escolares. Hoy quiero escribir sobre el marco jurídico que protege a las personas de la discriminación por estado civil, orientación sexual e identidad de género. Una vez más: ya existe un marco jurídico que da respuesta a las «preocupaciones» de la gente. Y este marco también es muy claro: no pueden discriminar al niño ni por su apariencia, ni por su identidad de género; ni pueden discriminarlo por el estado civil o la orientación sexual de su madre.

 

¡Pobre niño con esa madre!

La Convención sobre los Derechos del Niño es clarísima en su artículo 2: «Los Estados Parte tomarán todas las medidas apropiadas para garantizar que el niño se vea protegido contra toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, o sus tutores o de sus familiares.» La Constitución es igual de clara en su artículo 1: «Queda prohibida toda discriminación motivada por […] el género, las opiniones, las preferencias sexuales [y] el estado civil”. ¿Qué significa esto? Que el problema no es que la mamá de Axan sea una «madre soltera», una «lesbiana» o que tenga la ocurrencia de hacer valer los derechos de su hijo; el problema es la gente que cree que eso es un problema.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación en varias ocasiones ha sido enfática en señalar que la orientación sexual o el estado civil de los padres y madres no tiene nada que ver con su calidad parental. Un padre heterosexual puede ser un pésimo padre que abusa de sus hijas; una madre heterosexual puede ser una madre terrible que golpea a sus hijos. La heterosexualidad no garantiza nada, como estar casados tampoco garantiza nada. Hay niños que viven con parejas heterosexuales casadas sumamente tóxicas, neuróticas y violentas, que diariamente los exponen a una vida miserable. La calidad parental tiene que ver con cómo cada padre y madre se comporta en el día a día; si respetan al niño o niña, si le dan amor, si le dan una guía moral, si le proveen lo fundamental. Y en esto, la orientación sexual o el estado civil nada tienen que ver.

Además de la Suprema Corte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sostenido exactamente lo mismo: que la madre sea «lesbiana» en nada afecta el interés superior de un niño o niña. No pone en riesgo su «interés superior». El marco jurídico en México es claro: no se pueden afectar los derechos de un niño o niña —privándolo de su educación o privándolo de la relación filial que tiene— por la orientación sexual o el estado civil de sus familiares (ni por la propia). Además de los fallos de la Suprema Corte y la Corte Interamericana, no olvidemos que el año pasado la misma Secretaría de Educación Pública sancionó a una escuela privada de Monterrey con una multa por expulsar a una niña de 3 años por tener dos papás. El marco jurídico es claro: no pueden discriminar a los niños y niñas por la orientación sexual o el estado civil de sus padres o madres.

 

¡Pero es que míralo! ¡Lo está haciendo una niña!

Hay quienes están circulando fotografías en las redes sociales en las que el niño aparece con un brochecito en su pelo. Lo están tomando como evidencia de que la madre ¡lo está convirtiendo en una niña! Hace unos años en Querétaro, se sentenció a una madre lesbiana a la cárcel por el delito de «corrupción de menores» por permitir que su hija jugara con camioncitos. Lo que era una sencilla elección de una niña —jugar con camiones— se convirtió de un delito de la madre. Que es lo que están tratando de hacer ahora: lo que el niño elige usar —un sencillo brochecito— se está convirtiendo en un delito de la madre.

La sentencia de Querétaro, por cierto, fue revocada por un tribunal, precisamente porque no tenía el más mínimo fundamento. No se «corrompe» a los niños y niñas por dejar que jueguen con un juguete. Tampoco se corrompen porque los dejen elegir cómo quieren llevar el pelo o qué ropa quieren usar. La mamá de Axan ha sido enfática en que lo que guía su acción es lo que el niño quiere, siempre que esto sea válido conforme al marco de derechos humanos. Que su hijo quiera llevar el pelo de cierto largo, que ocasionalmente use un brochecito para quitárselo de la cara no lo daña a él, ni a nadie. Si el niño mañana quiere cortarse el pelo, se lo corta y ya. No lo está «corrompiendo»; está dejando que decida algo tan sencillo como su apariencia. (Así como tantas otras niñas deciden que quieren usar un tutú o que les gusta usar trenza o niños deciden usar un traje de Batman a esta edad.)

El problema, más bien, es cómo la gente interpreta el que un niño use un brochecito o el pelo largo. Lo que está saliendo a relucir son, una vez más, los estereotipos de género: si un niño trae un brochecito, ¡es niña! ¿Así ven a las mujeres? ¿Así entienden la masculinidad? Los que exageran la importancia del pelo son las personas que piensan así; para el niño, es su pelo, es un broche. Los que le están dando una importancia inusitada, los que lo están tomando como evidencia de una perversión, son las personas alarmadas por esto. Una vez más: todo tiene que ver con estereotipos de género. Con la creencia de que los niños deben verse de cierta forma y las niñas de otra; que los niños deben jugar con ciertos juguetes y las niñas con otros; que los niños deben tener ciertas actividades y las niñas otras. Que ese es el «orden natural» de las cosas. De natural este orden no tiene nada. Las personas nacemos con ciertos cuerpos; cómo adornamos esos cuerpos, ya no tiene que ver con la naturaleza sino con lo social. Si fuera natural que el niño no pudiera usar un broche, se le caería cada vez que tratara de ponérselo. Si un broche es «de niñas», es porque así lo interpretamos. Si el pelo largo es «de niñas», es porque así lo interpretamos. Si el rosa es «de niñas», es porque así lo interpretamos. Una mirada a la historia nos enseña que esta manera de ver lo «masculino» y lo «femenino» no siempre ha sido así. Ni tiene por qué serlo.

Ahora, valga decir que también la misma Suprema Corte de Justicia de la Nación ya se ha pronunciado sobre este punto. En México, las personas tienen derecho a elegir su apariencia y su misma identidad de género. El caso específico de Axan no es un ejemplo de un niño trans; es ejemplo de un niño cis que quiere llevar el pelo de cierta forma. Pero si su caso fuera el de un niño o niña trans, también se le tendría que respetar. Esto no es nada nuevo. Desde el 2009 la Suprema Corte lo ha sostenido de manera clara.

La gente refiere a cómo se le impone al niño una apariencia. Ella lo hace «niña». ¿Quieren hablar de imposición? Preocúpense por los padres que golpean a sus hijos porque quieren jugar con muñecas; por las madres que regañan a las niñas porque quieren jugar ciertos deportes y no se lo permiten; que no dejan de violentarlos con insultos como «mariquita», «marimacha», «putito»; que los mandan a terapias «correctivas» para que «sean como Dios manda». Eso es imponer y violentar a los niños y niñas. ¿Defender las decisiones de un niño? ¿Que si quiere cortarse el pelo, se lo corta? ¿Que si lo quiere traer más largo, se lo deja largo? ¿Que si quiere usar un brochecito o traerlo relamido, así lo traiga? Eso no es imponer nada. Es respetar su decisión sobre algo que no le hace daño a nadie, ni a él. Repitámoslo: el largo de su pelo no le hace daño a nadie. El peinado que lleva no le hace daño a nadie. La ropa que usa no le hace daño a nadie. Ni a él. (Sobre el argumento de que el corte de pelo viola el reglamento de la escuela, remito a mi artículo de hace dos días.)

 

¡Pero es que vivimos en una sociedad que discrimina!

Por último, está el otro argumento típico: «¡es que mira cómo lo expone! ¡Si vivimos en una sociedad que discrimina! ¡Madre egoísta!» Sin duda, no me ha dejado de impresionar la violencia con la que la gente se ha manifestado sobre este tema (las amenazas de violación y de muerte no han dejado de llegar). Pero más que condenar a la madre de Axan por hacer valer los derechos de su hijo, habría que condenar a la gente que reacciona con violencia o desde la discriminación. A las que hay que cuestionar son a las personas que creen que un corte de pelo es tan importante que un niño merece ser suspendido; que el que un niño traiga un broche es tan alarmante que hay que cuestionar la sanidad y calidad de su madre. En este punto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos también ha sido muy clara:

«Si bien es cierto que ciertas sociedades pueden ser intolerantes a condiciones como la raza, el sexo, la nacionalidad o la orientación sexual de una persona, los Estados no pueden utilizar esto como justificación para perpetuar tratos discriminatorios. Los Estados están internacionalmente obligados a adoptar las medidas que fueren necesarias “para hacer efectivos” los derechos establecidos en la Convención [Americana sobre Derechos Humanos], como se estipula en el artículo 2 de dicho instrumento interamericano por lo que deben propender, precisamente, por enfrentar las manifestaciones intolerantes y discriminatorias, con el fin de evitar la exclusión o negación de una determinada condición.

El Tribunal constata que, en el marco de las sociedades contemporáneas se dan cambios sociales, culturales e institucionales encaminados a desarrollos más incluyentes de todas las opciones de vida de sus ciudadanos, lo cual se evidencia en la aceptación social de parejas interraciales, las madres o padres solteros o las parejas divorciadas, las cuales en otros momentos no habían sido aceptadas por la sociedad. En este sentido, el Derecho y los Estados deben ayudar al avance social, de lo contrario se corre el grave riesgo de legitimar y consolidar distintas formas de discriminación violatorias de los derechos humanos.»

El marco jurídico, una vez más, es sumamente claro. La pregunta es: ¿van a respetarlo o seguirán permitiendo su violación? ¿En serio un peinado que no se ajusta a los estándares de género que algunas personas tienen es suficiente para que un niño se quede sin educación y que una madre resulte hasta amenazada de muerte?

 


[1] Sobre lo irrelevante que es la orientación sexual o el estado civil en la calidad parental, sugiero que lean la Acción de Inconstitucionalidad 2/2010 (especialmente las páginas 123-133) de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el caso Atala Riffo y niñas vs. Chile de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (especialmente las páginas 38-50). Lo mismo para quienes están alegando que el «interés superior de Axan» está siendo vulnerado por su madre. Para el resto de los amparos que ha resuelto la Suprema Corte sobre el tema de la orientación sexual y la familia, pueden revisar este artículo en el que vienen citados.

[2] Sobre el derecho a la identidad de género, sugiero leer el Amparo Directo Civil 6/2008 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (especialmente las páginas 83-90).

[3] También sugiero que le den una leída al Protocolo para quienes imparten justicia en casos que involucren la orientación sexual o la identidad de género de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Especialmente el apartado relativo a los estereotipos de género y sexuales (páginas 17-27), el libre desarrollo de la personalidad (páginas 35-37), el sexo registral y la identidad de género (páginas 51-58) y la vida familiar (páginas 59-78). Ahí podrán encontrar, además del marco jurídico que regulan estas cuestiones, los estudios científicos que existen al respecto. Aquí también viene la información sobre el caso de Querétaro que mencioné.

[4] Los «símbolos» de la masculinidad y feminidad históricamente han cambiado. Lo que hoy tenemos asociado como ser «propio» de un niño u hombre, pudo no haber siempre sido; lo mismo para el caso de las mujeres y lo «femenino». Si quieren algunas lecturas, recomiendo, por ejemplo, «The Male-Dominated, Power-Hungry History of High Heels» o «Por qué los hombres dejaron de usar tacones altos» (sobre la historia de los tacones como símbolo de la masculinidad), «When did girls start wearing pink?» o «¿Por qué el rosa es de niñas y el azul de niños?», «La lucha de la mujer por llevar los pantalones», «Modos de vestir e identidades de género: reflexiones sobre las marcas culturales en el cuerpo» y en «Fashion Gender and Dress» pueden encontrar mucha más literatura al respecto.

 

 

Estefanía Vela estudió derecho en la licenciatura y en la maestría. Ahora se dedica a la docencia y a la investigación sobre la relación entre el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los...

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